Los “divagues” de Jerónimo

POR Jerónimo Bórmida Hechos y dichos Sin comentarios

Dos por tres aparecían en la bandeja de entrada del correo de OBSUR los benditos “divagues” de Jerónimo Bórmida. Este calificativo que él daba a sus escritos refleja el espíritu inquieto que necesita de palabras para entender la realidad. Jerónimo disfrutaba navegar entre las palabras para llegar a nuevos puertos. Pero sobre todo disfrutaba el hecho de compartir sus búsquedas y hallazgos. Muchas veces quisimos publicar los divagues que nos enviaba, pero siempre excedían el número de páginas previstas para una publicación de este estilo. Es que las reflexiones de Jerónimo siempre desbordaban lo previsible. Este año, para no extrañarlo tanto, decidimos publicar fragmentos de estos envíos para escucharlo en primera persona, cosa que siempre es placer y aprendizaje. Decidimos empezar con el “Divague sobre el planeta tierra”, ya que el cuidado del planeta fue uno de los temas que más lo convocó en estos últimos años.

La Redacción

Carta encíclica “Alabado seas” del santo padre Francisco

EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN

Jerónimo Bórmida, 2015

Doctrina social

La que se da en llamar “doctrina social” de la iglesia aparece a fines del siglo XIX con León XIII en su Rerum novarum, que encara la situación de los obreros, ya instalada la llamada “revolución industrial”. La carta se inicia alertando por despertar del prurito revolucionario que desde hace ya tiempo agita a los pueblos, con un afán de cambiarlo todo…

Los destinatarios de la Encíclica son los obispos a quienes alerta sobre la situación de los obreros, así como ya lo había hecho con sendas cartas sobre el poder político, sobre la libertad humana, sobre la cristiana constitución de los Estados y otros asuntos que consideró oportunos. El papa creyó necesario continuar su magisterio sobre el poder político, la libertad humana, la cristiana constitución de los Estados y otras parecidas, queriendo así refutar los sofismas de algunas opiniones.

Afirma, por ejemplo, que la fuerza de trabajo del hombre no sea considerada una mercancía, reconoce el derecho de los trabajadores a constituir sus propias asociaciones (Derecho a la Asociación laboral), se insta al Estado a reconocer, por ser natural, el derecho al descanso dominical, condena el trabajo infantil, brega por la protección a la mujer trabajadora, por un justo salario, por la previsión social. Condenando la lucha de clases, identifica al Capitalismo como causa de pobreza y degradación de los trabajadores, y, aunque lo condena por materialista y antirreligioso destaca los valores cristianos del socialismo.

Es paradigmática la Pacem in terris de Juan XXIII al tener como destinatarios a todos los hombres de buena voluntad y no solo a los dignatarios del clero, la encíclica de Francisco da otro giro: está dirigida a todos los habitantes del planeta tierra.  Cuando hablamos de la doctrina social de la iglesia generalmente pensamos en el magisterio de los papas (pontificia), en todo caso en el magisterio de los obispos y conferencias episcopales o sínodos (jerárquica). Con menos frecuencia se alude al magisterio de los padres y doctores de la Iglesia, menos aún al magisterio de santos y místicos y bien Francisco hace uso abundante del magisterio de obispos y Conferencias, adolece de un mayor recurso a los padres, por más que el documento esté abierto al sentido de fe de los fieles, tanto de católicos como de otros cristianos. No desconoce el aporte de otras religiones e incluso el de los no creyentes.

El cántico de las creaturas

La Encíclica se abre con una estrofa del cántico de las creaturas de Francisco de Asís, que le da el nombre al documento.

«Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba».

Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gen 2,7). Adam, es literalmente, hecho de Adamah, tierra. Puede traducirse como “el rojo”, del color de la tierra arcillosa con la que fue amasado por el mismo Dios. Los relatos de la creación del Génesis no son tanto crónicas de lo que pasó sino recuerdos del futuro. Revelan el proyecto de Dios: un Hombre sin propiedades, sin amos, sólo hermanos, desnudos: todos iguales, sin clases sociales.

Francisco parte de la convicción de que en el cosmos todo está conectado, y que existe, por añadidura, una íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta. Cada criatura tiene un valor propio, no podemos ya tolerar la cultura del descarte y es imperiosa la propuesta de un nuevo estilo de vida, en el que tiendan a desaparecer la exclusión social, la inequidad, las nuevas formas de agresividad social, el narcotráfico, la pérdida de identidad…

Cultura del descarte

La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. La cultura del descarte afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura: se desperdicia aproximadamente un tercio de los alimentos que se producen y en las discusiones sobre el ambiente hay que escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres. Hay una verdadera «deuda ecológica», particularmente entre el Norte y el Sur: todo planteo ecológico debe tener en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados.

Destino común de los bienes

El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por tanto, el derecho universal a su uso es una «regla de oro» del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social. Francisco cita una de las frases más fuertes de Juan Pablo II: Sobre toda propiedad privada grava siempre una hipoteca social.

La ecología humana es inseparable de la noción de bien común, tiene que reconocer que cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, tiene que convertirse en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. No se puede imponer a los países de menores recursos pesados compromisos comparables a los de los países más industrializados, porque los países pobres necesitan tener como prioridad la erradicación de la miseria y el desarrollo social de sus habitantes, aunque deben analizar el nivel escandaloso de consumo de algunos sectores privilegiados de su población y controlar mejor la corrupción.

Las religiones

La mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes, y esto debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad.

San Francisco

Cuando tomamos conciencia del reflejo de Dios que hay en todo lo que existe, el corazón experimenta el deseo de adorar al Señor por todas sus criaturas y junto con ellas, como se expresa en el precioso himno de san Francisco de Asís:

«Alabado seas, mi Señor,

con todas tus criaturas,

especialmente el hermano sol,

por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,

de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor,

por la hermana luna y las estrellas,

en el cielo las formaste claras y preciosas, y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento

y por el aire, y la nube y el cielo sereno,

y todo tiempo,

por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,

la cual es muy humilde, y preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,

por el cual iluminas la noche,

y es bello, y alegre y vigoroso, y fuerte»

¡Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre Tierra,

que nos mantiene y sustenta,

y produce los variados frutos con las flores coloridas y las hierbas!

¡Alabado seas, mi Señor, por quienes perdonan por tu amor,

y soportan enfermedad, tribulación:

bienaventurados quienes las soporten en paz,

porque de Ti, Altísimo, coronados serán.

¡Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la Muerte corporal

de quien ningún hombre viviente puede escapar!

¡Ay de aquéllos que mueran en pecado mortal!

¡Bienaventurados los que encuentre cumpliendo tu muy santa voluntad:

pues la muerte segunda no les podrá hacer mal!

Uruguay

La tierra oriental, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. Vimos sumergidos en la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura. Por ejemplo, la mayor parte del papel que se produce se desperdicia y no se recicla. El sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos y desechos.

Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar.

Abordar esta cuestión sería un modo de contrarrestar la cultura del descarte, que termina afectando al planeta entero.  Quizá podrían implementarse acciones ciudadanas en las que todos limpiemos una plaza, desvandalicemos lugares públicos, mantengamos las paradas de los ómnibus… si no se arregla mucho la galaxia, de repente vivimos todos en una ciudad más amigable. Depende de nosotros.