Migración, inmigrantes y después… Reflexiones e impresiones de aquí y de allá

POR María Alejandra Scafati Centrales Sin comentarios

La decisión de dejar la tierra en la que nacimos, los afectos que definen nuestra forma de ser, de ver la vida, no debe ser fácil. Sin embargo, millones de personas están en constante movimiento a lo largo y ancho del planeta, dejando todo para volver a empezar en un mundo distinto que para ellos está lleno de promesas.

Los uruguayos tenemos gran experiencia en ser los inmigrantes. Durante el siglo XX definimos parte de nuestra identidad nacional haciendo referencia a nuestros orígenes africanos, italianos, judíos, gallegos, vascos, lituanos, griegos, libaneses, armenios, etc. Abundan las asociaciones que nuclean descendientes que, a pesar de ser ya tercera o cuarta generación de uruguayos, siguen cultivando el idioma de sus ancestros, cocinando las recetas de la tierra de donde ellos salieron y cuidando que no se pierdan sus costumbres, sus formas de vinculación familiar y social. Algunos, incluso, propician el matrimonio entre familias del mismo origen.

En definitiva, buena parte de la identidad uruguaya está formada por los descendientes de quienes bajaron de los barcos que llegaban de Europa, de África, y se encontraron con quienes ya habitaban es esta esquina del mundo, entre el Atlántico y el Río de la Plata que es nuestro Uruguay.

Avanzado el siglo XX la ecuación cambió de signo; de ser un país de inmigrantes pasamos a ser un país de emigración en los años 60, 70 y 80. Sin embargo, en estos últimos años, mientras nos vamos adentrando lentamente en el S.XXI, Uruguay ingresa al mapa mundial de países que reciben migrantes, y con sorpresa vamos tomando conciencia de que este fenómeno llegó para quedarse. Todo nos hace pensar que el país que relatamos hasta ahora cambiará profundamente, aunque no sabemos hacia dónde y con qué signo será ese cambio. La Academia y el Estado están analizando lo que viene sucediendo:

“A partir de 2009 se verifica una reversión del ciclo migratorio, motivado principalmente por el retorno de uruguayos (Koolhaas & Nathan, 2013), pero también por un incipiente crecimiento de la inmigración de orígenes latinoamericanos no tradicionales (…) La proporción de personas nacidas en países de la región distintos de Argentina y Brasil se ha incrementado sostenidamente desde 1996 en Uruguay. En 2006 este
grupo representaba al 9,1% de los nacidos en el exterior, en 2008 al 12,6% y en 2011 alcanzaba al 15%.2.

En 2014, según datos de la ECH (Encuesta Continua de Hogares), esta proporción habría descendido a 10,4%. Si se analiza la evolución del stock de inmigrantes recientes, es decir, de los llegados en los cinco años anteriores a la fecha de observación, los cambios son aún más pronunciados. Esta fuente muestra un incremento del flujo que parece haberse desacelerado entre 2014 y 2015” (MIDES, 2017, p.13)i.

Una oportunidad

Distintas organizaciones cristianas también se hacen eco de este nuevo desafío que la sociedad uruguaya debe encarar. El esfuerzo conjunto de Cristianos en Red junto a Parroquia Universitaria, Obsur y las Magdalenas da como resultado la formación de un grupo llamado Comisión Migrantes que organizó un encuentro el 19 de julio de este año. La convocatoria se hizo bajo la consigna: Taller Interactivo Inmigrantes en Uruguay hoy: de la vulnerabilidad a la oportunidad. La intención era obtener un panorama general sobre la situación de la inmigración en Uruguay reuniendo a quienes trabajan con inmigrantes, ya sea de la sociedad civil como del Estado. La propuesta fue contribuir a fortalecer dichas acciones difundiéndolas y estableciendo lazos entre ellas.

Este encuentro se realizó en la Institución Nacional de Derechos Humanos, participaron veintiocho organizaciones que trabajan con población inmigrante, siete del Estado o pertenecientes a Naciones Unidas y veintiuna de la sociedad civilii, muchas de ellas organizaciones cristianas y el Obispo de Montevideo quien compartió toda la jornada.

En la mesa centraliii el Presidente de la Junta Nacional de Migración destacó la existencia de una Comisión interinstitucional que reúne a varios ministerios y que cuenta con representantes de la sociedad civil para coordinar acciones que aseguren una buena integración de quienes llegan a Uruguay. La representante de la Dirección de Migraciones del Ministerio del Interior informó sobre el trabajo cotidiano de esta oficina del Estado, y el proyecto a estudio que se propone crear distintas opciones de visa de ingreso a nuestro país, según la situación y objetivos del migrante. Desde INEFOP (Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional) se informó sobre la coordinación que se realiza con organismos oficiales tales como Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (SEDHU) que tiene la representación de Naciones Unidas en Uruguay para los refugiados. La OSC Idas y Vueltas ofreció una reflexión sobre la situación del inmigrante, así como la riqueza de oportunidades que traen al Uruguay. Esta organización es referencia, sobre todo en la fase de llegada de los inmigrantes y hace sinergia con servicios universitarios, así como con voluntarios que se acercan a ofrecer sus servicios. Los representantes del SEDHU dieron un completo panorama de su accionar y aportes.

La preparación del encuentro me permitió tomar contacto con una organización que se dedica a la educación no formal, y con un nodo de escuelas públicas que reciben niños inmigrantes. Si bien sus representantes no formaron parte de la mesa central realizaron aportes en el trabajo de talleres y por su tarea educadora con los más jóvenes vale la pena mencionarlos especialmente.

