Entrevista a Pablo Cayota
La educación y el desafío de superar falsas oposiciones

POR Agustina Marques Preguntas y respuestas Sin comentarios

Pablo Cayota se ha desempeñado como profesor y docente de enseñanza pública y privada, tanto a nivel de educación media como terciaria. También ha cumplido funciones de gestión y dirección en esos ámbitos. Su trayectoria en el sistema educativo uruguayo y su reflexión sobre esta realidad es prolongada y profunda. Tuvo la gentileza de concederle al equipo de OBSUR una entrevista, donde ya en los primeros minutos reveló lo que intuíamos: la pasión por la educación.

 

Pablo, es complejo hablar de educación y de educación en Uruguay, empecemos por algún tema específico. Fuiste nombrado representante de la educación privada en el Instituto de la Evaluación Educativa (INEEd) de 2016 a 2020. ¿Podrías contarnos tu experiencia en este instituto?   

Sí, el INEEd es una institución joven, se crea con la ley de educación (2008). Le hace muy bien al sistema educativo porque es plural y externo al mismo. Además pretende aportar al debate de las políticas evaluando en base a hechos. Hace pocos meses se presentó el segundo informe del INEEd sobre el estado de la Educación, cuya realización está estipulada por ley. Creí que una vez presentado iba a generar mucha polémica, pero para nuestra sorpresa no sucedió. Posiblemente no desató demasiadas disputas, porque está basado en elementos empíricos y no en pensamientos ideológicos. No se puede discutir con los números.

 

¿Cuáles son las principales consideraciones realizadas sobre el estado de la educación en el Uruguay en el Informe?

Hay buenas noticias. Por un lado crece el acceso a la Educación inicial, niños escolarizados a los tres y cuatro años. La escuela es prácticamente universal hace décadas, pero esto se mantiene. La educación media básica (1°,2° y 3°) crece en acceso y en retención. El gran problema es la acreditación de educación media superior (4°, 5° y 6°). Es muy baja (40% de la cohorte) y se ha mantenido así a lo largo de una década. Hay a su vez un problema en los aprendizajes, y la brecha por nivel socioeconómico es enorme. Este 40% en términos generales es un 9% para los jóvenes más pobres de la cohorte. Esto tiene repercusiones societales además de individuales enormes, ya que la mitad de la población de estas generaciones no va a haber terminado la educación media superior que es, por otro lado, la obligatoria estipulada por ley.

Esta tasa de acreditación ha sido superada en los últimos años por muchos países de la región. Chile presenta un 80% de acreditación de educación media superior por cohorte. Argentina un 70%. Muchos países vecinos han mejorado este número salvo Uruguay. Por otra parte el país presenta muchas mejoras sociales en la última década, baja de la pobreza, de la indigencia, mayor igualdad. Sin embargo, este indicador educativo no se mueve. Es muy preocupante. La función de la educación es permitir la mejora de los individuos y estos resultados muestran que la desigualdad no es sólo reproducida por el sistema educativo, sino que es profundizada.

 

Parece acertado entonces considerar, por este número tan bajo de acreditación, que el sistema educativo está en crisis.

Totalmente, es un verdadero problema para la sociedad uruguaya. Sin embargo, te admito que así como dimensiono que el problema es muy importante y profundo, tengo esperanza en que las cosas pueden cambiar. Así como te hablé de ese bajo 40% de acreditación que se mantiene estable, que es significativamente menor para los jóvenes más pobres, hay un 10, 15% de jóvenes que logran revertir su situación de origen. Que la superan. Encontrás centros educativos donde estos porcentajes son superiores al promedio, incluso superiores a centros con mejor contexto socioeducativo. Y te encontrás con equipos docentes trabajando arduamente, coordinando entre ellos y gestionando el centro de forma tal que superan muchas desafiliaciones.

En esas prácticas es que se resguarda mi esperanza; en ese porcentaje que, aún en una situación de sistema educativo que reproduce y expulsa, logra superar su situación de origen. No es que no existan los casos, es decir, no es que no pueda hacerse; ¡sí acontece!, hay que sistematizarlo y generalizarlo. Pero para ello hay que generar verdaderos cambios en el sistema. No alcanza con reformar el plan de estudios cada seis años como viene sucediendo, como si fuera una solución mágica. Hay que cambiar la formación de los docentes y la carrera docente. Repensar las condiciones en que se dan las clases.

