ESPIRITUALIDAD Y ÉTICA DEL CUIDADO

POR Rosario Hermano Espiritualidad Sin comentarios

Desde Carta Obsur me pidieron si podía compartir y reflexionar sobre la espiritualidad del cuidado, concretamente me dijeron, “sabemos que son temáticas que te interesan y por ello te lo queríamos proponer”. En esa zona de semi-inconsciencia cuando uno da el sí, sabiendo luego que tendrá que sacar tiempo de donde no lo tiene, para intentar compartir algo, sentía que era un tema que me interesaba, pero no sólo conceptualmente o desde la educación o la ética sino vitalmente.

Soy mujer y  por ello en mi ‘hacer y ser’ está absolutamente introyectado el cuidado como parte de las tareas “propias de mi género”, es decir una experiencia que históricamente la mayoría de las mujeres hemos vivido en nuestro hogar, en nuestra familia y educación. Por lo tanto no se trata de un rasgo esencial –algo exclusivo de la constitución de la mujer– sino histórico, construido y esto es importante clarificarlo. En mi caso particular asumí con mucha naturalidad y con pasión las relaciones de cuidado como si estuvieran en mi vida integradas desde tiempos inmemoriales, pero me fui dando cuenta que es una experiencia abierta a todo ser humano especialmente a aquellos que están en posición de cuidar y educar a otros. La ética del cuidado me fue trayendo la respuesta al afirmar que lo más importante para la construcción ética es “la creación de relaciones de cariño y cuidado en el cual el niño y la niña se sientan desde la más tierna edad que son cuidados y aceptados”[1].

Intentando buscar el origen del “cuidado” podemos decir que  es connatural a la existencia humana. Desde que nacemos hasta que morimos las relaciones que establecemos con los otros son de amor y cuidado esencial. Es el cuidado el que permite el origen de la vida, de la preservación de todo lo viviente y del futuro para el mundo humano y natural. Somos hijos del cuidado y trascendemos al cuidarnos y al cuidar a nuestra madre tierra con todos los seres que la habitan.

Como lo menciona Leonardo Boff  “lo original para el ser humano es el cuidado que fue el primero que moldeó al ser humano. El Cuidado lo hizo con «cuidado», con celo y devoción, o sea, con una actitud”.[2] El Ethos, que ama y cuida, es sin duda liberador y sanador y nos compromete a construir una nueva humanidad desde el cuidado amoroso.

Cuidar es, por tanto, mantener la vida asegurando la satisfacción de un conjunto de necesidades indispensables para la vida, pero que son diversas en su manifestación. El cuidado ético involucra la interacción y el contacto existencial entre dos personas, en el que media una solicitud, en el que hay unión entre las personas, como parte de la relación humana.

La ética del cuidado compasivo, según lo han manifestado distintos autores, se basa en la comprensión del mundo como una red de relaciones en la que nos sentimos inmersos, y de donde surge un reconocimiento de la responsabilidad moral y social hacia los otros. Para ella, el compromiso hacia los demás se entiende como una acción en forma de ayuda empática y solidaria. Una persona tiene el deber humano de ayudar a los demás; si vemos una necesidad, nos sentimos obligadas a procurar que se resuelva. Se trata de una experiencia de profunda humanidad.

El cuidado o el cariño no es una virtud personal que se adquiere a través del hábito de ayudar a otros. El cuidado es una cualidad de la relación entre dos personas en donde una es la que cuida y la otra es la  que responde a ese cuidado, alternándose entre adultos de acuerdo a las circunstancias y necesidades.

En el contexto de la ética del cuidado, la educación es un instrumento fundamental y se entiende como el proceso por el cual se desarrollan las capacidades necesarias para nutrir relaciones humanas de cuidado. Cualquier propuesta educativa debe basarse en una ética de la preocupación o del “cuidado por el otro“. Esta ética se entiende como una tendencia a responder a las necesidades legítimas de los demás, una actitud que centra al “otro” en el foco de nuestras motivaciones. El preocuparse por el otro es una experiencia que pertenece a todo ser humano, especialmente a aquellos que están en la posición de cuidar y educar a otros/as, como los docentes para cuyo ejercicio profesional es condición fundamental el mostrar preocupación genuina por los demás. Este sentimiento de preocupación genuina por los otros contribuye a construir el sentido de comunidad.  El cuidado es una relación amorosa con la realidad, es la relación de sentirse involucrado con ella.

Desde esta perspectiva la espiritualidad del cuidado es una espiritualidad universal, común a todos los vivientes, basada principalmente en los derechos y valores humanos, en la ética humanista. Es una espiritualidad que se toma en serio lo humano y el respeto a la tierra y los recursos naturales.

Todo es gracia de Dios, hasta la capacidad de reconocerlo. Pero tal vez la gracia mayor es como ese Dios escoge relacionarse con los seres humanos. Nunca con una actitud impositiva o amenazadora, sino siempre propositiva, siempre postulando que el hombre, la mujer, sus hijas e hijos amados, construyan una vida de realización plena, de felicidad que sólo es posible en comunión y reciprocidad.

Los seres humanos estamos ligados al tronco que sustenta nuestra realidad y recibimos la fuerza necesaria para vivir la caridad, para ser misericordiosos para vivir la compasión y el cuidado.

Para los cristianos Dios es el  que continúa creando, nutriendo, alimentando, cuidando y participando de la vida y la creación, que ama al ser humano a tal punto de hacerse uno de nosotros. Ese Dios que, literalmente, da sentido y posibilita toda y cualquier realización humana.

La espiritualidad del cuidado por lo tanto se profundiza en la relación de encuentro y reciprocidad, esa relación que nos transforma, que nos permite crecer en humanidad.

Finalmente, la ética y espiritualidad del cuidado y la compasión se centran en el establecimiento de relaciones de cuidado amoroso con los que están cerca de nosotros (personas y mundo natural) para irlas extendiendo gradualmente hacia todos nuestros espacios. Aprender profundizado en el cuidado y la compasión como práctica social de convivencia y construcción social y como fuente básica de satisfacción de necesidades humanas. Todo ello se funda en una visión que se fundamenta en la emoción profunda de ser y existir con otros, como aquello que realmente mueve al ser humano a obrar de manera ética y amorosa.

[1] Nel Noddings “Educar a las personas morales en el cuidado una alternativa a la educación del carácter” Teachers College 2002 New York.

[2] Boff, Leonardo “Ètia mundial: un consenso mínimo entre los humanos” Casa de América 2000 Madrid.