ENTREVISTA A MARINA ARISMENDI
“Todos somos parte del problema”

POR Mercedes Clara y Pablo Dabezies Preguntas y respuestas Sin comentarios

A once años de la creación del Ministerio de Desarrollo Social y de la implementación de las políticas sociales para abordar la emergencia social en que se encontraba el país, Carta Obsur conversó con la ministra Marina Arismendi para conocer en profundidad los logros, dificultades y desafíos que enfrenta Uruguay en materia de integración y desarrollo social.

A once años del inicio de las políticas sociales, ¿cuál es la evaluación general que hacen del proceso?

El año pasado hicimos una presentación que se llamaba 10×10, con motivo de los diez años, con diez testimonios distintos de diez minutos cada uno, para mostrar la cara del MIDES que no se conoce. Porque la gente dice: “Los planes del MIDES solo le dan a la gente”. Y yo pregunto: “bueno, ¿qué les damos?”. Ahí quisimos plasmar historias concretas de personas que lograron salir adelante. Yo me doy cuenta la diferencia de cuando arrancamos en el 2005, lo que fue ese quinquenio, y ahora que regreso, después de cinco años ¿cuáles son los desafíos que tenemos por delante?

En relación a la pobreza, en números económicos y estadísticos, en 2005 teníamos 1 de cada 3 personas bajo la línea de pobreza; hoy estamos por debajo de un dígito, en 9 y poco… Desde el punto de vista de la indigencia, medida también por ingresos exclusivamente, pasamos de un 4 a un 0.4 más o menos, contemplando el margen de error estadístico. Yo discuto cuando me dicen: “No, porque les dan para que no trabajen, son todos unos vagos, alimentan a gente para que no haga nada”. Yo digo, bueno, el 3.6 de ese 4, ¿dónde está? ¿Se fue del país? ¿Se murió? No. Está trabajando. Lo que no quiere decir que no tenga problemas. Y lo que no quiere decir que hoy, diez años después, sigamos enfrentando serios problemas.

¿Por ejemplo?

Tenemos, por un lado, lo que puede ser el núcleo más duro de la injusticia, de la desigualdad, de la falta de acceso al ejercicio de los derechos y, por otro lado, tenemos a las personas que si medimos por ingresos no le damos una tarjeta de alimentación u otro tipo de cosa. Es lo único que da el MIDES, una tarjeta de alimentación. Pero si miramos condiciones de vida, historias de vida, cómo creció, dónde creció, qué situación tiene hoy y cuáles son aquellas cosas que realmente le cambiarían sus condiciones y sus redes sociales, vemos la profunda segmentación que vivimos, fundamentalmente a nivel territorial y que se agudiza, sobre todo en áreas metropolitanas. No tanto en el interior del país, allí todavía estamos a tiempo de lograr que no pase; pero la fragmentación integra muchos aspectos.