 

Este año en “Más voces para la educación”, las mesas de diálogo organizadas por UNICEF y el Consejo de Enseñanza Secundaria (CES), expresaste que existían falacias de falsa oposición que no ayudaban en la mejora del sistema educativo uruguayo…

Sí, considero que en el sistema educativo se manejan falacias de la falsa oposición que oscurecen el diagnóstico y, por tanto, imposibilitan la mejora del sistema educativo. Por ejemplo, cuando se expresa que no se puede enseñar en un contexto desfavorable. El 10 o 15% de los casos donde los jóvenes mejoran su situación educativa de origen plantea otra cosa. Si realmente creemos que los jóvenes no pueden aprender en un contexto desfavorable, nos vamos para nuestras casas.

Otra falacia de falsa oposición que aparece en el debate educativo “educación asignaturista o disciplinarista”. Que cada docente sea formado para impartir una asignatura en específico no lo inhabilita a trabajar con otros docentes y generar una enseñanza coordinada. La falsa oposición de “Educación para la vida y educación para el trabajo”. ¡Cómo si el trabajo no fuera parte de la vida!

Está también la falsa oposición de “Contenido o Competencias”. No sabemos qué conocimientos van a necesitar los jóvenes de hoy en el futuro, ni los vamos a saber. Sería soberbio pensar que sí. Pensemos en diez años todo lo que cambió. Celulares, internet, computadoras y todo parece indicar que va a cambiar cada vez en menos tiempo. Por lo tanto, hay que enseñar competencias que les permitan a los jóvenes aprender lo nuevo que necesiten aprender en el futuro. Pero para enseñarles a aprender tenemos que enseñar contenido, eso es claro. No se puede enseñar a aprender en abstracto. Los cambios que estamos viviendo tienen tal magnitud que necesariamente deben impactar en los currículums, en el sistema educativo y en nuestra forma de vivir. Al respecto, no creo que la educación en el país esté sobre diagnosticada. En realidad, estamos recién aprendiendo cómo aprenden los estudiantes. Todos los cambios tecnológicos, culturales, sociales, están impactando muy fuerte en nuestras maneras de enseñar, y sobre todo en las maneras de aprender. Es irresponsable creer que vamos a enseñarles lo que van a necesitar porque no lo sabemos. Tenemos que prepararlos para que puedan aprender aquellas herramientas que van a necesitar.

 

En aquella mesa de diálogo la palabra Competencias generó un importante debate, aunque todos parecían estar bastante de acuerdo con su definición.

Existe una lista de palabras que en la educación uruguaya están “prohibidas”: competencias, sector privado, reforma de Rama, por poner algunos ejemplos. Son como “vacas sagradas” que tiene la educación uruguaya, que son en definitiva argumentos ideológicos que entorpecen la discusión.

 

Tenemos un diagnóstico desalentador o al menos difícil respecto al resultado educativo en Uruguay, en un sistema que le cuesta reformarse, ¿cuáles son los pasos a seguir?

Sí, se refleja en este apenas 40% de acreditación de la educación media superior, que es considerablemente peor para los jóvenes más pobres, que se refleja en brechas de aprendizaje importantes. En un sistema educativo que ha tenido muchas dificultades para replantearse. Pero pese a todo, este panorama que muestra muchos nudos y una verdadera crisis, como dije anteriormente, creo que hay esperanza en el asunto.

En primer lugar, estamos en crisis. Tocamos fondo con este tema, hay un problema que es importante y que ha perdurado en el tiempo. Se han intentado alternativas que fracasaron, tocamos fondo. Hay algo bueno en tocar fondo, y tocar fondo colectivamente, ahora sólo se puede mejorar.

Otro resabio de esperanza que detecto es que desde la reapertura democrática, tres partidos estuvieron en el gobierno, realizaron aciertos y errores en materia educativa, los tres. Esto parece mostrar que no va a haber un Varela del siglo XXI que llegue y reforme toda la educación y creo que es lo mejor. Vamos a tener que reformar el sistema educativo uruguayo mediante más construcción en equipo, más pluralidad. Otra luz de esperanza que veo y que mencioné, hay docentes que “a nivel micro” han logrado estos cambios que el sistema necesita. Es decir que es posible.

Sumado al llamado bono demográfico. Las cohortes son más chicas porque los uruguayos tienen cada vez menos hijos, lo que hace que haya mayor presupuesto educativo por niño aún si están todos dentro del sistema. Esto puede ser una ventaja contextual a la hora de reformar el sistema educativo.

 

Quería preguntarte por el estudio realizado por la OCDE (2013) respecto a nuestro sistema educativo, así como los resultados de las pruebas PISA que se realizan cada tres años, por citar algún ejemplo ¿Cómo recibe el sistema educativo y la sociedad uruguaya en general este tipo de insumos de origen internacional?

