Entrevista a Celina García: “Vida consagrada de puertas abiertas, mate pronto y mesa servida”

POR Agustina Marques Preguntas y respuestas Sin comentarios

El año pasado fue declarado por el Papa Francisco como el año de la Vida Consagrada. En su carta apostólica a todos los consagrados inaugurando el año expresa “Que este Año de la Vida Consagrada sea también una ocasión para confesar con humildad, y a la vez con gran confianza en el Dios amor (cf. 1 Jn 4,8), la propia fragilidad, y para vivirlo como una experiencia del amor misericordioso del Señor; una ocasión para proclamar al mundo con entusiasmo y dar testimonio con gozo de la santidad y vitalidad que hay en la mayor parte de los que han sido llamados a seguir a Cristo en la vida consagrada”. En este marco, Carta OBSUR entrevistó a Celina García, una joven uruguaya de 23 años, que recientemente comenzó la primera etapa de formación en la vida consagrada, para conocer la experiencia de alguien que elije este camino en el mundo de hoy.

 

Para comenzar, ¿en qué momento de tu vida y que “hitos” fueron fundantes en tu decisión?

 

A una semana de mi entrada en el postulantado, siento la importancia de no olvidar las raíces, como dice la canción: “Volver al humus” de Eduardo Meana https://www.youtube.com/watch?v=1EGUJdLuRZk, volver a las raíces más profundas, esas que nos marcan, y nos hacen la personas que somos…

 

Desde pequeña me sentí muy unida a Jesús, soy ex alumna de un colegio católico, de las Hermanas Capuchinas y la vida de fe estuvo, de un modo u otro, siempre presente en mi hogar. Mi familia, como primera institución de socialización, también lo fue en la fe católica. De la etapa escolar recuerdo con cariño la fiesta de la madre fundadora de la congregación de las Hermanas Capuchinas, Beata María Francisca Rubatto, todos los 9 de agosto, creo que desde que estuve en tercer año de escuela tuve la oportunidad de ir a los festejos que se hacían en el Santuario, ubicado en el colegio San José de la Providencia, en barrio Belvedere (Montevideo). Estas hermanas tienen espiritualidad franciscana, estaré siempre agradecida de haber sentido al colegio como mi segunda casa, siempre encontré allí la compañía y el cariño de docentes y amigos, pocos, de ese tiempo con quienes tengo la dicha de continuar compartiendo la vida.

 

De esta etapa guardo, especialmente, en mi corazón a los animadores de pastoral del colegio que supieron transmitir con profundidad los valores cristianos, tomando como modelo a San Francisco de Asís y a Beata Francisca, en ellos nos fuimos nutriendo en el deseo de salir al encuentro del otro a través de las misiones, que realizamos a lo largo de nueve años, en el mes de julio o setiembre, siendo la actividad central del año. Los lugares misionados fueron: Aigua (2006-2008), San Carlos (2009), Mendoza Grande (2010-2013), y San Jose-barrio Dota (2014).

 

Es así como hoy puedo decir que una experiencia fundamente en este camino de búsqueda vocacional fue el grupo de jóvenes. Acepté la invitación del equipo de pastoral para animar grupos de Infancia Misionera, así como también en dos grupos de jóvenes. Ya concluido el cursado de facultad, desde mi trabajo formal con adolescentes en un Aula Comunitaria enfrentando el desafío de que el trabajo sea también un espacio de encuentro y de búsqueda de horizontes para construir una mejor sociedad, donde a través de la obra que las Hermanas Misioneras Franciscanas del Verbo Encarnado llevan adelante en el barrio La Teja y zonas aledañas, aprendí mucho del valor del encuentro, de dar participación a la comunidad y de trabajar en conjunto con su gente.

Hoy busco estar en espacios que permitan de algún modo construir una mejor sociedad, no me veo en otro tipo de tareas que en algún espacio no toquen con este deseo personal.

