BIEN ALIMENTADA LA ESPIRITUALIDAD…
Es hora de caminar

POR Rosa Ramos Espiritualidad Sin comentarios

Compañeros de “caminhada” de esta querida Carta OBSUR – ¡“caminhada” suena tan lindo en portugués!, tanto como “saudade”, ¿verdad?-:

Empiezo compartiendo la alegría de ser invitada a esta fiesta. No es que no tenga otros compromisos pendientes (Lc. 14, 15-24), pero, ¿cómo no probarme el vestido de fiesta y asistir presurosa a la cita? Estaba en los Ejercicios Ignacianos de ocho días en Manresa cuando me llega la invitación a escribir y acepté de inmediato. Aclaro el contexto porque voy a tomar algunas ideas recogidas o rezadas allí para la reflexión.

Pero para comenzar ubiquémonos en la espiritualidad uruguaya que traemos bien alimentada de este verano. Los uruguayos somos muy espirituales, si asumimos que la espiritualidad es esa “dynamis” que nos sostiene y anima a modo de un fuego interior desde que nos levantamos, relacionamos con los otros y con la historia, amamos, trabajamos, libramos la batalla cotidiana por la vida… La espiritualidad es patrimonio de la humanidad independientemente de la filiación religiosa o no de las personas. Es personal y a la vez es comunitaria, como desarrollé en mi libro[1]. Por eso digo que venimos en muy buenas condiciones para empezar un año de trabajo, “gorditos” de espiritualidad.

Tuvimos un hermoso verano, un febrero excepcional, quién más quién menos ha disfrutado de la casita afuera, propia o de los amigos, o del camping, de la playa, de caminatas, de encuentros hondos con la familia y los amigos, de largas jornadas o veladas de asados con whisky, vino y guitarra. Y también la espiritualidad de muchos se ha ensanchado en las noches de nuestro largo carnaval, y/o en otros espectáculos, según gustos y posibilidades. Venimos de celebrar también la fiesta de la democracia. Una amiga me comentaba que desde hace treinta años, desde el retorno a la democracia, independientemente de quién asuma la presidencia, los 1º de marzo hace comida de fiesta. Tal vez lo hagan muchos, yo no lo había oído antes, y por supuesto lo inscribí como otro gesto de nuestra espiritualidad. Gesto “comensal”, “eucarístico”, diría yo, sin mucha timidez, convencida. Signos que vamos haciendo sacramentos de amor-comunión, y de esperanza.

También quizá por nuestra nostalgia y melancolía típicas es que somos “largueros”. Será para curar la nostalgia de lo ignoto que necesitamos largas vacaciones, largos carnavales, largos asados, larguísimas conversaciones y mirarnos largo a los ojos. Los uruguayos ansiamos espacio abierto y tiempo. Mucho tiempo para “perder”. O para alimentar la espiritualidad, según como se mire. Aún somos una cultura lenta, al menos en verano, ¡gracias a Dios!

Entonces, con esta espiritualidad bien alimentada a la uruguaya, podemos afrontar el 2015 con sus desafíos laborales, eclesiales, políticos, sociales, nacionales, incluso un poco antes que vuelva el último ciclista, pues eso será en abril.

Y siendo nuestra espiritualidad encarnada, les voy a compartir dos “pistas” que traje de los Ejercicios Espirituales y que quizá les ayuden a ustedes también. Una fue un aporte a la reflexión de Yolo Mosca, que predicó los Ejercicios, y otra, una de las “contemplaciones” que viví.

Una tríada indisociable

Mosca, a partir de los textos de “llamado” de Jesús a varios discípulos, en especial a Mateo, el recaudador de impuestos, y luego la elección de los Doce, nos propone trabajar el seguimiento de Jesús, la disponibilidad para la misión. Jesús los llama y nos llama “para estar con él”, para compartir “sus trabajos”, vale decir predicar, curar,  da el poder de expulsar demonios, y para descubrir en ambas cosas la alegría (Mc. 3, 13-19). Entonces allí tenemos un “test” de discipulado, que es lo que quiero compartirles.

¿Cómo estamos viviendo esta triple dimensión (“estar con Jesús”, “trabajar con Él”, y el “contento”, la alegría) de elegidos-enviados? ¿Qué pasa si perdemos un elemento de la tríada?

Si estamos dispuestos a trabajar duro (compromiso misionero y/o social) y lo hacemos con alegría, pero dejamos de cultivar la intimidad con Dios, si aflojamos el “estar con Él”, perdemos la filiación, la fe como fuente de la misión, quizá luchamos por una buena causa, pero olvidando ese ser “llamados y enviados”. Falta la dimensión mística.

Si procuramos la intimidad con Dios y si trabajamos, “cumplimos” con nuestros compromisos, pero sin la alegría, habiendo perdido el “contento”, algo está pasando, quizá discernimos mal el lugar de la acción o misión. Quizá nos hemos “quemado” y seguimos por un activismo o un voluntarismo. Dios no nos pide eso. Él quiere que entremos a su fiesta todos (los hijos pródigos y los mayores Lc. 15, 11-32).

