De pascua en pascua hasta la definitiva

POR Rosa Ramos Espiritualidad Sin comentarios

 

Buena suerte, mala suerte… ¿quién sabe?

No tengo la fe incuestionable y sin fisuras que algunos católicos tienen. Cuando lo escuché por primera vez con 18 años me escandalicé, hoy recuerdo con gran simpatía lo que decía cada año en el viejo Oficio Catequístico el carismático y recordado Roberto Viola: “Antes de empezar les voy a confesar algo, yo creo poco, y lo que creo… lo creo poco”. Le seguía a esta advertencia una de sus risas gangosas con rostro pícaro.

Tampoco carezco de fe como los que se llaman a sí mismos ateos y los agnósticos, si es que existen personas sin alguna fe, pues como lo planteaba Juan Luis Segundo existe una fe antropológica antes que una religiosa.

Así que me considero una mujer y una cristiana de frontera, a veces rezo muy sinceramente: “Creo, Señor, pero aumenta mi fe”; otras veces me alegra esa poca fe que me permite ver y admirar las resurrecciones intrahistóricas parciales y frágiles, que ocurren cotidianamente en el mundo secular.

Con ojos simplemente humanos -y uruguayos- puedo ver y alegrarme con los nacimientos, con las reconciliaciones, con los encuentros hondos, con las novedades y con los ensayos, -“debes amar el tiempo de los intentos”, canta Silvio Rodríguez-.

Algunos ejemplos de pequeñas pascuas cercanas:

  • Un niño con parálisis cerebral que logra caminar, con pasos torpes pero valientes, y es aplaudido por sus compañeros. Sé por experiencia cercana, que no podrá sostener la marcha muchos años, pero para la familia y para él mismo, ese haber llegado a caminar quedará como signo indeleble de la victoria del esfuerzo.
  • Una pareja que se da una nueva posibilidad y que sella ese reencuentro con un abrazo público, que alegra mucho a los hijos y a los amigos, que creen que se lo merecen y que vale volver a empezar.
  • Una pareja que se une y con ese matrimonio pone en diálogo a dos familias de muy diverso origen y hasta cultura (pues han cultivado distintos estilos de vida a través de la historia). No les será fácil, exigirá atención y aprendizaje permanente.
  • Una consagrada hizo la opción de vivir en un asentamiento y, aunque pasa períodos sola, permanece allí firme y fiel, con la casa y el corazón abiertos a los vecinos. Este año llegó otra muchacha a hacer una experiencia allí, a compartir esa aventura.
  • Un hombre pelea contra una enfermedad y consigue vivir más tiempo del previsto con una mejor calidad de vida. Sabe que alguna vez será derrotado, pero mientras tanto vive cada día de modo consciente y agradecido, también tiene tiempo de prepararse para morir con dignidad.
  • Un drogadicto que tras muchos intentos de cortar con la adicción, decide emprender un tratamiento serio, en otro lugar, procurando una nueva vida para luego recuperar a su hija. Sabe que es un camino difícil, lo anima la niña y es un poema verlos abrazarse.
  • Una comunidad enfrenta una situación ambigua, reza y junta fuerzas para hablar, clarificar y sanearla. No será fácil, pero eligieron la autenticidad.
  • De una importante obra en construcción conversando y riendo sale un numeroso grupo de trabajadores vestidos con uniforme, sacándose los guantes y aún con los cascos en la cabeza. Además tienen protegidos sus derechos, victorias con quistadas.

Desde esas humildes pascuas de las que fui testigo en los últimos días, es que puedo saltar a la fe en la Resurrección metahistórica y definitiva de Jesús, y nuestra.

Jesús veía la realidad y sus posibilidades de novedad

Jesús gozó en su vida terrena contemplando, y anticipó su resurrección siendo “arte y parte” de muchas pascuas a su alrededor. Lo recuerdan y relatan los evangelistas:

Jesús se alegraba y alababa al Padre porque los pequeños captaban su mensaje del Reino y lo rodeaban llenos de esperanza.

Jesús veía erguirse a mujeres tullidas, porque antes las veía también encorvadas. Jesús ofrece agua viva a la mujer a la que antes él pide agua porque tiene sed. Jesús consuela y resucita al hijo de la viuda de Naún, porque primero vio el dolor de la viuda.

Jesús cura a la suegra de Pedro y la incluye en la reunión de la comunidad que estaba en sus inicios porque otros le avisan que está enferma.

Jesús cura al ciego, al que previamente le pregunta qué quiere que haga por él.

Es en ese mirar de frente la realidad y sus límites, que Jesús ve nuevas posibilidades y cataliza o acelera “el paso” a lo nuevo, a mayor humanidad y a mayor vida. En todas esas resurrecciones parciales que cité, sentí la alegría de Jesús y con él. También la alegría de las mujeres el primer día de la semana y de los otros amigos a medida que fueron cayendo en la cuenta y creyeron.

Creer en la Resurrección no puede ser algo descolgado de la vida, al menos yo creo desde abajo, desde el ver y palpar cotidiano… quizá me parezco a Tomás.

Elena Lasida expresa de modo muy bello qué significa creer en la Resurrección:

Es habitar la ausencia de una nueva presencia,

es poblar la desilusión de nuevos sueños,

es convertir el desencuentro en espacio para nuevos encuentros.

Es el invierno que se pone a esperar la primavera,

es el hilo de agua en el desierto,

es la flor que nace en la tierra reseca.

En el viejo video que les comparto -que quizá muchos ya han visto- un bailarín sin una pierna ofrece la fuerza de su mano tendida a una bailarina también mutilada, que carece de un brazo y ha perdido el sentido y el deseo de vivir -lo cual se representa en la primera escena-. Ella deberá escoger si seguir llorando la pérdida o si abrirse a esa invitación a seguir danzando.

https://www.youtube.com/watch?v=J-KH8yYY0UE

Históricamente Jesús nació y murió una sola vez, como todos los humanos. Los cristianos además sostenemos que resucitó y está vivo para siempre, más allá de cómo lo entendemos. Para nuestra fe católica, no sólo en la Semana Santa, sino en cada Eucaristía conmemoramos, hacemos “memoria” sacramentalmente de Jesús, de su vida, de sus gestos, de sus palabras, opciones y también de su muerte injusta y de su Pascua.

Tiene sentido vivir comunitariamente las celebraciones del Triduo y renovar las promesas del Bautismo por el cual acogemos y nacemos a la vida nueva. Pero no basta hacerlo como rito ajeno a la realidad y las circunstancias que atravesamos, que suponen elección entre lo que nos conduce a más vida o lo que nos hunde personal o socialmente en la muerte.

Tiene sentido decirnos y de verdad desearnos Felices Pascuas de Resurrección, si nos levantamos de nuestras muertes y ayudamos a levantar a otros ofreciendo nuestra mano y todo lo necesario, repitiendo el gesto de Jesús con la niña y con tantos: “Talita kum”.

 

 

 

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