La mujer, pilar de la iglesia y de la sociedad en América Latina

En realidad, “La mujer, pilar en la edificación de la Iglesia y de la sociedad en América Latina”, fue el tema que trató la última Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), realizada entre el 6 y el 9 de marzo. La CAL fue creada en abril de 1958 por el Papa Pío XII y está normalmente presidida por el Prefecto de la Congregación Consistorial o de los Obispos, en la actualidad el cardenal canadiense Marc Ouellet. Está constituida, además del staff permanente en Roma, por varios cardenales y obispos nombrados por el Papa y en su gran mayoría latinoamericanos. El secretario de la Comisión es Guzmán Carriquiry, primer laico en ejercer esa responsabilidad. Y el cardenal Daniel Sturla es uno de los miembros.

 

En la Asamblea tuvo una de las ponencias centrales la Dra. en Historia Ana María Bidegain, coloniense, antigua militante del MCU-Parroquia Universitaria que emigró a Colombia a inicios de los 70. Conocida en nuestro continente sobre todo por sus reflexiones en el rescate del aporte de las mujeres, religiosas y laicas, en la vida y transformación de la Iglesia latinoamericana. Actualmente es profesora en la Florida International University. Ella misma nos comparte sus impresiones recogidas en la reunión romana y nos plantea algunos desafíos. Para quienes quieran conocer más, pueden ver en la página web de la misma CAL un documento con primeras conclusiones, que incluye algunas recomendaciones pastorales (https://www.americalatina.va/content/dam/americalatina/Plenarias/Plenaria2018/Recomendaciones_Pastorales_2018.pdf). Ana María nos envió también su ponencia en la Asamblea, demasiado larga para ponerla en nuestra Carta, pero que les acercaremos apenas decidamos un lugar para subirla.

 

 

Reflexiones sobre mi participación en la Asamblea de la CAL

 

Ana Maria Bidegain

 

 

No es mi intención repetir lo que dije en Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, días pasados. Tampoco pretendo resumir la reunión, pero sí voy hacer el esfuerzo de señalar algunos puntos que nos permitan continuar la reflexión.

 

Abrir la discusión sobre la mujer en la edificación de la sociedad y la iglesia en América Latina fue iniciativa del Papa, tanto en lo que hace referencia al tema, como al hecho de que fuéramos invitadas una docena de mujeres latinoamericanas, con una gran diversidad de experiencias y formación, para que dialogásemos con los cardenales y arzobispos que conforman la Asamblea Plenaria de la PCAL.

 

¿Cómo entender esta preocupación? Creo que se inscribe en el esfuerzo que ha venido haciendo de retomar aspectos esenciales del Concilio Vaticano II que habían quedado, digamos, rezagados y que al mismo tiempo nos obliga a retornar a las fuentes, al Evangelio y al inicio de las primeras comunidades cristianas.

 

Creo que, por eso mismo, también se inscribe en un esfuerzo porque repensemos realidades y maneras de vivir, que hemos incluido en nuestra experiencia religiosa, en algún momento histórico, pero que dada su larga duración consideramos como inamovibles, como absolutos que no pueden cambiarse porque siempre han sido así y son temas y problemas que están petrificados. Son los temas esenciales de su Pontificado que ponen muchas cosas en cuestión y nos trae una manera aparentemente nueva, pero que en el fondo es una manera de retornar al Evangelio a lo fundamental de nuestro cristianismo

 

En el caso del tema de la mujer, que creo no es la mujer “esencializada”, sino la mujer en su relación con el varón o mejor las mujeres, en su diversidad, que son la mitad de la humanidad, en su relación con la otra mitad. En ese sentido nos llama a retomar la propuesta de Jesús, que rompiendo con las costumbres culturales de su época trata a las mujeres de manera igualitaria, amistosa, respetuosa nunca denigrante y mucho menos minusvalorándolas.

 

Papa Francisco propuso, en la audiencia que tuvimos para presentarle nuestras conclusiones, que para pensar teológicamente lo que llamó “el misterio de la mujer” debemos remontarnos al Génesis no sólo para afirmar que hombre y mujer somos imagen y semejanza de Dios sino para entender ese “estupor, éxtasis, estupefacción, asombro” que siente Adán cuando se encuentra con EVA y la descubre como su igual, carne de su carne, hueso de sus huesos. No por provenir de la costilla sino por el estupor de encontrarse con su otra mitad y sentir que ambos conforman la humanidad. Un llamado a seguir profundizando en la perspectiva teológica que se abrió desde hace varios Pontificados y que en la reunión se buscó retomar y buscar cauces para seguir profundizándola.