Hoy estamos trabajando con los chicos que Primaria detecta que están en 1º de escuela y que en mayo, junio vimos que por faltas y/o por rendimiento estaban en riesgo. Cuando vamos a la casa y a las historias de vida, vemos que si efectivamente no hacemos una cantidad de cosas ese chico tiene problemas de aprendizaje. A veces los tiene porque no hay nadie en la familia que tenga posibilidades de apoyarlo en nada, o porque hay violencia en la casa, o porque hay carencias de todo tipo, porque son un montón y están hacinados… Nacen 46.000, 47.000 niños por año en Uruguay, nada más, y el 40% nace en la pobreza. Nosotros a veces logramos pescar, por ejemplo, a la embarazada cuando se embaraza, si es que va a control o si es que la tenemos más o menos en el radar, a través del trabajo de nuestra oficina, por medio de los grupos de cercanía, que son los que trabajan con la familia. Podemos detectarla en el comienzo del embarazo y lograr que vaya a los controles. Sino, por suerte, como la mayoría de los niños nacen en maternidades en Uruguay, a diferencia de otros países, en el momento del parto. Y ahí empezamos: que si le damos practi-cuna, que si la practi-cuna cabe adentro del rancho, que si no cabe le damos caja-cuna que es la que se inventó para usar en momentos de inundaciones o qué se yo… Terminamos dándole para prevenir que el bebé muera aplastado en el colecho. El otro día el doctor Eguren del Hospital Pereira Rossell decía que hicimos una inauguración preciosa, tenemos una sala de parto maravillosa, un CTI de niños al lado, o sea que no hay que sacar el niño y trasladarlo al otro pabellón del hospital, de primer mundo, una cosa maravillosa. Ahora, el niño se va para la casa y si no lo seguimos viene de vuelta con neumonía, con problemas respiratorios, con parasitosis, que trae como consecuencia la anemia, la falta de hierro. Estamos peleando porque hay unas gotitas de hierro que son ricas, mi nieta, por ejemplo, las tomó sin problema. Y al otro niño le dan unas horrorosas que tienen un gusto asqueroso, que manchan la ropa, la madre se enoja… Entonces, ¿por qué no damos las gotitas ricas a todos los niños?

Otro problema son los adultos mayores y las personas con discapacidad. Ayer hablando con la directora de Discapacidad, sobre un programa que se llama Más autonomía, que trata de personas que si no vamos nosotros, no va nadie… Si nosotros el viernes le cambiamos los pañales a la persona adulta que no se puede valer por sí misma y hasta el lunes no vuelve nadie, el lunes cuando vamos está con los mismos pañales que le pusimos el viernes. Entonces, no tiene redes sociales, no tiene familia. Ese es un frente muy complejo.

Y después las personas en situación de calle. Es todo un tema “la nueva calle”, como digo yo. La calle que hoy tenemos no es la calle que teníamos en 2005. Hoy no tenemos niños en calle, o aquellas familias enteras por pobreza o falta de techo. Hoy tenemos problemas de pobreza extrema, cruzada con problemas de violencia, salud mental, de consumo problemático. Encontramos varones en calle salidos de la cárcel, consumidores problemáticos de alcohol y/o de sustancias, chicos que rompieron todos sus vínculos. La complejidad del problema es mayor.Tenemos mucho para trabajar.

Si tuvieras que sintetizar los principales logros de las políticas sociales…

Los principales logros los vemos ahora en las salidas con el Consejo de ministros, que cada uno atiende, cambió completamente el tipo de entrevista que se solicita. Antes la gente venía, nosotros en el primer gobierno ya hicimos esto con el presidente y con el Consejo de ministros. Nos acercamos. Además de que hoy tenemos oficinas en todo el país. Cuando me fui, el último gran logro que conseguí fue comprar una camioneta y una laptop por departamento. Hoy tenemos dispositivos, no sólo la oficina en la capital o en otra localidad, sino también dispositivos móviles que van a atender a las personas. O sea que damos respuesta a esa demanda inmediata que puede ser la tarjeta de alimentación o el acceso a asignaciones familiares, Plan de equidad o Asistencia a la vejez, que son las que nosotros valoramos. La Asistencia a la vejez comprende a las personas de 65 a 70 que no cumplen las condiciones para ser jubilados. Si tienen familiares, el Código Civil dice que se tienen que hacer cargo. La pensión a la vejez no se la dan. Y a veces tienen familiares e igual no hacen lo que tienen que hacer o están fuera del país o yo que sé, entonces, si entran a Asistencia a la vejez después entran automático a la pensión. Es una cosa que inventamos en el primer gobierno.

