CUIDADOS EN URUGUAY
Relevancia de una perspectiva de género y cuestionamientos sobre la organización social del mismo.

POR Sol Scavino Centrales Sin comentarios

Buscando responder a lo que se conoce como la “crisis del cuidado” (la superación de la demanda de cuidados frente a la oferta de cuidadores), en Uruguay se comenzó a desarrollar un Sistema Nacional de Cuidados.

El problema de la organización social del cuidado, se hizo patente por la incorporación de la mujer al mercado formal de empleo (lo cual les generó serios problemas para llevar a cabo ambos tipos de tareas), por cambios culturales y sociales (por ejemplo en relación a las estructuras y dinámicas familiares) y también por la estructura poblacional uruguaya (población típicamente envejecida con baja tasa de natalidad y mortalidad), entre otros fenómenos.  Estas fuertes transformaciones impactaron en la disponibilidad de los hogares como fuentes de cuidado no remunerado.

A pesar de esto, las mujeres son las principales cuidadoras de todas las poblaciones dependientes para las que se cuenta con información y está fundamentado que involucrarse en tareas de cuidado afecta la autonomía de las mismas tanto física y económica, como en la toma de decisiones.

El cuidado de niños pequeños disminuye la jornada laboral de las mujeres o motiva su salida del mercado de empleo, afectando así su autonomía económica presente y futura. Cuando el cuidado es dirigido a personas enfermas, su salud física y psíquica suele verse afectada por la realización de las tareas de exige ese cuidado.

En este contexto, incorporar una perspectiva de género en el diseño y ejecución de un plan de cuidados, parece más que una necesidad, una exigencia.

Las mujeres son particularmente afectadas por el problema del reparto de las tareas de cuidados al interior de los hogares, las tareas domésticas y de cuidado (el nivel micro-social), tareas que están lejos de ser realizadas equitativamente entre varones y mujeres[1].

El sistema de cuidados tiene por objetivo procurar nuevas formas de bienestar para algunos miembros de la sociedad pero, en tanto es necesario pensar en el bienestar de todos quienes integran la sociedad, resulta determinante que en el estudio e implementación del sistema de cuidados, se incorpore una perspectiva de género.

En este sentido, en Uruguay las organizaciones de la sociedad civil y la academia[2] han contribuido a visibilizar el problema de los cuidados desde el abordaje de las desigualdades de género, en lo que resultaron herramientas fundamentales las Encuestas de Uso de Tiempo, así como estudios específicos sobre Representaciones Sociales del Cuidado realizados.

Por ejemplo, para el año 2013 sabemos que las mujeres se dedican al Trabajo No Remunerado (que incluye tareas domésticas, de cuidados, de voluntariado y ayuda a otros hogares) más que los varones y en cuanto al cuidado de personas dependientes, ellas son las que invierten más tiempo y participan mayoritariamente.

El Sistema Nacional de Cuidados implica que el Estado, como uno de los sectores que produce bienes y servicios para el bienestar social, tome las riendas de la administración de la organización social del cuidado.

Se espera que pueda sopesar el aporte del mercado, del propio Estado, la comunidad y los hogares en la producción de servicios de cuidado.

Así, intentará que los hogares y las personas que los integran puedan elegir qué tipo de cuidado ofrecer a sus integrantes dependientes.

Así se podrá hacer frente a dos tipos de desigualdades sociales: las de nivel socioeconómico, que establecen hoy en día diferentes oportunidades para aquellas personas que pueden costear servicios de cuidado en el mercado (por ejemplo centros infantiles de 0 a 3 años o residenciales de ancianos) y quiénes no.

Al mismo tiempo se estaría trabajando para que las mujeres desarrollen su ciudadanía social y autonomía de manera más plena.

De esa forma, el nuevo sistema atenderá a las características del derecho al cuidado: derecho a ser cuidado y derecho a elegir si se quiere cuidar a otro ser dependiente o no.

Las poblaciones definidas como dependientes son los niños/as de 0 a 12 años, distinguiéndose la primera infancia (de 0 a 3 y luego los/as niños de 4 y 5  años por sus mayores grados de dependencia), los adultos mayores dependientes (suelen definirse como adultos de 65 años o más que requieren ayuda para llevar a cabo las tareas cotidianas) y aquellas personas con discapacidad o enfermas.

