ACERCA DEL MENSAJE DE LOS OBISPOS

POR Ángel Rocha Hechos y dichos Sin comentarios

Reflexiones de un cristiano de a pie sobre la Carta de los Obispos Católicos del Uruguay

“Tiempo de elecciones, tiempo de esperanza”

Valoramos y nos preguntamos

No pretendemos comentar los quince puntos de esa Carta, algunos los compartimos, otros no tanto y sobre algunos tenemos una visión totalmente diferente.

Nos alegra que se “alienta el compromiso político de los laicos católicos, consciente de que la política es una de las formas más preciadas del amor, porque busca el bien común” (n. 2). En la práctica, en las parroquias los énfasis no están puestos en la participación de los laicos y laicas en la sociedad, sino más bien, hacia adentro de la Iglesia. Basta preguntarse en una comunidad parroquial cuántos creyentes están presentes en las organizaciones sociales, sindicatos, política, servicios en la sociedad, para ver que no se estimula la inserción de los bautizados, sino más bien en tareas internas de las Parroquias.  Aun así hay muchos cristianos y cristianas que asumen su compromiso social y político, aportando en la construcción del Reino, junto con otras mujeres y hombres de otros ámbitos.

Valoramos que “Desde hace años, en un esfuerzo común el Estado y la sociedad civil, en el que la Iglesia participa activamente, se presta un importante servicio a las familias, sobre todo vulnerables, a través de los CAIF, los Clubes de Niños, Centros Juveniles, etc.” (n. 9).

“Una atención particular merece el mundo rural por las consecuencias que tiene la despoblación de la campaña” (n. 12): Es buena esta referencia en una Iglesia que no se ha caracterizado en los últimos años por su preocupación por la vida de los peones de estancia, los productores familiares, los pobladores rurales.

Recordamos lo que significaron  la Carta de M. Carlos Parteli, sobre los Problemas del Agro, en 1961, la pastoral rural de Marcelo Mendiharat en Salto, la defensa del agua y los recursos naturales de Julio Bonino, en Tacuarembó-Rivera.  Pero nunca escuchamos en una homilía, un comentario sobre los peones rurales que fueron golpeados por sus patrones o capataces, tampoco sobre la dignificación y derechos de los hasta ese momento considerados ciudadanos de segunda, donde se señalaran los logros de las ocho horas en el campo, la posibilidad de negociar sus salarios y condiciones de trabajo.

Discrepamos

“Desde algunos ámbitos del Estado se difunde una visión de la persona y su sexualidad encaminada a la ‘deconstrucción’ de la familia, que equivale a su destrucción… Estamos sufriendo en Uruguay una auténtica ‘colonización ideológica’” (n. 9).

Aquí sí tenemos miradas totalmente diferentes. Es cierto, pertenecemos muchas mujeres y hombres laicos a una colonización ideológica católica, donde se nos enseñó que la homosexualidad era una enfermedad, que la sexualidad servía solamente para la procreación, nunca para el placer, para citar algunas de las tantas “deconstrucciones”. Gracias a hermanos con una visión de fe donde la libertad nos hace libres fuimos superando esos lastres.

Nos preguntamos ¿Es que se quiere restaurar la cristiandad, ese período histórico del uso del poder de las Iglesias? ¿Por qué en estos momentos estos cuestionamientos a la Agenda de Derechos que reivindica los derechos y dignidad de hermanos y hermanas que estaban marginados? Leyendo a José Pagola nos recuerda:

“Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera”.

Finalmente nos hacemos cargo de las broncas y decepciones que han sentido, con esta declaración,  todo ese conjunto de hombres y mujeres que se dedican con amor, entrega, a la educación, la promoción, la inclusión, de una parte importante de nuestro pueblo. Somos padre y madre de dos hijos, maestros, solidarios, que al igual que todo el magisterio, los docentes en general se juegan cada día por la superación de los que han quedado por el camino. Confiamos en todos aquellos, creyentes o no, que vuelcan lo mejor de sí en las transformaciones de nuestra sociedad.

 

 

 

 

 

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