Hoy la ventaja es que vienen organizaciones sociales, es fantástico el Uruguay en eso, que están atendiendo un hogar para adultos mayores, u organizaciones sociales que son familiares de personas con autismo, eso está apareciendo mucho porque, además, no se conocía. Y se acercan familiares que forman organizaciones, que se esfuerzan tremendamente pero que necesitan apoyo del Estado porque precisan profesores o determinadas cosas para la estimulación. Se está trabajando mucho con equinoterapia, por ejemplo. Este año firmamos con FUNDAPPAS (perros de asistencia) que son para niños del espectro autista, porque están los perros guías y los perros de asistencia. Esos perros están adiestrados, hay una señora holandesa que vino a Uruguay a capacitar a uruguayos para que aprendan a entrenar a los perros. Aparecen familias u organizaciones sociales pro CAIF o que están buscando cómo generar el desarrollo de un barrio o el realojo de personas. O sea, hay mucho tejido social y mucha organización social que viene a impulsar, que están haciendo cosas y vienen a pedir apoyo porque están vinculados al MIDES, porque reconocen el trabajo. Hay confianza, hay camino andando, eso es una cosa a favor.

Nosotros tenemos unas entrevistas estupendas. El otro día, por ejemplo, estuvimos en Colonia todo el día y en Carmelo de Consejo de ministros, toda la tarde hasta la noche. Y esos encuentros son fundamentales, nosotros decimos la verdad: esto sí, esto no, esto no podemos, esto vamos a mirarlo con otro ministerio o con otra institución, tenemos las mesas interinstitucionales en los departamentos que facilitan mucho el trabajo conjunto.

¿Cuáles son las realidades que desde las políticas sociales no se han logrado abordar?

Considero que el mayor debe que tenemos, el mayor fracaso, diría yo, que no supimos y creo que no estamos sabiendo todavía, es el problema de la segmentación. Estamos pensando mucho, el equipo es muy comprometido, piensa, propone, busca… A pesar de todo esto que estoy diciendo, de todas las organizaciones con las que trabajamos, a pesar de que hicimos un llamado a voluntarios y se anotaron 2000 y quedamos felices (2000 de todas las edades, desde gente joven con ganas que se pone a disposición a personas jubiladas que tienen un oficio y que lo ponen a disposición, que ponen su capacitación para trasladarle a otros), todavía seguimos viendo agudizarse el problema de la segmentación, de la fragmentación social.

Es normal escuchar al que dice: “Ah, con mis impuestos le pagan a este para que no haga nada, porque lo mantienen”, y yo digo: “A ver, ¿cuánto le damos? Porque si es una señora sola con un niño tiene $ 800 pesos de tarjeta ¿Usted cree que puede vivir con $ 800? No. Y si tiene tres hijos $ 1700. ¿A usted le parece que puede? No. “Bueno, entonces dígame qué más le damos”. Esa pelea es permanente. “Yo quiero decir que en mi barrio hay uno que se jacta de que vive del MIDES y que no trabaja en ningún lado”. “Bueno, deme el nombre, vamos a visitarlo”. No lo veo posible porque si yo junto las transferencias monetarias, todas las que pudiera llegar a tener una familia, además tiene que estar muy mal para acceder. Nosotros tenemos 69.000 familias con tarjeta, pero hay que estar muy mal para llegar a la tarjeta. Es una vergüenza, es al revés, a mí me da vergüenza. Cuando el director del INDA, que pasó al MIDES ahora, el Dr. Lorber, me dice que a una persona con riesgo nutricional le demos $ 500 pesos por mes, entonces, ¿de qué me están hablando?

Ahora con el equipo inicial del MIDES, con el que diseñamos el Plan de Emergencia, estamos pensando el tema del sistema único de transferencias, porque ahí descubrimos que, en realidad, más del 80% de los niños uruguayos tienen una transferencia. Lo que pasa, es que como dice Carmen, “no lo saben”. Acá lo veo con nuestros funcionarios, nosotros tenemos un promedio de 29 años. Tenemos 300 bebés, niños de 0 a 4; sé que son 300 porque les pagamos jardín. Y están naciendo otros, además. Son los chicos profesionales que se reciben, después hacen su maestría, y recién después tienen su niño; digo “su niño” porque la mayoría tiene uno solo. Ahora están tomando sus licencias, estamos con el sistema de cuidados, el aumento de la licencia maternal y paternal, pero además tienen transferencia, ¿por qué? Porque descuentan IRPF si tienen un niño, si tienen dos y cuando vamos a mirar, en realidad, estamos llegando a una casi cobertura. Digo “casi” porque hay un 15% del que no sabemos nada, de los más ricos no sabemos nada.