Dentro de estas poblaciones, resulta prioritario contar con buenos centros de atención a los adultos mayores y aumentar la cobertura los niños/as de  hasta 3 años con más centros educativos. Actualmente solo uno de cada tres niños de entre 0 y hasta 3 años asiste a un centro educativo y las diferencias son relevantes cuando se considera la asistencia por pobreza del hogar en que habitan.

También hace falta reconocer el cuidado no remunerado en salud y el aporte de los hogares al Sistema Sanitario y pensar cómo articulará el Sistema Nacional de Cuidados con el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) y la labor de cuidados no remunerados ofrecido por los hogares.

 

Inquietudes.

En esta nueva y compleja situación que involucra a toda la sociedad, también emergen algunos interrogantes.

Uno surge cuando se pone de relieve el carácter afectivo-emocional del cuidado. En el contexto de una sociedad en la que predomina la idea de que el mejor cuidado es el familiar, siguiendo una matriz típicamente familiarista y especialmente entre los hogares más pobres[3], es necesario responder cómo se vincularán las familias uruguayas con las opciones de institucionalización de cuidados que ofrecerá el SNC.

De inmediato a parece la duda al respecto de la calidad de los centros de cuidado que se ofrecerán.

¿Cómo hará el Estado para controlar los cuidados brindados en los centros que se gesten o en los que ya funcionan?

¿Cuáles serán los criterios para dichas evaluaciones?

Y más complejo aún: ¿cuenta Uruguay con personas capacitadas para realizar trabajos de cuidado?

En cuanto a la corresponsabilidad

¿Cómo se hará para promover la participación de los varones en las tareas de cuidado? ¿Cómo se estimulará a las mujeres para que puedan compartir los cuidados con los varones, siendo que estas tareas juegan un rol muy importante en las configuraciones identitarias de las mujeres?

Estas son algunas cuestiones que se plantean ante el problema de la organización social del cuidado y que involucran los aspectos materiales, económicos, de trabajo, de tiempos, afectivos, emotivos, vinculares, de expectativas y mandatos de género que supone la construcción de un sistema de cuidados.

Las preguntas abarcan algunas facetas que tiene la construcción de un sistema de cuidados en tiempos en que la misma definición de lo que son cuidados está en discusión.

Que Uruguay esté pensando y armando un Sistema Nacional de Cuidados es primordial para poder encaminar el país hacia una sociedad más equitativa y en la que el costo de producir bienes y servicios para el logro del bienestar social, no recaiga sobre ningún grupo en particular (como las mujeres) ni ningún sector proveedor de bienestar en especial (como los hogares o la comunidad).

Permanecen aún invisibles las tareas de cuidado realizadas por el sector comunitario en el que se ubica la Iglesia Católica, en tanto agente de provisión de bienestar mediante el montaje de centros comunitarios como merenderos, apoyos en centros de cuidados a adultos mayores, discapacitados, entre otros.

El trabajo de voluntariado es parte de la producción de bienes y servicios para los demás pero no se cuenta con mucha sistematización al respecto. Contar con datos acerca del voluntariado sería muy bueno para visibilizar el aporte de la comunidad y contar con información acerca de qué tipos de servicios y bienes se producen, desde dónde, en qué partes del territorio, qué características tienen los voluntarios.

Así se podría articular y gestionar con mayor claridad acciones entre Estado, mercado y el sector comunitario y evitar, como sucede a menudo, que los servicios que ofrecen en forma gratuita la comunidad y el estado se solapen.

Este puede ser un desafío a emprender en forma conjunta por el Estado y la Iglesia, institución ésta última que ha tenido y tiene un rol importante en aportar servicios de cuidados para la comunidad de manera no remunerada.

[1] La última Encuesta de Uso del tiempo en Uruguay (Módulo de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística, año 2013) muestra que el 90% de las mujeres participan del trabajo no remunerado (tareas domésticas, de cuidado, de voluntariado y ayuda a otros hogares), dedicando un promedio de 37,5 horas semanales mientras que el 75,7% de los varones lo hace, con un promedio de 19,5 horas semanales dedicadas al mismo.

[2] Particularmente el Equipo de Sociología de Género de la FCS-UDELAR coordinado por Karina Batthyány y asesorado por Rosario Aguirre.

[3] Se recomienda la lectura de La población Uruguaya y el Cuidado (Batthyány et al. 2013)  Disponible on line:http://www.sistemadecuidados.gub.uy/innovaportal/file/23783/1/libro_snc01_v07_distribuc_digital.pdf