El Luteranismo en América

POR Pastor Octavio Burgoa Centrales Un comentario

Las Iglesias Luteranas tienen sus raíces directamente en la Reforma del siglo XVI, y quienes siguieron las enseñanzas de Martín Lutero fueron etiquetados como “luteranos” por sus adversarios, tomando luego ese nombre para sí mismos. Ya hacia fines del siglo XVI, la Reforma se había extendido por Europa, Alemania, los países escandinavos y bálticos; llegando a América, y otros continentes, de la mano de los exploradores, que llevaban consigo su fe en sus viajes. De hecho, algunos de los primeros colonos en América del Norte fueron luteranos escandinavos, holandeses y alemanes. Para la década de 1620 ya había colonias de luteranos a lo largo del río Hudson.

La primera congregación establecida fue sueca, en 1638, en Willmington, sobre el rio Delaware, en tanto que los holandeses lo hacen en la isla de Manhattan en 1648. A principios del siglo XVIII, exiliados del palatinado, establecen comunidades de habla alemana en Nueva York, Pennsylvania, Delaware y Maryland. En los estados del sur, se registra en Georgia el asentamiento de migrantes de Salzburgo en 1734.

El año de 1748, es un hito para las iglesias luteranas en nuestro continente. El Pastor Henry M. Muhlenberg organiza el primer cuerpo eclesiástico en América, el “Ministerium de Pennsylvania”. En lo que resta del siglo y en el siguiente, irán naciendo distintas iglesias que responderán a distintos grupos étnicos, las cuales, tras diversas fusiones, darán origen a las Iglesias existentes hoy en día en Estados Unidos.

Sin duda, los luteranos se encontraron en América una nueva situación, sin una Iglesia estatal, que pudiera sostenerlos a través de impuestos eclesiales. Además de tener que convivir con otras tradiciones, anglicanos, bautistas, presbiterianos, cuáqueros, congregacionalistas. Pese a su fragmentación, en distintos grupos conforme a sus orígenes nacionales y lingüísticos, lograron constituir iglesias independientes y autosustentables.

En América Latina y el Uruguay

En América Latina, el luteranismo es bastante diverso, obedece a distintas corrientes migratorias y misionales, tanto de Estados Unidos como de Europa. Si bien siempre algún luterano deambuló por estas regiones, particularmente comerciantes, la historia de las iglesias comienza a mediados del siglo XIX , fruto de la migración alemana. Aunque no debemos olvidar que las iglesias de Guyana y  Surinam ya tienen 275 años de existencia.

Naturalmente las iglesias más grandes se encuentran allí donde la migración fue más numerosa, como en Argentina, Brasil y Chile.

Producto de la misión de las Iglesias Luteranas en Estados Unidos es la Iglesia Evangélica Luterana Unida de Argentina y Uruguay (IELU). Las primeras andanzas comienzan con el pastor Silas Daugherty en 1908, quien trabajó en Buenos Aires y sus alrededores en inglés y castellano, mas su trabajo se interrumpió en 1912. A principios de 1917, a impulsos del Congreso Misionero de Panamá de 1910, se retoma el trabajo, con un claro objetivo:

“nuestro objetivo es tener una iglesia inter luterana celebrando sus cultos en el idioma del país. Podrá ser perfectamente correcto tener cultos ocasionales para aquellos que no han adquirido el idioma del país, pero estos servicios han de ser realizados bajo los auspicios de la iglesia local”.

A partir del trabajo en el barrio porteño de Villa del Parque, comenzó a desarrollarse una tarea orgánica y continua que daría como resultado el nacimiento de la IELU, que en 1948 se constituye como iglesia independiente.

En la década de los 50, como consecuencia de las migraciones originadas por la Segunda Guerra Mundial, la IELU recibió distintos grupos de luteranos europeos, eslovacos, húngaros, estonianos, letones, rumanos, que se incorporaron con sus propias lenguas y costumbres. De este modo la IELU se hizo mucho más heterogénea, lo cual desembocará en tensiones durante las décadas del 60 y 70.

Hay que señalar como hito, que en 1980 se aprueba la ordenación de la mujer al ministerio.

Para los 90 y el presente siglo, se inician procesos para superar las crisis de las últimas tres décadas, formulando lineamientos estratégicos para asumir la tarea de la iglesia desde un enfoque integral, que no separe lo que tiene que ver con lo cúltico (Palabra y Sacramento) con el servicio (diaconía).

Uruguay no es ajeno a esta historia, y hoy cuenta con dos congregaciones cuyos orígenes se remontan a la década del 40, “Nuestro Salvador” en Montevideo y “La Resurrección” en Rivera.

Un comentario

  • Mirta Acebedo dice:

    Me parece interesante que haya otras expresiones religiosas en América Latina, sobre todo porque tienen a Cristo como centro.

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