Un gran hito fue conocer la Espiritualidad Ignaciana a través de: Pastoral Universitaria, Acompañamiento Espiritual, Ejercicios Espirituales, aprendí realmente a rezar y encontrarme con Dios, a ver con claridad la unión entre la fe y la vida, a reconocer mis fortalezas y debilidades, y optar por seguir a Cristo desde la vida religiosa. Como sello de todo este proceso de búsqueda, aprendizaje y encuentro llegué en Febrero de 2015 a vivir la experiencia comunitaria, apostólica y de oración que contempla el proyecto La Storta en el predio del Hogar La Huella, compartiendo la vida con mis compañeros de ruta, Vicky, Berto, Sofi y Nacho la IV comunidad de dicho proyecto, junto a los niños, adolescentes y educadores del hogar de INAU La Huella.

Siento hoy a La Huella como un lugar sagrado, tocado por Dios a través de Perico, quien encarnó a Cristo en esa realidad junto a un grupo fuerte de jóvenes laicos, hace ya cuarenta años, y que hoy continúa con vida, de una forma distinta, pero sin perder el centro, los niños y adolescentes que necesitan de una familia, en sentido amplio, que los ayude a crecer y transformarse en hombres y mujeres; gurises tocados por realidades duras, pero con un equipo de educadores, comisión y un grupo fuerte de voluntarios que están al firme. Hoy extraño mucho mis días por la casa, con mi comunidad, en fin, conocer este lugar en las afueras de Las Piedras, nunca antes conocido hasta febrero 2015, me amplió la mirada, me ensanchó el corazón y me dio grandes deseos de entrega y aquí estoy.

Otro hito importante en mi camino es la comunidad ZIMÉ, de Pastoral Juvenil. Todo empezó en 2006 cuando en mi colegio se crea el espacio de Pastoral Juvenil. Me integro, justo cuadró que en mi grilla de horarios, las tardecitas de los jueves estaban libres; el altillo de la capilla nuestro espacio de encuentro. Desde 2006 a 2014 fui parte de este movimiento, nos dimos a llamar comunidad Zimé, que en latín significa fermento, levadura, y así tal cual es como fuimos ahondando en Cristo a nivel grupal y personal. El grupo me ayudó a dar sentido a mi vida, poniendo como centro a Cristo, la Palabra, la luz de una vela, el mate y la vida diaria, eso era el grupo, nuestros animadores, fueron pasando varios, Horacio, Gabriela, Jorge, Ximena, Rosa, Santiago y Carlitos (a ellos por siempre mi agradecimiento). El rol de animadora tiene la misión de acercar al joven con  lo trascendente en su vida, con la Palabra de Dios, a unir sus vidas y la fe. A través de esta experiencia solidifique mi  identidad y me dio herramientas para moverme entre mis pares.

Puede parecer sorprendente hoy en día que gente joven opte por este camino. ¿Qué mensaje te parece que tiene para dar hoy una elección así?

Una elección así transmite que la vida consagrada sigue teniendo sentido, que es un brazo más con el que cuenta la Iglesia, que por elegir sólo a Dios en tu vida no quiere decir que no estés pleno. Lo que pasa es que vivimos en un tiempo donde parece que hay que tenerlo todo, pero perdón, estamos muy equivocados, en ningún estilo de vida lo tienes todo. Es cierto que en la vida religiosa hay que resignar muchas cosas, pero no es más ni menos que lo que debe resignar un verdadero cristiano; sea la opción que sea resigna. Creo que depende de la importancia que pongamos a lo que se deja por elegir a Dios. La cruz, el sufrimiento que conlleve la vida consagrada es pequeño frente a la alegría que se vive en el día a día, optando por lo que consideramos esencial para vivir, la oración, la vida comunitaria, el anuncio del Evangelio, y la vida toda solo para Dios que se encarna en el encuentro con el más necesitado. Para los consagrados esto es lo más grande e importante que la vida nos regala la oportunidad de vivir.

 

Con respecto a la vida consagrada en el mundo actual, ¿qué te parece que cambió? ¿Qué te parece que permanece? ¿Qué cambios trae la vida consagrada de los jóvenes de hoy?

Está bueno que los jóvenes que sienten curiosidad y se sienten invitados por Jesús a dar un paso en su vida y arriesgar por la vida consagrada, estaría bueno que les pasara lo que me pasó a mí al conocer a las Hijas de Jesús: Una congregación entre el mundo, que se mezcla a trabajar en distintas obras según las necesidades más urgentes. Con disponibilidad y alegría me recibían en su comunidad. Observé en ellas la cercanía y entusiasmo por acompañar las búsquedas que uno va haciendo, me sentí libre para plantear mis cuestionamientos, mi propia búsqueda. Me identifiqué plenamente con el estilo de vivir el Evangelio de las Hijas de Jesús. Siento la congregación como un espacio desde el cual construir el Reino, es un medio para llegar a Cristo.