Hemos estudiado a los pobres de todas formas, qué comen, qué no comen, qué compran, qué no compran, los miramos por todos lados… Y tenemos un problema, hay dos cosas, mis sociólogos dicen “la materialidad”. Nosotros vamos con los programas de proximidad, Uruguay crece contigo, que es con los bebés… va con los Equipos de Atención Familiar, los ETAF (la compartimos con INAU esa tarea), vamos con Jóvenes en red, que es con los chicos de 14 a 24 que no estudian o no trabajan remunerado (muchísimos de ellos, sobre todo en las jóvenes, las adolescentes, trabajan en la casa todo el día). Pero bueno, tratamos de enredarlos para llevarlos a una actividad. En algunos casos puede ser de estudio y en otros puede ser una salida laboral. Ahora, si no resolvemos la vivienda… El otro día hablábamos con la ministra de Vivienda, me decía: “la vivienda sola no resuelve” y le digo: “No, ya sé que no resuelve”. También te puedo poner ejemplos en donde tienen la vivienda y no resolvimos el problema. Ahora, sin vivienda, tampoco resolvemos. El otro día fuimos a visitar a una señora en Carmelo, atendida por Uruguay crece contigo, una beba y dos chiquititos… una escalerita, los del SUNCA, que trabajan con nosotros, me mostraron cómo era antes (cartón, nylon), hoy tiene su casita que la levantamos con una canasta de materiales, los trabajadores del SUNCA, con dos habitaciones, con su living. Ahí podemos seguir haciendo un trabajo, hasta la puedo convencer de que se ponga el parche para no seguir teniendo hijos. Una mujer joven que tiene que estudiar, que tiene que trabajar, con un padre intermitente que no se hace cargo. Hoy tiene su casita, hoy no está en el barro, hoy no se le llueve y no se le inunda. ¿Eso le resuelve todo? No, no le resuelve. No es que te entrego la llave y me voy. Ahora, si no te entrego la llave, te va a ser más difícil. Te pongo un maestro comunitario, ahora, si tu seguís… le hago una campaña de lavado de manos para el dengue y para esto y para lo otro, pero si no tiene pileta, no tiene agua potable, entonces es muy duro, muy difícil.

Por eso cuando se anotan 2000 voluntarios respiro. Dolores me reconcilió un poco con la sociedad uruguaya. Frente a una cosa de esa magnitud, fue un impacto grande… Pero esa cosa que dicen: “esos son tuyos”. Digo, son de todos, como todos los que están bien y que van a la escuela y que van al liceo y que tienen salud atendida, también son míos, porque las políticas sociales no son sólo las focalizadas.

Y después, como les comentaba, tenemos el gran tema de “la calle nueva”. Ahí estamos armando la Intercalle, no puede una institución sola abordar esta problemática. Y, a su vez, una institución sola tiene que hacer interinstitucionalidad. En estos años aprendí que se teje y se re-teje, que cambian las personas y también cambia lo que se hace. Depende mucho de los seres humanos las cosas cómo se hacen. Ayer, por ejemplo, vinieron tres organizaciones juntas que trabajan con migrantes. Fue muy bueno, porque a nosotros nos aparecen de todos lados, dominicanos, peruanos, paraguayos, africanos, que llegan y no hablan una palabra de español. No tenemos especialidad en eso, es decir, somos más de un actor los que tenemos que trabajar. Tampoco puedo tener una misma respuesta para una dominicana que para una peruana, porque hay costumbres, particularidades. No tenemos, el MIDES no tiene. El MIDES tiene un espacio migrante que tiene diez personas trabajando… Pero claro, en general, en semana de turismo, como decimos nosotros, en Carnaval, en Navidad, viernes de noche, es cuando nos aparecen las cosas y hay que dar una respuesta en el momento. Yo no le voy a decir “No, mire, venga el lunes”. Es como las mamás con un niño en calle. Los viernes cuando vengo no quiero ni mirar porque sé que tengo alguna madre con un niño esperándome. Entonces, también digo, un país tan chiquito, con tan poca gente, ¿cómo no vamos a poder? Tenemos que poder.