 

La reunión se inició con dos conferencias de corte histórico, la de Guzmán Carriquiry https://es.zenit.org/articles/97678/ y la mía que adjunto. Otras dos de corte teológico.

 

El Cardenal Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara en su conferencia retomó las reflexiones de Juan Pablo II sobre la teología del cuerpo y sobre la mujer y los llamados de Papa Francisco en sus diversas catequesis y exhortaciones donde ambos enfatizan la ruptura, la alteración de aquella originaria relación entre el hombre y la mujer, “la unidualidad relacional” del ser humano creado hombre y mujer a su imagen y semejanza que construyen una identidad y una diferencia entre el varón y la mujer. Sin embargo, la complementariedad y reciprocidad constitutivas se encuentran “heridas y desfiguradas” a pesar del reconocimiento a la enorme fuerza y presencia femenina en el presente y en el pasado en la Evangelización Latinoamericana.

 

Central en la reunión fue la presentación del Cardenal Marc Ouellet sobre el don, la reciprocidad y la fecundidad, como tres conceptos que expresan lo esencial del Amor y de la Comunión Trinitaria. https://es.zenit.org/articles/card-marc-ouellet-la-mujer-a-la-luz-de-la-trinidad-y-de-maria-iglesia/ Desde la apertura en la homilía de la primera misa el Cardenal propone un esfuerzo real de conversión que mostró la seriedad con que el tema quiere ser encarado. Como también el pedido de perdón a las mujeres por tantas faltas y abusos cometidos contra ellas.

 

Papa Francisco hizo hincapié en que no podemos pensar la problemática de las mujeres desde la funcionalidad que deba cumplir sino desde su humanidad como tal. Haciendo referencia a pensar el problema históricamente e interdisciplinariamente.

 

En ese sentido fue parte de mi aporte para mostrar que las sociedades y la iglesia cristiana habían hecho la definición de los roles de la mujer no porque se basaran en las enseñanzas, mensaje, modelo y propuestas de Jesús, sino por la funcionalidad, que debía cumplir la mujer en un momento histórico determinado, al inicio de la modernidad. Es decir, orientar toda su energía a la maternidad, y no es por acaso que es recién en el siglo 16 que se establece canónicamente el matrimonio en el Concilio de Trento.

 

Lamentablemente, aunque el kerigma cristiano fue portador de dignidad para la mujer, por ser también hija de Dios, hecha a su imagen y semejanza, y Jesús dio el ejemplo de un trato respetuoso, cercano e igualitario, confrontando las culturas judía, griega y romana de su época- con el correr del tiempo, esta perspectiva tan central del mensaje de Jesús, se había prácticamente olvidado. Las autoridades cristianas occidentales, religiosas y laicas establecieron un patrón femenino, orientados por la función que las mujeres podrían cumplir en la sociedad para establecer estructuras estables, NO por las enseñanzas aportadas por Jesús. Por eso ligaron estrechamente o más bien definieron el modelo de mujer basados en las ideas que tenían sobre la sexualidad en esa época y cómo debía ser regulada de acuerdo a las circunstancias y necesidades históricas. Reglamentar la sexualidad, sobre todo lo referente a la procreación, sea para disminuir o para aumentar la población, según las necesidades de la época, se convirtió en objeto de preocupación política y religiosa, y ha sido recurrente a lo largo de la historia hasta nuestros días. Lo que pudo ser necesario en su momento no significa que lo siga siendo hoy y es menester reflexionarlo y proponer los cambios que sean pertinentes para ayudar a restablecer ese diálogo fundamental entre varones y mujeres roto por la inequidad en esta relación fundamental.

 

Para el caso concreto Latinoamericano, la reflexión sobre las mujeres (porque somos muchas y diversas) Papa Francisco propone se haga desde la perspectiva del mestizaje, y como parte esencial del pueblo. Lo entiendo como la propuesta de repensar la historia latinoamericana también desde el protagonismo de las mujeres y recuperando lo que es propio y esencial de nuestra identidad latinoamericana, nuestro gran mestizaje cultural, recuperar y reconocer nuestra matriz cultural donde enraíza nuestro catolicismo, dándole una peculiaridad a nuestra experiencia religiosa.