Si vivimos o pretendemos vivir una intimidad con Dios y una alegría de ese estar con Él “siempre a solas”, o en un grupo que está cómodo alabándolo, pero no asumimos el trabajo, el compromiso, la lucha cotidiana por el reino de Dios, hemos caído en una “religión del bienestar”, perdimos la dimensión profética, “el envío a…”

Creo que puede ser muy bueno ahora al empezar el año, recordar que hemos sido llamados y enviados, y que eso comporta alegría, hacernos en esta cuaresma este test, preguntarnos cómo andamos en estas tres dimensiones… Viene bien. ¡Ánimo!

Contemplar la Encarnación continua

Lo otro que quiero compartir con los lectores de OBSUR es una de las contemplaciones que hice. Algunos lo sabrán muy bien, otros no, por eso explico un poco: San Ignacio distingue varios modos de oración en los Ejercicios, no es lo mismo “meditación” que “contemplación”. En la contemplación es importante la composición de lugar (ver, oír, meterse en la escena, respetando la realidad), tienen su papel la imaginación y la afectividad, para poder llegar a “reflectir”, es decir reflejar en mi vida el misterio contemplado. La contemplación de los misterios de la vida de Jesús, nos llevará a impregnarnos de su vida, actitudes, gestos, miradas, y reflejarlos; pero también ejercitarnos en este modo de oración ayuda a ver el paso de Dios en los acontecimientos y personas, a ser contemplativos en la historia.

Debo confesarles que la contemplación de la Encarnación y el Nacimiento de Jesús que se nos proponía, tal como lo sugiere Ignacio desde su cosmovisión y teología del siglo XVI, a mi me cuesta, me resisto un poco. Además ese día estaba muy afectada por una mala noticia. Ambas cosas contribuyeron a que hiciera la contemplación de otro modo. Contemplé el misterio del Amor de Dios encarnándose en la historia una y otra vez, paciente, lenta y evolutivamente, una encarnación siempre actual. Claro que sólo podemos verla en perspectiva, en el largo plazo, una mirada al fenómeno humano como la de Teilhard de Chardin. Y confiar en que hoy también está ocurriendo.

Así podemos contemplar la historia universal y la uruguaya, así podemos contemplar las búsquedas, ensayos, errores, vueltas a empezar, hibridaciones, y saltos cualitativos de las culturas a través de milenios. Encarnación es kenosis (Fil. 2, 7), abajamiento, vaciamiento, autolimitación,  para desde abajo construir lo nuevo, lo inédito, lo impensable. Pero sólo es dable a la contemplación de fe. Los historiadores pueden descubrir causas en lo inmediato y antecedentes en lo remoto, los sociólogos y politólogos pueden analizando la realidad compleja hacer predicciones, pero la mirada de fe, leyéndolas, las trasciende. Ve un filón de oro en la grosera y oscura piedra, puede llegar a ver una paciente y amorosa Encarnación histórica del Dios de la Vida en procura de vida abundante para todos, allí donde abundan mal, violencia, escarnio, sufrimiento, desolación, miseria, pecado abominable.

También podemos contemplar el misterio de la Encarnación de Dios en nuestras propias vidas, o en nuestras familias, en los ámbitos laborales, espacios e instituciones eclesiales. Se trata de mirar y seguir mirando hasta llegar a ver la transparencia del barro, como dice González Buelta (título de uno de sus libros).

Les aseguro que es posible, y por eso invito a hacerlo, empezando quizá por mirar “las flores y los frutos”, lo bello y maravilloso que ha acontecido ya en sus propias historias, y en la de algunos pueblos (“en arras”, diría Pablo, Ef. 1, 13-14). Una vez contemplados esos misterios fascinantes que nos llenan de gozo, paz y esperanza, que permiten “reflectir” en nuestros rostros un poco de esa “gloria divina”… será hora de emprender el ejercicio de contemplar las oscuridades de la historia, las duras realidades que hoy no parecen tener solución ni final feliz. Contemplar ese misterio tremendo hasta llegar a ver una lucecita de conciencia, libertad, dignidad, allá muy escondidos, o una semilla pequeñísima que puede germinar en el hondón de la tierra, tal vez siglos después.

Compañeros de caminhada, como los llamé al inicio: que esta nuestra espiritualidad uruguaya, que viene bien alimentada con las sabrosas comidas del verano (descanso, lecturas, amigos, asados, carnavales, fiesta de la democracia), nos de la osadía y la alegría de permanecer muy cerca de Jesús, muy enamorados de su causa, y muy disponibles para colaborar en ella. Nos anima la memoria viva de su Presencia y continua Encarnación en esta historia humana, la nuestra, la de todos. Memoria agradecida que nos alienta a ser parteras y parteros de la vida que puja entre dolores de parto.

Con este talante creo que será muy bueno y esperanzador emprender el 2015, este presente que siendo toda nuestra riqueza actual, es también promesa, ya que es “todo el tiempo que tenemos a mano para hacer el futuro”, al decir de Casaldáliga.

[1]  En mi libro ¿Espiritualidad uruguaya? Una mirada desde la teología posconcilar. Doble Clic Editoras. Montevideo, 2013.