Cuando hablabas de la gran dificultad ¿te referías a la incomprensión o falta de conciencia de la desigualdad por parte de la sociedad, o a la dificultad de las propias personas de imaginarse viviendo de otra manera?

A ambas cosas. Por un lado la estigmatización tan fuerte que le ponemos al otro fragmenta cada vez más a la comunidad. Y por otro, es una realidad que el casco más duro de la pobreza se reproduce… Si miro a las mujeres con niños que tenemos en el refugio 24 horas y hacemos un análisis cualitativo, las historias de vida: estuvieron en el INAU, en la parte de acogimiento, son de familias que también hicieron procesos de este tipo. Muchas de ellas salen y vuelven a entrar una y otra vez. Ahora estamos trabajando para promover la autonomía, con acompañamiento, pero trabajar la salida con más herramientas. Es decir, con un apartamentito para esa mamá con esos niños y con acompañamiento del equipo. Ayudarla a manejarse en la vida cotidiana, qué es lo que hay que comprar en el mes, cómo hacer la comida para que rinda, para que sea sana, porque no tuvieron esa vida ellas, ¿de dónde van a aprender? También su manera de vincularse con sus hijos muchas veces es violenta y lleva a que, a su vez, esos niños repitan esos patrones en la escuela, por ejemplo. Después nos quejamos de que ese niño en la escuela y en su relacionamiento con sus pares o maestra sea violento. También tenemos que ir viendo eso.

Estamos trabajando con ANEP para ir a buscar a 3000 y tantos niños que terminaron sexto en diciembre y en marzo no aparecieron en ninguna enseñanza media. Por suerte encontramos casi un 40% que estaban en pequeños colegios que no pasan los datos, no pasan las cédulas, por lo tanto, para el sistema se pierde. Pero por lo menos están insertos en el sistema educativo. Y después los otros que no lograron sostenerse, empezar a comprender las causas y tratar de combatirlas, intentar reengancharlo en algo. Es difícil porque nosotros lo vamos a buscar, pero después ¿qué hacemos? Inventar un club de bolitas, inventar lo que sea, porque ¿lo vamos a meter al liceo a mitad de año? Los profesores se enojan, pero no lo van a esperar con los brazos abiertos diciendo que los estaban esperando para enseñarle. No. Eso es parte del deterioro de la sociedad uruguaya que hay que combatir.

Yo tengo una lucha, que por ahora voy perdiendo, con las condicionalidades de la asignación. Está muy bien, hay que sacarle, si no mandan al hijo a la escuela, tienen que tener una obligación. Está bien, le saco la asignación y no va a ir a la escuela. Así los problemas por los que no va a la escuela no los resuelve, al revés, se los agravo sacándole la asignación. Es complejo.

Por ejemplo, en el caso de estas madres con niños, algunas van a hacer el proceso y van a salir adelante. Lo vemos: tenemos hoy cantidad de emprendedoras, cantidad de trabajadoras, la mayoría son mujeres siempre, que tienen ahora su huerta orgánica, sus animales… Pero ya sabemos que van a haber otras que necesitan que las acompañemos toda la vida.

De cara al problema de la fragmentación, ¿cuáles serían las dos o tres líneas innegociables que después de estos años de aprendizaje sienten que deberían contemplar?