 

En los paneles conformados por una expositora invitada y por un cardenal o arzobispo, se profundizaron aspectos concretos y desafiantes. Sólo voy a comentar algunas ideas que recuerdo, sobre todo de lo dicho por las mujeres. Espero que pronto la PCAL saque las conclusiones y publique los aportes.

 

La Socióloga María Lía Zervino, Servidora, Secretaria General de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas mostró que aproximadamente un millón de mujeres en América Latina son agentes de pastoral comprometidas en la educación religiosa y la catequesis. Mujeres caracterizadas por su fe, coraje y sensibilidad, unidas al tiempo, con mayor unidad interior y especiales atributos para unir el tiempo y la eternidad y por tanto capaces de mostrar y trasmitir el Amor Trinitario. Aunque las iglesias locales dan la formación a estas mujeres de acuerdo a sus posibilidades hoy sería posible por medio de la tecnología ofrecer ciclo formativo de nivel universitario para docentes de escuelas primarias, portal educativo catequístico y una formación virtual para el liderazgo de las mujeres cristianas intensificando la formación de mujeres que cumplen un papel esencial en la evangelización. María Lía retomando varios desafíos propuestos por Papa Francisco propone posiciones en la iglesia que podrían ser ocupadas por mujeres, no como floreros ni por ansias de poder, sino por ser idóneas y tener un sentido de servicio tanto en las organizaciones diocesanas como en la misma Santa Sede. Concluyó retomando la solicitud del Santo Padre de 2013 de elaborar una profunda teología sobre la mujer a fin de reflexionar sobre su función dentro de la Iglesia, si no sería menester incluir entre las conclusiones de la Plenaria un Sínodo sobre las mujeres en la Iglesia. Propuesta que fue acogida por la Asamblea y retomada en las discusiones por los Cardenales, y presentada al Papa Francisco en la Audiencia Final.

 

Conmovedora, llena de luz y sabiduría fue la ponencia de la hermana Hna. Mercedes L. Casas, Hija del Espíritu Santo, presidenta de la CLAR. Habló desde la solidaridad de la vida consagrada femenina con los pobres y al cuidado de la Casa Común. Ellas están allí, sin hacer ruido, pero no en silencio, en los espacios donde muchas veces los hombres del estado o de la iglesia no se animan o no pueden llegar, donde los más necesitados reciben consuelo y buscando poner armonía en cada lugar. La vida religiosa femenina ha sido invisibilizada en la historia de la iglesia y en la historia, la sociología o cualquier análisis sobre la realidad latinoamericana. Sin embargo, su presencia no sólo es numérica, aunque hay que decir, que son aproximadamente tres veces más que el clero regular y secular reunidos; sino que su presencia ha sido significativa en muchísimos campos, posibilitando la modernización y casi la única educación para las mujeres hasta bien entrado el siglo XX,  curando enfermos y heridos de tantas guerras y conflictos, atendiendo a migrantes, refugiados y desplazados, a mujeres y niños sometidos a la trata, la prostitución, a los presos y presas en las cárceles, a las comunidades más vulnerables y olvidadas de pueblos indígenas y afrodescendientes, a enfermos de VIH /SIDA, a mujeres abandonas y a familias de víctimas de feminicidio y violación de todo tipo de Derechos Humanos, educando para la descolonización de las conciencias. Hoy, según los datos duros aportados por encuestas independientes, son el rostro más querido y valorado de la Iglesia Latinoamericana, por encima de otros agentes religiosos y del laicado, como lo señaló la doctora María Luisa Aspe.

 

Referente al tema sobre la mujer pilar en la familia y el cuidado de la vida, el Cardenal Rubén Salazar, arzobispo de Bogotá y actual presidente del CELAM, mostró su preocupación por las confusiones y tergiversaciones sobre la temática, las incongruencias en los discursos en defensa de la vida, que llevan a hacer alianzas políticas a cualquier costo.

