Al final de nuestro sexto año

POR La redacción Editorial Sin comentarios

Último número de nuestro sexto año. En varias notas encontrarán intentos de inventario de lo que hemos vivido en estos ya casi doce meses. Como contribución a realizar nuestros propios balances. Siempre es algo complicado poder pasar raya y tener un resultado claro en un sentido o en otro. Como en la vida, todo es siempre más matizado, las cuentas no dan solo positivo o negativo. Intentemos de todos modos nuestra evaluación. Que en nuestro caso será sobre la misma Carta Obsur.
Comenzamos 2016 con algunas dificultades y retrasos por causa del estreno de nuevo diseño informático, y aparecimos en abril en lugar de marzo. Igual nos dijimos que saldríamos cinco veces, como lo venimos haciendo. Aquí estamos pues para cumplir este propósito.
Tal cual lo señalamos en su momento, tuvimos la incorporación de Rosa Ramos. Antes, cuando debimos, tal vez no resaltamos debidamente que se nos sumó Agustina Marques, más sangre joven, quien ha asumido además la delicada tarea de preparar la edición para que pueda ser subida. Y seguimos los de la primera hora, Mercedes, Magdalena, Pablo. María, que ya no está en el equipo, igual nos da una mano de vez en cuando, como en este número. Bueno, no olvidemos a Virginia quien desde la secretaría de Obsur se encarga de alertarnos cuando cada Carta está visible y demás aspectos prácticos. Al escribir esto, nos percatamos de que ahora no más se cumplirán cinco años desde que se nos fue César Aguiar. Difícil creer que estuvo solo nueve números (salíamos todos los meses y empezamos en abril de 2011).
Si miramos los contenidos desde las páginas centrales, que como saben marcan la temática medular de cada edición, podemos ver que hemos persistido en acercarnos a una problemática que consideramos clave, tanto por sensibilidad básica como por mirada evangélica: la de la pobreza. Este año, de los cuatro números ya publicados hemos dedicado tres a ella, con abordajes diferentes y complementarios. Desde la atención a la desigualdad, que se mantiene o aun crece a pesar de la disminución de la pobreza en la última década (n. 47), hasta un pasaje por la cuestión demográfica (n. 48), tratando de mirarla desde los pobres del mundo. Y una triste consecuencia de esa inequidad, aunque no solo, como es la fragmentación de nuestra sociedad (n. 46), por no referirnos a otras molestas compañías. Con su séquito de división y violencia, de polarización y descarte, de sectarismo e insensibilidad, con pérdida muy preocupante de sentido del bien común.
En tren de evaluar un poco, y si es verdad que el mayor o menor acierto se juzga por el grado de pertinencia de las opciones temáticas con relación a los problemas centrales de una sociedad, creemos haber estado bastante bien encaminados. Porque entre nosotros la crisis de convivencia no es solo una preocupación o un temor, sino una triste realidad, aunque ello no justifique encararla casi solo desde reclamos de mayor y más dura represión. Nos remitimos a la mirada que nos invitó a tener Adolfo Ameixeiras al analizar los incidentes en el Marconi (mayo) en nuestra edición de junio, por más que hayan quedado medio tapados por el paso del tiempo y por los sucesos frescos del clásico suspendido. No vamos a quitarles gravedad, pero apena e indigna esa manera de reaccionar racista y xenófoba (basta leer esos comentarios de “hay que encerrarlos a todos y prenderles fuego”), que muestra mejor (peor) que ninguna la presencia de la exclusión, la insoportable negación y demonización del otro, sobre todo cuando es pobre, medio oscuro o extranjero.
No exageramos si decimos que esto que constatamos aquí, aunque tal vez en un grado todavía menor al de otras latitudes, tiene su marco y se inserta en una desgraciada tendencia actual del mundo. ¿O nos transmite un mensaje distinto el rechazo de los refugiados, el abandono a su suerte (claro, sin dejar de colaborar para que sea peor) de las víctimas de la guerra en Siria y cercanías, los ciegos fundamentalismos religiosos, la misma elección del sr. Trump, por no seguir con la lista? Y ¿qué decir del caso de Brasil, en que la propia presidente del país es juzgada y apartada como una delincuente por quienes sí tienen muchas cosas de qué dar cuenta, en una manifestación insólita de desprecio?
En una de esas, si de algo nos tenemos que acusar es de no haber ido lo suficiente a fondo, aun descontando los límites naturales. Siempre ha estado allí, sin embargo, nuestra voluntad de plantear realidades críticas y de ayudar a comenzar al menos a desbrozarlas. De seguro tenemos que seguir viendo cómo encarar otras cuestiones anexas. Contamos con ustedes para identificarlas y afinarlas. De paso, agradecemos a quienes nos han dado una mano generosamente, confiando en nosotros aunque no nos conocieran demasiado. Podemos testimoniar que hemos tenido siempre buena respuesta.