Nosotros creemos que el propio trabajo permanente es el camino. El MIDES tiene algunos ejes estratégicos para este quinquenio, que están entrelazados, no es que uno sea más importante que otro. Uno es el Sistema Nacional Integrado de Cuidados. El lograr que se entienda que el sistema de cuidados tiene más de una punta, y reconocer el cuidado como un derecho. Que se entienda que todos y todas tenemos derecho a ser cuidados. De hecho, cuando somos niños parece muy normal, ahora, es también muy normal que sea la mamá, y si no es la mamá, es la abuela, y si no la hermana mayor. Ahí tenemos un tema que hace al género, ahora hay más papás que cuidan y que lo ven como algo natural. Por eso las licencias, sin embargo, si agregamos las licencias por paternidad y las de maternidad en el BPS, el presidente del BPS dice “si tú lográs el objetivo de que los padres cuiden, me hacés un agujero en el BPS”. Porque los que piden la licencia paternal en general ganan más que las mujeres que piden licencia maternal. Pero entender también el derecho al cuidado, sobre todo para las personas con discapacidad y con los adultos mayores que no se pueden valer por sí mismos.

Otro, el tema de la descentralización, las políticas ocurren en el territorio, no ocurren en una nube. Y no es lo mismo un lugar que otro. El otro día en Colonia fue claro; no es lo mismo Nueva Palmira y Carmelo que Nueva Helvecia y Colonia Suiza o Colonia del Sacramento y Juan Lacaze. Y lo que hay que hacer en cada uno de estos lugares es distinto. Las sociedades son distintas. El sólo hecho de que no haya un residencial de larga estadía para adultos mayores en el departamento de Colonia que tenga observaciones por parte nuestra o por parte de Salud Pública, es el único departamento. No es lo mismo que si voy a Rivera o si voy al cinturón de Montevideo.

El tema de la segregación territorial es muy grave. El otro día en una actividad con niños, una niña dijo “yo vivo en el Cerrito” o no sé dónde… Y dice la maestra “Sí, porque ella no quiere decir que vive en Marconi. No le gusta decir que vive ahí”. Y yo dije, estamos frente a un problema. Hay que seguir discutiendo, y hay que entender, buscar caminos. Creo que el aporte de los voluntarios y de las organizaciones sociales colabora mucho en este sentido. La colaboración que tenemos, el trabajo colectivo con algunos sindicatos, fundamentalmente con el SUNCA, también nos ha dado un resultado estupendo con los chicos del ex SIRPA: El muchacho que sale a trabajar en un obra y el colectivo lo encierra (en el buen sentido) y tiene un mentor y bueno, que hay que levantarse temprano, cumplir las 8 horas, que la obra es tuya, tú fuiste parte, la pared se levantó con tus manos y aprendiste un oficio, esos jóvenes vemos que no reinciden. Tenemos que apoyarnos en ese tipo de experiencias.

En este momento también existe un gran enemigo: el narcotráfico. Estamos disputando territorios, estamos disputando duro. Nosotros no nos vamos, pero en Tres Ombúes, a uno de los chicos que estábamos atendiendo, trabajando con él desde Jóvenes en red, lo mataron. Se zafó y pasaron, le pagaron un tiro y lo mataron. Ese es un Uruguay nuevo que tenemos que atender de forma urgente.

Otra dificultad es a veces dentro del mismo gobierno. El tema de que ya estamos bárbaro, abatimos la pobreza y abatimos la indigencia y, en realidad, lo que va quedando que vaya para el almacén de ramos generales, que somos nosotros. A veces queridos compañeros y compañeras también dicen: “Ah, pero esos son tuyos”. Yo discutí con un compañero con una larga trayectoria en trabajo social, que me dijo “y bueno, vamos a tener que construir un relato, a ver si nos acostumbramos, porque en las grandes ciudades, en Nueva York, en Berlín, en París también hay gente en calle y la sociedad asumió que hay gente en calle”. Digo, bueno, no sé, tú construirás el relato y yo seré una de las que pelearé contra ti en este relato, yo no quiero asumir que es así.

