La centralidad del Amor

POR Leonardo Vernazza Espiritualidad Un comentario

En los últimos números estuvimos reflexionando sobre el camino de unificación espiritual. Partimos de la
hipótesis de que una sociedad fragmentada es el resultado de personas fragmentadas, divididas, y
postulamos la unificación espiritual como antídoto de la fragmentación.
En el último número, presentamos la propuesta de Anselm Grûn de vivir una espiritualidad desde abajo,
es decir, una espiritualidad que desciende hasta nuestras heridas y debilidades, y asciende a Dios a
partir de allí. El paso siguiente era presentar la propuesta de Amedeo Cencini, de la Cruz como
elemento unificador. Pero en este tiempo he vivido un proceso de encarnación. Hoy siento que muchas
cosas que defendía eran abstracciones, que trataba de acomodar a la realidad. Pero como dice el Padre
Cacho, “la realidad tira abajo todos los esquemas”, y llegué a una conclusión que puede sonar simplista,
pero está sólidamente fundamentada: lo único capaz de unificarnos es el amor, tal como lo vemos
entregado en la Cruz, tal como nos lo presenta San Pablo en su hermoso himno del capítulo trece de la
primera Carta a los Corintios.
Volvamos a Cencini. Él nos propone poner la Cruz en el Centro. Él propone que nada hay en nuestra
historia más unificador que la Cruz de Jesús, ya que, en ese momento, Jesús abraza nuestra oscuridad,
nuestra violencia, nuestro dolor, sufrimiento y muerte. Los abraza y los redime, y al resucitar nos los
devuelve convertidos en luz, amor y paz. Por esto, Cencini plantea la Cruz como punto de reconciliación
de los opuestos. Siendo el acontecimiento más absurdo de la historia – matamos al que nos creó, al que
más nos ama – el poder y el amor de Dios lo llenó de sentido. De esta manera, a la luz de la Cruz, toda
situación humana, por más absurda que sea, recibe un sentido por el amor de Dios. Ésta es la
experiencia de San Pablo, y por eso, “La Palabra de la Cruz” como él la define, es el elemento central
de su teología, al punto que llega a expresar “Dios me libre gloriarme de otra cosa que no sea la Cruz
de Cristo” (Gál. 6,14).
Pero, ¿qué es la Cruz de Jesús? No es otra cosa que el Amor de Dios, fiel hasta las últimas
consecuencias. De allí, que hagamos la transposición y digamos que es el Amor, el centro de nuestra
vida, el único capaz de unificarnos. Hablamos del Amor con mayúscula, el que nos muestra Jesús con
sus gestos, palabras y actitudes.
El Amor de Dios responde las cuatro preguntas fundamentales de la humanidad:
– ¿Por qué existimos? Porque Dios nos ama. Él amó nuestra existencia aún antes de la Creación del
mundo, como nos dice el himno de Efesios (Ef. 1,4), o como nos dice el profeta Jeremías (Jer. 1,5). Y
en el libro de la Sabiduría nos dice que Él sostiene nuestra existencia en su Amor, y nada existiría si no
fuese sostenido por Él. Hay personas que se dicen a sí mismas “accidente de la naturaleza”, producto
de una borrachera, de una “inconsciencia”, etc.; pero esto no es así. En lo más profundo descubrimos
que existimos porque Dios ama nuestra existencia. Es Él, el que nos llamó a la existencia. Existimos
porque somos amados.
– ¿Para qué existimos? Para amar como Dios nos ama. Lo sabemos a través de su Palabra, lo sabemos
también por la ciencia: somos seres relacionales, sociales, y la plenitud de esas relaciones es el amor.
Existimos porque somos amados por Dios gratuitamente. “Él nos amó primero”. Pero “el amor de Dios
no sabe vivir sino comunicándose” (Don Baltasar Pardal), no admite ser vivido egoístamente, exige
comunicarse a los demás. El amor nos hace plenos.
– ¿Qué debemos hacer? Amar: ésa es nuestra vocación, como lo hizo Jesús, como nos enseña el himno
de 1 Corintios 13.
– ¿Qué nos cabe esperar? El abrazo del amor: la plena comunión con Dios y nuestros hermanos y
hermanas, y qué es esto, sino la plena felicidad. El conocer este horizonte nos llena de esperanza,
porque sabemos que la última palabra sobre nuestra vida no la tiene la violencia, el sufrimiento, la
enfermedad o la muerte; la última palabra la tiene la vida y el amor de Dios.
Henri Nouwen dice que hay una pregunta que nos angustia. Si los demás conocieran mis aspectos más
oscuros, ¿me seguirían queriendo? Esta pregunta nos llena de miedo, y nos lleva por el camino de la no
autenticidad. Me refiero a que, por temor a ser rechazados, ocultamos nuestros defectos y debilidades,
vivimos una “doble vida”, sintiéndonos fuertemente fragmentados. Sin embargo, el Amor de Dios, es
aquél que nos acepta tal cual somos, porque nos amó primero, antes de la Creación del mundo, antes
de ser engendrados, y hasta el extremo (Jn. 13,1), por completo, íntegramente. Él conoce toda nuestra
vida, y todo lo acepta, nada lo rechaza, a todos los rincones llega la luz y calor de su Amor. Él “me

sondea y me conoce”, “antes de que la palabra llegue a mi boca” (cf. Sal. 139); me ama y me acepta. Su
Amor nos unifica.
Cuando tomamos conciencia de la gratuidad del amor de Dios, y de cómo nos ama íntegramente,
entonces podemos mirar con misericordia nuestras heridas y debilidades, sabiendo que Él no me
rechaza, sino que me abraza con su amor, reuniendo todos los fragmentos de mi vida. Y entonces soy
“otro”; la experiencia de sentirme amado de esa manera me sana, y me genera la necesidad de
comunicarlo a los demás. ¡Ay de mí, si no anunciara el poder sanador del amor de Dios!
Una vez que experimento este amor, me siento llamado a amar de la misma manera, a aceptar a los
otros con sus defectos y virtudes, a compartir esta experiencia sanadora. Y me convierto en un “sanador
herido”, en palabras de Henri Nouwen, generando círculos concéntricos de sanación, como quien arroja
una piedra en el agua.
Soy amado y aceptado; no tengo nada que esconder. Esta experiencia me unifica. Que el Señor nos
regale a todos esta toma de conciencia de su Amor por nosotros, y de esta manera seamos sanados.

Un comentario

  • Rosa dice:

    Gracias, Leo! Te comento que al principio el elogio de la Cruz me chocó porque vengo de La Rioja por una parte feliz por la reinvindicación de los mártires y por otra con la angustiosa pregunta ¿Pero fue necesario tanto dolor, tanta barbarie, tanta injusticia?
    PERO tu artículo coloca en lugar de la Cruz el Amor y creo que por allí se entiende mejor y armas un artículo MUY BUENO y muy bien fundamentado bíblicamente y con autores que también valoro mucho.
    Gracias por compartir tu experiencia de ser amado y de elegir amar!
    Rosa R

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