Santa Cándida, la fundadora, fue una mujer española que dijo sí en un momento particular de la historia de España, donde había analfabetismo, donde muchas mujeres en una posición socioeconómica baja, les faltaba instrucción, donde era muy necesaria la instrucción de las niñas y el catecismo, en sus palabras deseaba “ganar muchas almas para Dios”. Algo sorprendente es que ella era analfabeta y fundó una congregación que tiene como fin la educación en sentido amplio. Desde temprana edad se dedicó al servicio doméstico para ayudar a su familia, desde ese espacio cultivaba, en la medida que podía, las virtudes cristianas. Se identificó con San Ignacio, veía su estatua y decía para sí, internamente, “yo quiero hacer lo que dice esos libros”, los mismos que Ignacio sostiene entre sus manos, y son signo de los ejercicios espirituales. Los jesuitas siempre colaboraron mucho con su fundación y lo siguen haciendo hasta hoy en día. En Cándida, con su vida, “veo que nada es imposible para Dios”, Él sabe valerse de personas que como ella, se entregan de una forma única, aún siendo analfabeta, fundó una congregación que tiene como fin la educación. Cuando Dios lo quiere, lo quiere y punto, así vivió su entrega.

 

¿Cómo convivís con las contradicciones que existen en la institución que hoy elegís? ¿Qué papel juegan en tu elección?

La institución Iglesia como tantas otras está conformada por hombres y mujeres, y donde estamos hay contradicción, porque dentro de cada persona hay contradicción, hay dificultad, hay aciertos y errores, y a veces lamentablemente horrores, pero ¿cuál es el sentido de la Iglesia?: Cristo, bueno miremos a Cristo. Él no abandonaría su Iglesia, es el lugar que lo lleva al Padre. Si yo dejo de ir a la Iglesia, de ser parte de la congregación por las contradicciones de la institución, no estoy entendiendo bien el mensaje de Cristo, ¿acaso no estamos llamados a trascender nuestra humanidad pecadora y ver a Cristo? Bienvenido el año de la Misericordia, yo elijo a Cristo, apuesto a la Iglesia, me encanta el sentido de Iglesia y de Cristiano que nos marca el Papa Francisco y que Sturla dejó claro en su discurso de asunción, lo digo con mis palabras: construyamos una Iglesia, una comunidad, un grupo de jóvenes, de puertas abiertas, mate pronto y mesa servida.

 

Francisco expresó “El Año de la Vida Consagrada nos interpela sobre la fidelidad a la misión que se nos ha confiado. Nuestros ministerios, nuestras obras, nuestras presencias, ¿responden a lo que el Espíritu ha pedido a nuestros fundadores, son adecuados para abordar su finalidad en la sociedad y en la Iglesia de hoy?” ¿Cuál te parece que es el rol de los consagrados y las consagradas en la sociedad actual?

Me matas con la pregunta, tengo miedo de decir algunas cosas que no estén correctas, pero creo que el rol es hacer lo que Francisco nos pide, en cada discurso, ser coherentes, expresar al mundo que la vida y la fe son cuestiones que están unidas. A los de vida activa nos toca ir a las periferias, físicas e interiores, también hay en el interior que llegar a esos lugares que nos tocan, nos duele y es necesario darle un toque cristiano a nuestra vida toda, tocar con la indiferencia, el consumismo, la soberbia, la comodidad. Retomo una frase de Aparecida, a la que siempre vuelvo cuando me siento perdida, cuando siento que quizá otras cosas valen más que este camino:  “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad”.

A los consagrados de vida activa nos toca abrir nuestras comunidades y salir al encuentro, acompañar, más que sentenciar, ser alegres y saber que somos humanos, buscar ante todo la coherencia. Y rezar, no olvidarnos de escuchar lo que el Padre nos pide para el mundo que hoy construimos y muchas veces “destruimos” con nuestra propia pobreza, pero nuevamente estamos llamados a la misericordia, a abrazar eso que somos, y junto a la oración diaria y el apostolado, ir encontrando a Dios, siendo mejor persona cada día.