De Galilea a Jerusalem y viceversa.
La experiencia del Observatorio de Derechos del Niño del Uruguay

POR Mauricio Fuentes Centrales Sin comentarios

Presentación
El Comité de los Derechos del Niño del Uruguay (CDNU) es una coalición de organizaciones de la sociedad
civil que tiene la misión de monitorear la implementación a nivel nacional de la Convención sobre los
Derechos del Niño.
Durante el año 2016, la Unión Europea emitió una convocatoria a organizaciones de la sociedad civil a
través de sus mecanismos de cooperación internacional, buscando promover la participación política,
profundizar la calidad de la democracia y favorecer la integración de los grupos y sectores más vulnerables
de la sociedad.
En este marco, cinco organizaciones integrantes del CDNU (Luna Nueva, El Abrojo, Gurises Unidos, IELSUR y
FMSI-Maristas), asumieron la elaboración de un proyecto que intentaba atender a dichos objetivos a partir
de tres componentes básicos: la promoción de la participación de niños, niñas y adolescentes, el
fortalecimiento de las redes de sociedad civil que trabajan en el ámbito de la infancia, y la creación de un
Observatorio de Derechos del Niño en manos de la sociedad civil.
En los siguientes apartados se desarrolla de manera sintética qué es un Observatorio de Derechos, cuál ha
sido el trabajo realizado por el Observatorio de Derechos del Niño del Uruguay hasta el momento, y qué
desafíos y posibilidades plantea esta herramienta de trabajo a nuestra Iglesia.
El Observatorio de Derechos como herramienta
Un Observatorio de Derechos es, a grandes rasgos, una herramienta que permite visibilizar el estado de
una situación o problemática determinada a partir de la recolección y visualización de datos. Uruguay es,
dentro de la región, un país que se caracteriza por la gran cantidad y calidad de datos que produce a través
de las diferentes agencias del Estado. No solo en lo que respecta al Instituto Nacional de Estadísticas (INE),
quien tiene la tarea de llevar adelante los Censos y las Encuestas Continuas de Hogares como herramientas
privilegiadas para obtener datos respecto de la población uruguaya y sus condiciones de vida; sino que
también diferentes agencias del Estado producen datos en lo que respecta a sus ámbitos específicos de
acción (Administración Nacional de Educación Pública, Ministerio de Desarrollo Social, Ministerio del
Interior, Ministerio de Salud, Ministerio de Vivienda e Instituto del Niño y el Adolescente de Uruguay, entre
otros).
Esta información que se produce permite la evaluación de programas y proyectos y se convierte en un
insumo fundamental para la toma de decisiones políticas. Lógicamente, este proceso implica una lectura de
la realidad… un punto de vista desde el cual se desea mirarla y un criterio de discernimiento que elige
acentuar ciertos aspectos por sobre otros.
En el caso puntual del Observatorio de Derechos del Niño, el acento está puesto en aquellos elementos que
pueden incluirse dentro del marco de la Convención sobre los Derechos del Niño y las diferentes
Observaciones Generales que emite periódicamente el Comité de los Derechos del Niño de Naciones
Unidas.
De este modo se recolectan datos de las diferentes agencias del Estado (datos que, tal vez, hayan sido
producidos con una finalidad muy diferente y pensando en problemáticas que no necesariamente se
vinculan con la infancia), y se analizan desde el prisma de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

El Observatorio de Derechos del Niño del Uruguay

El Observatorio de Derechos del Niño del Uruguay comenzó a funcionar a finales del año 2017, luego de la
aprobación definitiva y la firma del convenio de las organizaciones solicitantes con la Delegación de la
Unión Europea en Uruguay.
El primer paso del grupo de trabajo específico conformado para dicho ámbito tuvo que ver con la definición
de una matriz de indicadores y variables; es decir, un listado de aquellos elementos de la realidad acerca de
los que se quería recabar información.
A partir de ello se realizaron los correspondientes pedidos y solicitudes a las diferentes agencias del Estado,
y finalmente, contando con la información solicitada, se realizó la sistematización y análisis de la misma.
Los temas prioritarios a indagar inicialmente fueron: educación, pobreza, sistema penal juvenil, violencia e
institucionalización. Sobre cada uno de ellos se ha ido elaborando una gacetilla semestral con los datos más
relevantes (aún resta la publicación de las gacetillas sobre sistema penal juvenil y educación); y a su vez se
encuentra elaborado un Primer Informe Anual que contiene toda la información sobre las problemáticas
mencionadas desde una perspectiva de derechos (si quieren acceder a dichos documentos, los mismos se
encuentran disponibles en www.comitednu.org).