Pero no vamos a dejar de lado el resto de la revista, las otras secciones. En ellas hemos compartido sobre una cantidad de realidades y temáticas, buscando sobre todo que siempre haya algún testimonio, además de la entrevista, la riqueza de experiencias personales o comunitarias que sin duda son más elocuentes que cualquier análisis. También en esto nuestro objetivo principal es hacer conocer, rescatar, esa cantidad de esfuerzos a veces anónimos, siempre discretos cuanto generosos, por tejer dignidad, respeto, comprensión, convivencia fraterna. Desearíamos poder contribuir más y mejor a ello.
Una palabra a parte para la atención prestada a la vida de la Iglesia. Que desde hace cuatro años está muy centrada en lo más “oficial”, diríamos. Es que insólitamente es el mismo papa Francisco quien parece marchar adelante de todos, asumiendo un papel que no estábamos acostumbrados a reconocer en el obispo de Roma. En este sentido, creemos haber prestado una atención bastante cuidadosa a sus hechos y palabras, aunque son tantos y tan a menudo renovadores que no nos dio para todo. Así, como quien hace una lista, imposible no recordar el Año de la Misericordia, tan saludablemente a contrapelo de evoluciones negativas en nuestro mundo. La Amoris laetitia, expresión del proceso sinodal, buena noticia y sacudón no solo para las familias sino también para muchas rigideces eclesiales. Hace bien poco, el viaje a Suecia para ese encuentro tan fuerte con los hermanos y hermanas de la Reforma, sin olvidar el abrazo en febrero con el Patriarca Kiril de Moscú.
Del mismo modo hemos tratado de seguir la marcha de nuestra Iglesia uruguaya, pero en este final de año tenemos algo de sabor a poco. Tal vez hemos estado un poco deslumbrados con esa luz que viene de Roma y no hemos tenido la suficiente capacidad de atender y mirar a lo que aquí vivimos. Nos parece que algunas de las líneas más profundas que está buscando alentar Francisco no halla aún entre nosotros una sintonía fina. Por poner un solo ejemplo: en la reunión de noviembre de la CEU los obispos han vuelto a señalar con acierto que “Como Conferencia Episcopal hemos reconocido en reiteradas ocasiones que vivimos en una sociedad fragmentada. Es necesario que todos los uruguayos construyamos una sociedad más fraterna, donde, más allá de las naturales diferencias de perspectivas económicas, sociales, y políticas, reafirmemos la centralidad de la persona humana, su dimensión relacional, el respeto por su dignidad, sus derechos y deberes”. Pero, ¿no podríamos como Iglesia dar algún paso más para ponernos al hombro una especie de “cruzada” de todos para recobrar esos valores? ¿No podría ser una buena iniciativa ecuménica? Podría ser un fuerte signo de misericordia.
No continuamos, aunque hay más tela para cortar, pero ya nos hemos alargado más de lo habitual. En una de esas hemos sido algo complacientes en nuestra evaluación. Contamos con todos ustedes para completarla y sobre todo para dar más pasos adelante, crecer como lo que seguimos queriendo ser: un espacio sobre todo laical en que con libertad y responsabilidad podamos enriquecernos, complementarnos, estimularnos frente a los desafíos que cada día nos presenta la realidad que compartimos. Habrán visto que ahora es posible comentar nuestros artículos (aunque algunos nos han hecho saber que lo han intentado y no han podido. Veremos de remediar). Sería bueno empezar a usar ese medio, a cuenta de colaborar con ideas, artículos, sugerencias o críticas. Por ahora sentimos fuerte este debe, pero no cejaremos.
Terminamos con una palabra de esperanza, no solo porque salimos en pleno Adviento, sino porque en realidad la tenemos, aunque siempre deba crecer. Si complejo es el presente (aunque el actual clima moroso y de queja recurrente no nos parece justo), más grandes son las ganas de transformarlo, haciendo desde este instrumento que se llama Carta Obsur lo que está a nuestro alcance. Estamos muy agradecidos a Dios por este año más que nos regaló y que hemos podido vivir sin las zozobras de tanta gente en el mundo, aunque ahora parece que tenemos terremotos. Los invitamos a unirnos en esta gratitud para que se convierta en compromiso en seguimiento de quien quiso y quiere asumir hasta el fondo nuestra vida, el Hijo de Dios nacido en la carne.

¡Muy feliz Navidad y esperanzado comienzo de año! Hasta marzo.