COMIENZO MOVIDO

POR La Redacción Editorial Sin comentarios

Movido, por utilizar algún adjetivo que refleje la cantidad de acontecimientos de relevancia que hemos y estamos viviendo en este comienzo del 2015. No vamos a tratar de establecer la lista, en lo secular y lo eclesial, lo nacional y lo internacional, porque de seguro nos olvidaríamos de algo importante. Tomaremos algunos de ellos para reflexionar juntos en nuestro primer número de este año, con el que reanudamos el diálogo con todos ustedes. Que por otra parte a partir de ahora no será más mensual. Nos tendrán en sus pantallas cada dos meses. No tanto porque estemos en crisis o algo parecido, sino porque luego de cuatro años de hacer el esfuerzo mensual, considerable, nos ha parecido necesario poder respirar más entre número y número. Todos los que hacemos Carta Obsur tenemos por cierto otros trabajos y en verdad que en algunas ocasiones se nos hizo muy cuesta arriba el dar a luz nuestra revista. Tenemos confianza que de esta manera podremos encarar las cosas con mayor tranquilidad y, ojalá, lograr un producto más elaborado y atender mejor a otras tareas siempre postergadas, como por ejemplo la de mejorar la distribución. Lo que no supone que dejemos de lado la invitación a participar en esta aventura, animándose a escribir como también a acercarnos sugerencias, observaciones, etc.

Pero pasemos a la intención marcada al inicio. Ante todo estamos todavía bien al comienzo de un nuevo año, que deseamos sea bueno para todas y todos, y sobre todo lleno de esperanza, de esa que nos empuja a intentar siempre más. Es además un año en que comienza un nuevo período de gobierno en nuestro país, con todo lo que eso significa de expectativas, de buenos propósitos y de ganas y deseos de que realmente, entre todos, podamos seguir construyendo un Uruguay siempre mejor, a la medida de lo que como pueblo anhelamos. Desde estas páginas estaremos sin cesar abogando por y apoyando todo aquello que nos impulse a unirnos para las grandes cosas que tenemos por delante, en particular el destierro total de lo que produce exclusión, fractura social, tristeza y violencia, ante todo las condiciones de vida indignas del ser humano. En esta primera edición de 2015 hemos querido ocuparnos por ello y de manera central de las perspectivas y desafíos que identificamos en este hoy.

Muy a inicios de enero tuvimos la alegre sorpresa de la designación de monseñor Sturla como cardenal por parte de Francisco. Como él mismo lo ha dicho, esa elección entraña una especial valoración de nuestra Iglesia uruguaya y su ser “pobre y libre”, en palabras del propio arzobispo. En todo caso, a la luz del hecho, y de la nueva dinámica que el papa está imprimiendo al gobierno de la Iglesia, parece cierto que el nombramiento de Sturla pide de todos nosotros, como Iglesia de este país, un compromiso adicional para hacer presente en el  cuerpo universal nuestra propia y original experiencia como un aporte que nadie puede ofrecer sino nosotros mismos. En ese sentido, tenemos un desafío inmediato que es el de tratar de contribuir con nuestra reflexión tal vez, y con nuestra oración seguro, a la realización del próximo sínodo sobre la familia. Recordemos que el plazo para hacer llegar nuestras sugerencias en base al cuestionario del Vaticano vence el 15 de abril.

Pero también el inicio de enero nos trajo un impacto de un hecho muy lamentable que no por haberse producido lejos de nosotros dejó de impactarnos. Nos referimos al asesinato de los dibujantes y otros periodistas del semanario satírico francés “Charlie Hebdo” y las reacciones que lo siguieron. Más allá de si “somos Charlie” o no, creemos que lo importante se puede resumir en algunas afirmaciones. Ante todo, el rechazo tajante de los métodos de muerte para “defender” una determinada creencia, religión, símbolos o fundadores de ella. Por desgracia no es esta la primera vez que en la historia distintos grupos religiosos han recurrido a la fuerza asesina ante lo que juzgan un ataque, una blasfemia, una persecución. Lo sabemos por experiencia nosotros, los cristianos, aunque en la actualidad estemos sufriendo esa hostilidad mortífera más que infligiéndola. Pero al mismo tiempo no podemos compartir la burla y la denigración sistemática de creencias o personas que para mucha gente son sagradas, como si ellas estuvieran protegidas por no sabemos qué libertad de agredir a los demás de forma sistemática como si fueran basura. Compartimos la observación del iconoclasta escritor inglés Will Self: “La libertad va junta con la responsabilidad. Jamás yo habría publicado una caricatura del Profeta. Se dice que el buen periodismo sacude a los satisfechos instalados en su confort, y reconforta a los afligidos. ¿Cómo han podido los dibujantes de Charlie Hebdo creer que iban a influir con sus caricaturas a los fundamentalistas para hacerlos entrar en razón?”. Sin olvidar, como varios musulmanes lo anotaron, que esa agresión satírica persistente causaba pena y repulsa en muchos millones de creyentes en el mundo entero, en esta era de la mundialización.
Y ya que estamos en el contexto del universo del Islam, no está demás decir alguna palabra sobre las idas y vueltas de la prensa y algunos actores sociales y políticos sobre las familias sirias llegadas al Uruguay primero y luego los ex presos de Guantánamo.gente son sagradas, como si ellas estuvieran protegidas por no sabemos qué libertad de agredir a los demás de forma sistemática como si fueran basura. Compartimos la observación del iconoclasta escritor inglés Will Self: “La libertad va junta con la responsabilidad. Jamás yo habría publicado una caricatura del Profeta. Se dice que el buen periodismo sacude a los satisfechos instalados en su confort, y reconforta a los afligidos. ¿Cómo han podido los dibujantes de Charlie Hebdo creer que iban a influir con sus caricaturas a los fundamentalistas para hacerlos entrar en razón?”. Sin olvidar, como varios musulmanes lo anotaron, que esa agresión satírica persistente causaba pena y repulsa en muchos millones de creyentes en el mundo entero, en esta era de la mundialización.

Ya hemos dicho, en anteriores editoriales, que lo que supusieron como gesto humanitario, como gesto del corazón, así lo seguimos creyendo, esas dos iniciativas, son algo de lo que nos sentimos orgullosos, que habla bien de nuestro pueblo, que supo ser un pueblo acogedor. Tal vez, por lo que hemos visto después, no se tomaron todos los recaudos necesarios para asegurar un proceso de integración adecuado para esas personas marcadas por tragedias difíciles de imaginar. Pero de ahí a utilizar esas dificultades, carencias y eventuales errores para despertar sentimientos que no construyen nada sino que más bien alimentan prejuicios y desconfianzas, hay un largo trecho que no podemos transitar. En todo caso, debería animarnos a prepararnos más y mejor para ser de nuevo ese pueblo acogedor, con el corazón y con los instrumentos necesarios, que quiera y sepa compartir su suelo con las víctimas de la crueldad humana.

No podemos por eso olvidar de mencionar en este comienzo de año a esos hermanos y hermanas cristianos que han sufrido (sufren) persecución y muerte a causa de su fe, como los coptos egipcios y la cantidad de anónimos en los dolientes territorios del Medio Oriente. Al mismo tiempo que damos gracias a Dios por su testimonio, le pedimos que su martirio nos inspire la máxima comprensión por todos, el más grande respeto, la mayor voluntad de aprender de los demás, sobre todo de los más diferentes y aun hostiles, para animarnos cada día a emprender juntos esos caminos que llevan a una felicidad compartida.