Nunca perder de vista lo pequeño
Sin lugar a dudas, un Observatorio de Derechos del Niño tiene todos los elementos para configurarse como
una “gran causa”.
Por un lado, la Convención sobre los Derechos del Niño es un tratado internacional suscripto y ratificado
por una inmensa cantidad de países alrededor del mundo, y su texto es una herramienta de incidencia
política que permite discutir las condiciones de vida de la infancia de las diferentes naciones desde la
década del 90 hasta el día de hoy.
Los datos estadísticos siempre hablan en términos de “centenares” y “miles”, y muchas veces parecieran
ser fríos números que no necesariamente dan cuenta de lo que ocurre en los territorios y comunidades en
los que la gente “de a pie” ofrece su servicio y pone el cuerpo en juego.
Sin embargo, esta “gran causa” (“grande” por el valor de sus ideales, y “grande” por su capacidad de
incidencia en las políticas públicas de infancia a través de la visualización de datos estadísticos que
confirman problemáticas), tiene el desafío de nunca perder de vista “lo pequeño”.
¿Cómo? A través de tres elementos muy difíciles pero sencillos al mismo tiempo.
En primer lugar, dando la palabra a “ellos y ellas”, los niños, niñas y adolescentes. Allí están quienes deben
ser los principales protagonistas de esta historia. Quién mejor que los niños, niñas y adolescentes para decir
cuáles son las problemáticas que les afectan, las inquietudes que viven, los lugares donde se sienten
vulnerados y fragilizados.
La escucha a niños, niñas y adolescentes nos ha desafiado a ampliar nuestro campo de mira a realidades
que inicialmente no se habían considerado. Es así que próximamente el Observatorio intentará visibilizar
datos respecto de la situación de migrantes, la recreación y tiempo libre, el acoso callejero, y diversos
aspectos de nuestra vida cotidiana que los grupos de niños, niñas y adolescentes que participan de nuestras
organizaciones nos invitan a mirar.
En segundo lugar, está el desafío de visbilizar datos que surjan de los territorios. Poner la mirada en
educación, institucionalización, pobreza, violencias y sistema penal juvenil no ha sido fruto del azar; sino
que ha sido el resultado de una escucha atenta a las organizaciones territoriales que conforman el Comité
de los Derechos del Niño. Estas organizaciones, a través de sus prácticas cotidianas, fueron registrando sus preocupaciones; y ese relevamiento es el que permitió tener una “materia prima de realidad” a partir de la
cual indagar respecto de los datos existentes.
Finalmente, el tercer desafío radica en que nuestro corazón nunca se endurezca. Que podamos entender
siempre que detrás de cada cifra que compone nuestros informes, hay un niño, niña o adolescente de
carne y hueso cuya vida se ve atravesada por esa problemática que como sociedad, hasta el momento, no
podemos resolver. Y que son cada uno de esos niños, niñas y adolescentes, cuya experiencia vital se ve
reflejada en un dato, quienes hacen que tenga sentido la herramienta del Observatorio como modo de
hacer incidencia.

De Galilea a Jerusalem
Jesús de Nazareth fue alguien que supo de territorios e incidencias políticas. Sus recorridos por el Evangelio
lo dibujan en un constante “ir y venir” entre Galilea y Jerusalem; entre el territorio marginal donde vivían
los más vulnerados entre los vulnerados, y el centro del poder político y religioso en el que se tomaban las
decisiones que afectaban la vida de toda la región.
Jesús supo estar al lado de los que sufrían, asistiendo su dolor y haciéndose cargo de las heridas concretas
de cada hermano y hermana con quien se cruzaba. Y a su vez supo discutir y generar movimientos capaces
de transformaciones profundas en el centro de las decisiones.
Esta dinámica de “ida y vuelta”, de estar “entre Galilea y Jerusalem”, es una invitación a nuestras
organizaciones sociales y nuestras comunidades eclesiales. De poco sirven los grandes discursos en atrios y
escenarios si no van acompañados de una entrega concreta a los que sufren en las periferias. Y a su vez, las
prácticas territoriales pueden lograr una transformación exponencial si se animan a romper la barrera de la
“pequeña aldea” y dan pasos concretos hacia la incidencia política.
Cada vez más necesitamos unificar, en nuestras prácticas concretas, estos aparentes polos de una tensión,
generando prácticas que den respuestas concretas a los hermanos vulnerados, y que a su vez tengan
impacto en los procesos políticos y sociales del mundo en el que vivimos.
El desafío de un Observatorio Socioeclesial en Uruguay
En este sentido, como Iglesia uruguaya contamos con una gran riqueza: una presencia territorial expandida
vastamente en todo el país. Presente en todos los departamentos del Uruguay y en todos los estratos
sociales, la Iglesia uruguaya es testigo privilegiado de la realidad de nuestro pueblo. Y desde luego no es un
testigo neutro sino que se compromete con las situaciones de vulneración con las que se encuentra
generando propuestas concretas de transformación: comedores, centros educativos, espacios de
asistencia, grupos de acompañamiento…
¿Por qué no pensar en una presencia eclesial que permita mirar la realidad de la sociedad uruguaya desde
la perspectiva de los documentos eclesiales? Así como la Convención sobre los Derechos del Niño ofrece el
“lente” desde el cual el Observatorio de Derechos del Niño analiza los datos que producen las diferentes
agencias del Estado uruguayo… ¿qué ocurriría con esa misma realidad y esos mismos datos si fuesen
“leídos” desde las lógicas y perspectivas de Sollicitudo Rei Socialis, Centesimus Annus, Laudato Si,
Populorum Progressio, Erga Migrantes Caritas Christi, o Laborem Excersens, entre otras posibilidades?
Esto nos permitiría dar visibilidad de conjunto a las problemáticas que las comunidades concretas
atraviesan y a su vez encontrarse con nuevos desafíos que permitan un discernimiento de la misión en
fidelidad a las necesidades del pueblo uruguayo.
Queda abierto el desafío y la búsqueda de cómplices con los que soñar esta posibilidad de un Observatorio
Socioeclesial del Uruguay. Un Observatorio que permita transitar el camino de Galilea a Jerusalem,
sabiendo que las grandes causas se viven en lo pequeño, que detrás de cada número en una estadística hay un hermano o una hermana; y que a su vez podemos transformar la realidad en la que vivimos en lo
“pequeño” y en lo “grande”.

 

 

 

 

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