ACÁ SÍ PASA La trata de personas y la prostitución en Uruguay hoy

POR Mercedes Clara Hechos y dichos Sin comentarios

 

El miércoles 19 de setiembre, en la Sala Bauzá, el Programa de Extensión y servicio a la comunidad impulsó un espacio de encuentro, intercambio y reflexión sobre la trata de personas con fines de explotación sexual en Uruguay. A partir de distintas experiencias y perspectivas, se logró visibilizar la realidad de tantas adolescentes y mujeres que sufren la violencia en sus cuerpos cada día, quedando atrapadas en una red de miedo, resignación y desigualdad.

 

Esta actividad se enmarca en el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres, Niñas y Niños, que se conmemora el 23 de setiembre. En el entendido de que la producción de conocimiento es fruto del encuentro de perspectivas, experiencias, subjetividades, se generó este espacio para enfocar un tema invisibilizado en Uruguay, y compartir distintas aproximaciones sobre las realidades de vulnerabilidad que viven las trabajadoras sexuales en nuestro país. Compartieron su mirada: Victoria Capurro y Sandra Ortiz, de la organización Casaabierta; Karina Nuñez, de OTRAS, colectivo de trabajadoras sexuales; el escritor Ruperto Long, autor de La mujer que volvió del abismo; el abogado Julio Lens, profesor de Derecho Penal de la Universidad Católica.

 

Casaabierta, desde su larga experiencia de acompañamiento a mujeres que sufren esta realidad, planteó la complejidad del problema y algunas pistas en la búsqueda de caminos para enfrentarlo. La reflexión partió de la relación entre prostitución, violencia de género y su vínculo con la trata de personas. Sandra Ortiz alertó que “los procesos de normalización que vivimos no ayudan a ver la dimensión de los fenómenos que estamos transitando (…) y tienden a la estigmatización de las víctimas y el ocultamiento de los victimarios”. En este sentido, Ruperto Long reafirmó la magnitud del problema: “El negocio de la trata tiene valores similares a los del narcotráfico. Se estima que un millón de menores en América Latina son víctimas (…) Como país tenemos que ser conscientes de que este problema existe y se extiende”.

 

Karina Nuñez, desde su perspectiva de trabajadora sexual, compartió que: “Están desapareciendo gurisas cada vez más chicas, pero no logramos encontrar caminos para frenar esto”. Plantea que en Uruguay se trabaja sobre un estereotipo de víctima, que se basa en estándares internacionales, que no coinciden con la realidad de las mujeres. “Acá la víctima puede estar está gordita, con cachete rosado, pelo largo, visualmente no parece. Como tampoco se siente víctima en la forma en que vive; porque hay tantas formas de sentirse oprimido como formas de visibilizarnos con sujetos de derecho.  La vara de la dignidad para uno es una, para otros es otra, y algunos ni siquiera sabemos qué significa dignidad”.

 

Finalmente, el abogado Julio Lens alertó sobre las tensiones que enfrenta el ámbito jurídico en este momento de aprobación de la ley de trata de personas y modificaciones legislativas para la regulación del trabajo sexual. En este contexto, enfatizó en cómo a veces los cambios normativos generan efectos no deseados. Eso sucede cuando “nos lanzamos a regular situaciones sin concesos sociales básicos previos sobre qué queremos regular. Es como ponerse a conducir sin saber a dónde quiero llegar”. Las normativas deben ser producto de procesos de investigación y reflexión. En este sentido, queda mucho trayecto por recorrer. Karina Nuñez plantea una de las claves: la necesidad de escuchar las voces de quienes viven estas realidades a la hora de hacer las legislaciones para regular la actividad: “Si se quiere hacer un cambio tiene que ser con nosotras. Hasta ahora nadie nos ha escuchado de verdad”.

 

Casaabierta finalizó compartiendo la experiencia de un camino donde también se ven los frutos y la transformación es posible. “Somos testigos de la fortaleza de estas mujeres y en eso nos apoyamos, en su motivación para el cambio”. El trabajo en red, el intercambio de experiencias, instancias de sensibilización, reflexión y profundización, más compromiso de parte de todos, son luces que surgieron de la participación del público.

 

Agustina Santos, estudiante de derecho, que realiza un proyecto de Extensión en Casaabierta, cuenta que acercarse a esta realidad, además de ser una experiencia profesional que implica “vivir mi carrera”, significa “sentirme parte de algo. Ver sufrir a otras mujeres es ver sufrir a mi propio género, mi naturaleza. Y me lleva a preguntarme sobre mi lugar en esa realidad”.

 

Esa fue la pregunta final que quedó en el aire. ¿Cuál es nuestro lugar, nuestra postura, nuestra mirada sobre esta realidad que nos involucra?

 

 

 

 

 

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