No podemos permitir la naturalización. Muchas veces llaman al MIDES porque no quieren ver a las personas en la calle. Tenemos 500 mujeres con niños en los refugios de 24 horas, pero como no las ven, no molestan. Ahora, si la tengo en la esquina de casa me molesta porque no la quiero ver. Es parte también de que no quiero asumir que tengo este problema, que la sociedad lo tiene. Yo también soy parte del problema. Todos somos parte del problema. En eso estamos y está difícil. Es una pelea permanente. Por suerte la mayoría de los equipos del MIDES están preparados para este trabajo, por eso están en el MIDES y no están en otro lado. Muchos de ellos podrían irse a trabajar a otro lado porque tienen capacitación, han hecho posgrados, maestrías, y siguen en el MIDES. Esos son los vocacionales, son los que precisamos.

¿Cuál ha sido la participación de las iglesias, de los grupos religiosos, en la acción social?

En general están en todos lados y trabajamos juntos. Voy a ser clara, trabajamos muy bien desde el principio con las iglesias católicas, con organizaciones vinculadas a la comunidad judía, y también con los que participan de la Iglesia de los santos de los últimos días en los temas de ayudas técnicas para la discapacidad. No tuvimos la misma suerte con las iglesias pentecostales, que utilizan a las personas y piden apoyo para hacer un trabajo de otro tipo. Hemos tenido debates con una serie de pastores, por ejemplo en la Ciudad del Plata, que están muy extendidos y pedían apoyo para poner merenderos. No, porque es otra cosa, no es trabajo en conjunto, que es a lo que apuntamos. Después en el trabajo conjunto podemos tener una opinión, podemos tener otra, podemos debatir, eso es parte del trabajo colectivo, pero esfuerzos individuales y descoordinados, no. Este tipo de iniciativas se están extendiendo de manera alarmante.

Uno escucha a los muchachos de Remar que venden cosas en los ómnibus decir que no tienen ayuda oficial, insisten en eso. ¿Es cierto? ¿Es porque no la solicitan o por otra razón?

Los de Beraca reciben ayuda del Estado en el sentido de que tienen exoneraciones fiscales, como cualquier iglesia de cualquier culto. El problema con el caso de Remar, por ejemplo, es que los llevan a Salto y si el chico no logra adaptarse o lo que sea, lo sueltan. Entonces nosotros después lo levantamos de la calle. Es complejo. Y a mí me preocupa, porque lo vivimos con una de las compañeras de acá que la hermana estaba con muchos problemas personales y la pescó un culto… Y le generó una dependencia, que es como una lucha que tiene ahora con ella porque les da cosas, saca cosas de su casa, es preocupante. La gente en su desesperación termina enganchada, y por lo que he visto no se trabaja por la autonomía de la persona.

¿Dónde podemos ver el material 10×10 para conocer esas historias que reflejan para ustedes el trabajo de todos estos años?

Pueden verlo en la página web. Allí también tenemos el Observatorio Social de Programas e Indicadores que es muy accesible. Es un sistema de información desarrollado por la Dirección Nacional de Evaluación y Monitoreo que busca promover y apoyar el estudio de los procesos de desarrollo social y bienestar en Uruguay. Yo puedo entrar y ver cuántas personas están en este momento recibiendo asignaciones, o cuántos niños o qué tipo de programas tiene Salud Pública para tal cosa… Es muy amigable. Nosotros presentamos un segundo formato, realizado por la Facultad de Ciencias Sociales, y los que hicieron la presentación, tanto Carmen Midaglia como Juan José Calvo, señalaban que para personas que se dedican al tema población es una joya. Hicieron algunas críticas y sobre ellas seguimos avanzado. Uno entra a la página del MIDES (www.mides.gub.uy), va a ver un loguito que dice “Observatorio social” y ahí puede entrar en los temas que quiera explorar.