 

La riqueza de los paneles fue muy significativa, se analizaron temas como la necesidad de fortalecer la presencia de las mujeres en la vida política, los desafíos a los que se ven constreñidas en el mundo del trabajo, la violencia a la cual se enfrenta tanto en el espacio doméstico, donde se producen el mayor número de feminicidios, como en el social donde las mujeres ocupan el liderazgo de muchos movimientos sociales. La doctora Susana Nuin mostró con datos contundentes la situación laboral de las mujeres en América Latina y el Caribe. Las mujeres han trabajado desde siempre pero su trabajo no ha sido reconocido y ahora que han sido incluidas en el mercado laboral la retribución es menos del 50% de lo que se les paga a los hombres. A parte de los abusos relacionados con una paga injusta las mujeres deben sufrir en muchas ocasiones la violencia y atropello sexual de sus jefes. El trabajo oculto y bendecido en las propias estructuras de la iglesia, también fue señalado, así como la posición del Papa Francisco en referencia a este tipo de tratamiento que exige el cambio de actitud y valoración del trabajo de las mujeres en la iglesia.

 

El panel sobre la mujer pilar en la edificación de la iglesia fue muy desafiante en particular por las propuestas claras realizadas por la Sra. Alejandra Keen von Wuthenau, sobre las mujeres en el gobierno de la iglesia, en puestos de responsabilidad. Mostró, que a pesar de los discursos y de la claridad conceptual, desde hace varios pontificados y desde el Concilio Vaticano II, poco se ha hecho por cambiar esta situación que contrasta radicalmente con lo que sucede en el ámbito civil, a pesar de todas las dificultades. Propuso a los obispos presentes romper con la inercia incorporando mujeres en los ámbitos de gobierno de las diócesis e instituciones diocesanas para que cambien el paradigma formando y capacitando a las mujeres que puedan colaborar con ellos y las incluyan en sus tareas.

 

Como les dije no es mi cometido hacer un resumen de una reunión riquísima en contenidos sino compartir algunos puntos. Pero sobre todo vine con una preocupación que quiero compartirles y con ello concluyo.

 

Como laicado y parte del pueblo de Dios creo que no es más tiempo para quedarnos esperando lo que la jerarquía pueda o no proponernos. Poseemos una autonomía relativa y debemos ejercerla.  Creo que sin desconocer un ápice el rol en la iglesia de cada quien, también tenemos un derecho o quizás más bien un deber de aportar en aquellos temas en los cuales podemos ser competentes y ante los cuales la iglesia se siente desafiada, muy particularmente los que estamos en la Academia.  Investigar reflexionar, discutir sobre aquellos problemas que Papa Francisco nos pide una conversión y un acercamiento a vivir más acorde con el Evangelio. Desde el cuidado de la casa común hasta las relaciones entre hombres y mujeres, pasando por la defensa de los derechos humanos, los derechos de migrantes y refugiados, la búsqueda de armonía en las relaciones internacionales y la paz entre y en las naciones.

 

En ese sentido, y si la propuesta de un sínodo sobre la mujer prospera, deberíamos ir preparando subsidios que puedan alimentar las discusiones y dar a conocer nuestras opiniones e ir favoreciendo paulatinamente un cambio de paradigmas en lo que hace referencia a las relaciones y muy especialmente a un nuevo diálogo entre varones y mujeres desde propuestas interdisciplinares. Así como sobre este tema el debate está abierto existen muchísimos otros a los que Papa Francisco nos convoca y es mucho lo que podemos aportar y hacer para demostrar nuestra consonancia con sus propuestas y modelo de ser iglesia. En la mayoría de estos temas somos los laicos los especialistas, por nuestra formación, pero también trabajo y experiencia, y quienes debemos aportar al debate de estos temas abiertos al en el seno de la Iglesia.

 

Otra preocupación que tengo es la existencia de una oposición al Papado bastante organizada, y con muchos recursos, que día a día busca socavar sus propuestas y liderazgo. Creo que en este sentido los que apreciamos sus orientaciones, deberíamos propiciar un movimiento contrario. Por empezar hay que quebrar la dispersión que hemos vivido en las últimas décadas en los movimientos de base e ir creando una sinergia de apoyo, una red de redes, (Amerindia, Asset, MIIC, Comunidades de Base, etc) para apoyar las propuestas del Papa Francisco promoviendo debates, foros, difusión en redes sociales de temas que para nosotros son vitales y que además no sólo atañen a la feligresía católica sino a toda la humanidad. Dada la caótica situación que vivimos en términos de liderazgo internacional, la voz del Papa es cada día más solitaria, pero al mismo tiempo crece su importancia por su mensaje ético, que lo engrandece como líder mundial, pero que necesita un apoyo claro de quienes valoramos sus propuestas.

 

Saludos afectuosos y que la Pascua haya renovado profundamente su fe, esperanza y vocación de servicio.



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