Considero que como país nos falta una cultura evaluativa. En general, pero en educación cuesta especialmente. Respecto a estos insumos internacionales, hay que considerar que no hay que irse a los extremos, no es ni la radiografía total de la realidad educativa uruguaya ni es la imposición ni el lavado de cerebro que viene desde el imperio. A nivel nacional son cada vez más los esfuerzos de realizar una evaluación rigurosa y sistemática. En el INEEd comenzó a funcionar Aristas que es un programa cuyo objetivo es evaluar desempeños en lectura y matemática de los estudiantes de tercero y sexto de escuela y tercero de media, con foco en los conocimientos y capacidades que el sistema educativo uruguayo se propone que alcancen sus estudiantes, por poner un ejemplo. En economía, salud, tránsito, seguridad y en otros ámbitos estatales el monitoreo es más aceptado, el conteo de muertes por accidentes de tránsito, de hurtos y rapiñas, la inflación. Es inimaginable para el sistema uruguayo actual un reporte mensual o semanal de los jóvenes que se desafilian del sistema educativo. Es necesario que avancemos a construir una cultura evaluativa. Creo que vamos avanzando de a poco.

 

Te has desempeñado en el ámbito público y en el privado. ¿Cómo vez esta coexistencia? ¿Existe oposición o hay diálogo? Porque ambos componen el sistema educativo uruguayo.

Considero que lamentablemente no se ha avanzado mucho en ese sentido. Retomando la idea de las “vacas sagradas” en el discurso educativo, esta es una de esas vacas sagradas, y pido disculpas por la crudeza de la analogía, creo que hay que carnearla.

No me gusta hablar de educación pública o privada. A la llamada comúnmente educación pública yo la llamo estatal. El primer ministro en educación de Lula, Profesor Cristovam Buarque, ex rector de la Universidad de Brasilia, que en paréntesis no se le juzgó por ningún caso de corrupción, tenía esta idea. No puede considerarse una educación pública o privada únicamente desde la gestión, tienen que considerarse los resultados. ¿Qué educación es más pública; la de una universidad estatal que forma médicos que hacen cirugías estéticas para la población más rica del país o la de una universidad privada que forma médicos que trabajan en policlínicas de barrios carenciados? Se ningunea mucho al sector educativo privado, pero ha tenido aportes invalorables para el país. Fue un gran resguardo durante la dictadura de muchos docentes, que luego fueron claves para la reestructuración del sistema educativo en todos sus niveles en el país. Ha generado innovaciones que luego se incorporaron al sistema estatal, como las actividades recreativas y de campamentos, la educación sexual. Los actores del sistema educativo estatal deben darse cuenta que el sistema educativo privado enriquece al país; y el sistema privado tiene que saber que una mejor educación estatal es mejor para la calidad de todo el sistema educativo. Se necesita trabajar en conjunto, sin desprestigiarse y aceptando la pluralidad.

Otra nota respecto a las instituciones que imparten educación media privada. Los resultados de las pruebas PISA muestran que si se controla por nivel socioeconómico, el tipo de centro (si es público o privado) deja de ser significativo en los resultados de los aprendizajes. Esto se ha utilizado para expresar que la educación privada no le aporta nada al estudiante respecto a la educación estatal y los padres están básicamente tirando la plata. Sin embargo, creo que esa lectura es errónea ya que este análisis no considera cuántos estudiantes de la cohorte hay en uno y otro centro. Los centros estatales son más expulsivos, por tanto PISA capta los resultados de aquellos que se mantienen en el sistema educativo, mientras que el sector público retiene a los estudiantes que el sector estatal expulsa. Este tipo de resultados muestra que no es significativo pero no muestran que están más seleccionados en el sector estatal, por tanto sí es significativo el esfuerzo que se hace en el sector privado respecto a la retención de los estudiantes. No quería dejar de decirlo porque creo que se dan prácticas educativas y de gestión en los centros privados que tienen mucho para aportar al sistema educativo uruguayo.

 

Para terminar, Pablo, en vistas de que vamos hacia el tercer Congreso Nacional de educación. La ley de educación del 2008 planteó convocar al primer Congreso. ¿Qué experiencias has tenido en los dos anteriores y qué expectativas tenés para este tercero?

Creo que es positiva toda la preparación previa de insumos para el Congreso. La idea es que la participación sea plural, por tanto muchas instituciones educativas de distinta índole preparan documentos. Eso tiene un gran valor en sí mismo.

Sin embargo y lamentablemente, la instancia en sí se vuelve política. Se toman resoluciones en el marco del Congreso, una síntesis muy difícil de hacer, con discusiones muy complejas y en poco tiempo. Entonces se da un despliegue de política y de obtención de votos que es contraproducente. Creo que lo mejor sería no resolver de esa forma las resoluciones, pierde el sentido.

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