DORA PAIVA: gritó el Evangelio con su vida

POR Gloria Aguerreberry
Fraternidad Carlos de Foucauld
Hechos y dichos Sin comentarios

Cuando Mercedes y Male me pidieron que escribiera algo sobre Dora para la Carta Obsur me pareció que sería muy fácil hacerlo. Luego de recibir innumerables mensajes que pueblan quince páginas de un documento que armé con las expresiones de amigos, conocidos, vecinos, gente de diferentes medios y condiciones, ya no me parecía que podría escribir algo claro, corto y que expresara mis sentimientos y los de tanta gente…

 

Algunas pinceladas

Dora Paiva nació en el departamento de Artigas y fue la primera asistente social de su tierra natal. El 28 de enero pasado cumplió 84 años, falleció el 2 de marzo en Montevideo después de un mes de internación. Cuando le preguntaban “¿cómo te sientes?” siempre respondía con un “disfrutando de la vida porque estoy en un hotel cinco estrellas”, “alimentada las 24 horas, claro que por las venas”, y  visitada, acompañada y querida por tanta gente que viene de Salto, Artigas, Rivera, Montevideo, ocasión para conversar y rezar juntos.

Dora fue una militante apasionada de la vida, el Evangelio, la lucha y la defensa de los predilectos del Padre, los pobres a los que les dedicó toda su vida, viviendo con mucha austeridad para compartir con ellos la misma suerte. Fue coherente y fiel al amor primero, el Dios de Jesús con el que se comprometió desde muy joven. Aconsejada por Mons. Marcelo Mendiharat dejó su trabajo en Artigas porque fue acusada de proselitista y se instaló en el barrio “La Tablada” de Salto, en 1962, donde permaneció siempre, alternando su trabajo entre Artigas, Salto y Montevideo, que frecuentaba mucho para hacer trámites en instituciones oficiales y para encontrarse con su Fraternidad de Base.

Pertenecía, desde su fundación en Uruguay en 1960, a la Asociación de Fieles Fraternidad Carlos de Foucauld. Sus tiempos de oración eran prolongados, gustaba del silencio, la adoración al Santísimo, la Eucaristía diaria y la revisión de vida, que para nosotras es el centro de la vida de la Fraternidad. Todos los meses llegaba a Montevideo y nos interpelaba sobre día y hora en que tendríamos que reunirnos, porque para ella el retiro mensual era su equilibrio.

Siempre estuvo adherida al pensamiento de Lebret, quien sostenía que Dios es el dueño de todo y que no podemos aceptar una sociedad donde el capital domine al Estado, a las organizaciones sociales y a las personas. Trabajaba en el sentido de lograr una sociedad donde el capital y el Estado estén al servicio de la persona humana.

En los grupos de Economía Humana descubrió la necesidad de trabajar por la transformación de las estructuras haciendo un trabajo desde las bases, prolongado y ascendente. Recordaba siempre el pensamiento de Juan Pablo II cuando definía al capitalismo como un sistema perverso y diabólico.

Su campo de acción como asistente social fue el asesoramiento a cooperativas de vivienda, para que las familias más necesitadas tuvieran un techo, una casa digna donde ver crecer a sus hijos. Trabajó muchos años en la JOC (Juventud Obrera Católica), también en ACOR y en movimientos sociales y gremiales de raíz cristiana con el fin de formar a los católicos en una conciencia clara sobre lo que el Evangelio nos exige.

Una mujer molesta

En la Misa celebrada en el velatorio, el día 2 de marzo, muchas personas de distintas edades, lugares y experiencias opinaron sobre Dora cuando el sacerdote Pablo Bonavía preguntó cómo la definirían con una palabra. Él mismo dijo “apasionada”, otros dijeron: “mujer coherente”, “comprometida”, “fiel”, “alegre”, “llena de luz”, “con ella uno se sentía cuestionado”, “mujer tenaz”…

Los testimonios que dieron las vecinas que vinieron de Salto conmovieron a los presentes: una señora dijo, “yo soy la hija menor de 12 hermanos, soy de los ranchos, de los pobres de los que ustedes hablan, allí nací y me crié, pero Dora nos ayudó, salimos adelante, estoy aquí porque le estoy agradecida”. Esto fue como vivir una parábola del Evangelio.

Otra señora compartió que Dora todo el tiempo estaba inventando algo, era incansable, siempre quería más para los otros. Preocupada por el avance de la droga en el barrio y en la ciudad pensaba cómo sacar a los muchachos de la calle, y el esposo de esa señora le propuso construir una canchita de fútbol, un complejo deportivo, eso los tendría entretenidos en una actividad sana. Se puso manos a la obra y consiguió un terreno, pero cuando lo tuvo dijo: “qué lindo terreno para construir una cooperativa de viviendas”, y el señor le respondió, “¿pero, cómo, no habíamos pensado en un polideportivo?”. Dora le respondió: “¡podemos hacer las dos cosas!”. Algunos testimonios fueron entre lágrimas y otros entre risas. Todo lo que se le regalaba muy bien envuelto pedía permiso y lo rifaba para la cooperativa, no guardaba nada para ella. Alguien dijo que era “una mujer molesta, porque con su vida y sus actitudes nos cuestionaba”. Yo siempre discutía con ella y, al final, como la quería mucho, le decía: “bueno, Dorita, pórtate bien”, y como respuesta tenía un: “cuento con tu ejemplo”. ¡Qué compromiso!

En el hospital, al lado de la cama, armó una cartelera con fotos de los seres queridos, a cada uno que llegaba le pedía fotos: tenía al Hno. Carlos, la Oración de Abandono, el papa Francisco, San Francisco, su amiga del alma Esperanza y los hijos…

El domingo 1º de marzo quiso la TV para ver la transmisión de mando y yo llegué a media mañana con una foto de ella con Mons. Mendiharat cuando cumplió 90 años, la miró y se alegró, miró una vez más la TV y no volvió a abrir los ojos con conciencia.

Fue una alegría y un privilegio haberla conocido, compartir tanta vida junto a ella, 53 años… La extrañaré mucho pero la recordaré con inmenso cariño y gratitud por el ejemplo que fue para nosotras. Esperamos que junto a las otras siete que ya nos precedieron interceda por las que seguimos peregrinando aquí, buscando construir el Reino, gritando el Evangelio con la vida.

El 9 de marzo cremamos sus restos y el sábado 14 llevaremos la urna a la ciudad de Salto, a la Capilla de su barrio, y a las 19 hs. se concelebrará la Eucaristía en su parroquia Santa Cruz, presidida por el obispo Mons. Pablo Galimberti. Iré a acompañarla y a acompañar a este barrio, a esta ciudad que está conmovida por la Pascua de Dora.