Alicia Gutiérrez De Navarrete
Una vida que vale la alegría

POR Gloria Aguerreberry Hechos y dichos Un comentario

” Al final del camino me dirán:
– ¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres”.
Pedro Casaldáliga

Alicia vivió su Pascua el miércoles 16 de agosto. Era una mujer de luz, de la que ya estamos extrañando su presencia: muy activa, solidaria, servicial, reflexiva, humilde, cariñosa, dulce y muy comprometida con su tiempo. Le dolían mucho las injusticias; luchó incansablemente por construir y promover un espacio de reflexión, de diálogo y de esparcimiento con otros adultos mayores en la Iglesia Católica que hoy es la asociación Vida Ascendente. Le dedicó muchas horas, días y años de su vida a concientizar sobre la necesidad de que los adultos mayores encontraran un espacio para formarse, reflexionar sobre sus derechos y disfrutar esa etapa privilegiada de la vida, buscando en la Palabra de Dios la fuerza para seguir andando.

Fue defensora de todas sus causas, especialmente, reivindicando siempre sus necesidades y aportando de sus experiencias lo bueno de envejecer con dignidad, con coherencia, con sentido del humor y aportando siempre a las nuevas generaciones con gran lucidez, entusiasmo y amor.

Muchos son los espacios y organizaciones que Alicia alentaba y acompañaba con su presencia: Integrante activa de OBSUR (Observatorio del Sur), vinculada desde sus comienzos a las actividades del CEDIDOSC (Centro de Estudio y Difusión de la Doctrina Social Cristiana), participante de Parroquia Universitaria y del Departamento de Laicos.

El último día que compartí con ella fue el 4 de este mes, en Cristianos en red, donde siempre daba un aporte inteligente, evangélico y muy compartible. Se había comprometido a pensar una frase -lema del Encuentro celebrativo que estamos preparando para el 9 de setiembre-.  Esa frase se la pasó el mismo 16, día de su Pascua a Perla, una compañera, y dice así: “El amor de Dios nos convoca y nos identifica como comunidad de fe”.

Nos impacta mucho su partida tan brusca: imposible no admirarla e imaginarla siempre de aquí para allá, a pesar del frío o el calor, una noche lluviosa o una tarde de sol. Muy sensible, recibía a todos con su sonrisa tierna y sus ojos azules abiertos, humildes, descubriendo siempre lo bueno que hay alrededor. Nos fortalecía porque hablaba de cosas importantes de la vida, de ella aprendíamos mucho. Siempre llegaba dispuesta a aportar con sus reflexiones tan claras y sensatas, siendo una gran animadora de los distintos proyectos en los diferentes ámbitos en que se movía. Su presencia en los encuentros nos nutría de su testimonio y nos daba fuerzas para seguir, era un puntal para todos.

Agradecemos haberla conocido, haber estado junto a ella, codo a codo, en las diferentes instancias en las que era necesario una cabeza lúcida, sincera y comprometida. Nos decía una compañera que ya estará “adoctrinando” sobre la vida del adulto mayor y sus derechos en algún lugar.

Imposible no quererla, hoy nos llama a honrar la vida y a trabajar por el Reino con su alegría, su vigor, fortaleza y esperanza. Seguramente ya está junto al Padre con su corazón lleno de nombres.

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