Lucha de vida o muerte

POR La Redacción Editorial 3 comentarios

“La muerte y la vida se trenzaron en fenomenal duelo; el Señor de la vida, muerto, reina vivo”. Así dice la secuencia pascual en uno de sus versos más elocuentes. Y sí, la Pascua es lucha de vida o muerte, no solo la que tuvo que enfrentar Jesús, sino la que cada día enfrentamos nosotros, quienes creemos en Él, hemos sido injertados por el bautismo en esa pelea y hemos de tomar cada día decisiones que nos sitúen del lado de la vida. Pero es una lucha que a todos se plantea, creyentes o no, con mayor o menor conciencia, que a todos hermana.

Esta Semana Santa el conflicto ha parecido adquirir dimensiones exacerbadas, tristes, penosas, crueles. Al comienzo nomás, domingo de Ramos, lejos en la geografía, muy cerca en el corazón, esa salvajada contemporánea llamada Isis o Daech (traición al Islam) despedazó los cuerpos de casi 50 cristianos coptos en Egipto e hirió a una cantidad de ellos. No mató sin embargo el espíritu, no solo de los vivos, tampoco de los sobrevivientes, cristianos y musulmanes. Son realmente conmovedores y con una potencia de esperanza rara, los testimonios de unos y otros: no lograrán que nos odiemos, seguiremos viviendo como hermanos, como cuando nuestras madres, decía un musulmán, nos hacían de niños pequeñas figuras con las palmas que los amigos cristianos usaban el domingo de Ramos, y jugábamos juntos, pasábamos un día feliz, sin otro pensamiento que vivir y ser compañeros en la alegría, en la sencillez de la vida del barrio. Muerte y vida, victoria discreta y humilde de la vida, esperanza de otro mundo.

Luego, el Jueves santo apareció un matón. Su juguete no produce alegría sino muerte: la madre de todas las bombas. ¡Qué blasfemia! El sagrado nombre de madre utilizado para exaltar la muerte, la crueldad, la fuerza bruta, el capricho. Tengan ojo todos, attenti que acá mando yo. Mensaje escuchado desde la otra cuadra. El otro matón advirtió que él tiene a disposición al padre de todas las bombas… Estamos avisados.
En medio de estas infladas de pecho, que sin embargo cuestan vidas y no consiguen ningún respeto, celebramos la Pascua. Para decirle a estos bravucones, y a todos los que rajen, como decíamos de chicos, desafiantes, en el barrio, que ya perdieron, que su guerra superpoderosa no podrá con la humilde fuerza de los pobres y débiles del mundo. La vida puede más. El Señor resucitó, como repetimos consolados y gozosos estos días.

¿Qué se necesita mucha convicción (fe), cantidad de esperanza, camionadas de tozudez, paciencia y generosidad? Sí, claro. Es lo que nos falta a veces, pero con nosotros está, con él podemos contar seguro y siempre, el Padre-Madre de la vida entera, abundante, eterna. Mientras dura, el fenomenal duelo, sigue produciendo víctimas inocentes, generando demasiado dolor, sembrando multitud de dudas, ganando batallas parciales. Pero el resultado es seguro, es victoria de la vida, por eso seguimos teniendo ánimo y ganas de luchar para estar siempre de ese lado.

Algo más, dos señales de estos días que hablan de cómo la vida vence la muerte. La primera es de un mes anterior a la Pascua. Buscando afinar ciertas cosas sobre la realidad de las migraciones en Uruguay, objeto de nuestras páginas centrales, encontramos con gran sorpresa una carta del Director Regional de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) para América del Sur, felicitando vivamente al Uruguay por su legislación y política migratoria. No habíamos tenido noticia de ello por los medios masivos, salvo distracción de nuestra parte. Y somos conscientes de lo que falta para que esa legislación sea realmente bien implementada y toda la población adopte una actitud positiva ante el fenómeno que se está acrecentando en estos años (para este 2017 se estima que llegarán 18.000 personas a instalarse en el país). También es cierto que según una encuesta, un 45% de uruguayos no ven con buenos ojos el arribo de estos hermanos, en su gran mayoría latinoamericanos, que creemos enriquecen nuestra convivencia, aportan nuevas riquezas culturales y muchas cosas más, aunque los primeros tiempos no sean fáciles para ellos y necesiten de la comprensión y ayuda de todos. Ahora bien, todos los peros posibles no ocultan lo que dice el responsable de la OIM: Uruguay es “modelo por su política definida de libre movilidad para los migrantes sudamericanos, en el marco de un enfoque de respeto y promoción de los derechos humanos de los migrantes”. Su legislación “coloca al país a la vanguardia de las políticas migratorias en la región”. “Los otros países de la región, que también registran avances importantes en la actualización y desarrollo de sus legislaciones y políticas migratorias pueden aprender de los avances del Uruguay en esta materia”. Y termina felicitando al Ministro de RR EE “por la consideración positiva que el Estado uruguayo hace de la migración como un factor histórico de desarrollo de los países de recepción y por la contribución que sus políticas hacen al combate de la discriminación, la xenofobia y el racismo”. Estimulante reconocimiento, desafiante, que engrosa el campo de la vida.

La segunda. En medio de la Semana Santa una de las familias sirias, que vive en Piriápolis, debía venirse a Montevideo porque la señora tenía que someterse a una cesárea para el nacimiento de un nuevo hijo. Desde el punto de vista médico todo estaba dispuesto. Pero había que conseguir quien alojara y cuidara a los cinco hermanitos mientras el padre acompañaba a su mujer. Y todo debía ser rápido porque la operación no podía esperar. Nuestro amigo Nelson Villarreal, director de la Secretaría de DD HH de la Presidencia tuvo que tender redes apresuradamente en varias direcciones, entre ellas de la comunidad católica. Quien rápidamente respondió y consiguió que las Hermanas de María Auxiliadora se hicieran cargo fue el cardenal Sturla. Y así se cerraba un círculo virtuoso por el que allá lejos musulmanes se hacían cargo de consolar y cuidar a los cristianos coptos en Egipto y aquí religiosas católicas acogían como hijos provisorios a cinco niños musulmanes.Cosas de vida, cosas de Pascua. Que sean muy felices y llenas de esperanza para todos y todas.

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