El Centro Juvenil El Puente, que está ubicado en Ciudad Vieja, estratégicamente muy cerca del puerto; recibe adolescentes inmigrantes, tantos que hoy son casi el 60 % de los jóvenes que atiende el Centro. La experiencia de los educadores con estos jóvenes es muy gratificante y enriquecedora, ya que se encuentran con una cultura juvenil muy diferente de la que expresan nuestros adolescentes. Ellos destacan la madurez y formación de estos jóvenes inmigrantes provenientes de diversos países latinoamericanos. Se sorprenden y disfrutan con su capacidad de reflexión, así como con las preguntas que se formulan mirando hacia el futuro. Los educadores sienten que tienen un lugar en las vidas de estos jóvenes, tanto en la protección de sus derechos como de promoción de sus estudios e integración al mundo social uruguayo. El Centro Juvenil se describe como centro de bienvenida, escucha y orientación, según relata un educador. Estos jóvenes parecen mostrar el mejor rostro de la inmigración portadora de novedades en el campo educativo y en las formas de establecer vínculos intergeneracionales.

El nodo educativo del que participé se llevó adelante en la Escuela primaria de la calle Piedra Alta. Los nodos tienen como finalidad poner en contacto y ayudar a coordinar a quienes trabajan en educación, dentro de un territorio definido, ya sea en centros formales como liceos, escuelas, jardines y universidad o en centros no formales como Caif, Centros juveniles etc. En la reunión de la que tuve oportunidad de participar con la finalidad de invitarlos al encuentro del 19 de julio el tema era inmigración, así que se discutió e intercambió sobre las diversas experiencias. Encontré en todos los centros escolares reunidos una gran disposición de las maestras a estimular el diálogo intercultural y tratar de comprender la exigencia que supone para los niños dejar atrás su mundo de referencias conocidos. Mirar la inmigración desde los ojos de los niños tiene una riqueza y profundidad especial, entre otras cosas, porque ellos no eligen venir, llegan de la mano de sus padres. Los niños y adolescentes migrantes no son tal vez demasiados numéricamente, por esa razón no se habla mucho de ellos y, sin embargo, son los nuevos uruguayos que pueblan nuestras tierras.

Síntesis de lo compartido

El encuentro propuso a los participantes trabajar en taller, con la finalidad de favorecer los procesos de intercambio y reflexión grupal. Se utilizó una metodología de trabajo en grupos a partir de tres preguntas generadoras. Las consignas fueron las siguientes:

1.Te invitamos a escribir tres palabras que te surjan al leer la siguiente frase: “Cuando pienso en inmigrantes, pienso…”. Las palabras significativas que surgieron fueron: vulnerabilidad, dolor, nostalgia y desarraigo, inseguridad, derechos, esperanza, deseo de vivir una vida mejor, diversidad y crecimiento intercultural, oportunidad, proyectos.

2. Te invitamos a registrar tres acciones que sería necesario realizar, a partir de la siguiente consigna: “Si yo fuera inmigrante… ¿qué necesitaría al llegar a Uruguay?” Se registraron acciones como: acogida y calor humano; orientación, y documentación necesaria e información sobre inserción laboral y cultural; alojamiento digno y hospedaje inicial (mecanismos de acceso a la vivienda); acceso al trabajo y a la salud; capacitación y educación; visualización de redes de apoyo y personas o grupos con quienes compartir el día a día.

3. Como persona, ¿qué podrías aportar a la red ya existente de apoyo a inmigrantes? La institución a la que perteneces… ¿qué aportes realiza a la red de apoyo a inmigrantes? El resultado de esta consigna fue el siguiente:

1. ACOGIDA CALIDEZ HUMANA
-agentes de acogida bien definidos
-redes de apoyo y acompañamiento para adultos, jóvenes y niños
-orientación y apoyo en relación al ejercicio de los derechos: documentación, vivienda, educación, trabajo
-dedicación voluntaria en cualquiera de las necesidades para aquellos que puedan hacerlo

2. ASESORAMIENTO JURÍDICO Y TRAMITACIÓN
-relevamiento y sistematización de información útil para el inmigrante
-informar con precisión de los pasos a realizar para regularizar la situación de inmigrante, por ejemplo, visa, residencia, etc., según las diferentes situaciones (realizar talleres)
– hacer valer los derechos de las personas junto a quienes ya lo están haciendo para incidir o mejorar lo ya existente
-recabar posibilidades de talleres en la Facultad de Derecho en la Universidad de la República
-en caso de familias, rápida reunificación familiar
-informar sobre posibilidades de garantía de alquileres ya existente para determinadas categorías de población

3. ASISTENCIA MATERIAL
Participación en servicios concretos: recolección, clasificación y distribución de ropa apoyando a quienes ya están haciéndolo; donaciones y distribución de víveres; búsqueda de alojamiento y/o vivienda; proveer si es necesario sobre modalidades de adquisición de herramientas, donde comprar más en precio etc.

4. EDUCACIÓN, CAPACITACIÓN, INSERCIÓN EDUCATIVA
Proyectos de multiculturalidad; talleres de orientación e introducción a la informática y comunicaciones digitales; orientación en temas de salud y apoyo psicológico.

5. TRABAJO E INSERCION LABORAL
Apoyo concreto con elaboración de sus historias de vida o currículos; ayuda a facilitar contactos con empresas, organismos no gubernamentales o privados; generar redes según áreas de competencia o aptitudes; acompañamiento en las gestiones y en la preparación para entrevistas.

6. ESPIRITUALIDAD E IGLESIA
Sensibilizar a las diferentes Iglesias sobre la situación del inmigrante -acompañar espiritualmente a quien lo solicite; articulación de diferentes eventos a ese nivel.

Esta es la síntesis realizada luego del encuentro, ella constituye un retrato y, en cierto modo, un espejo en el que mirarnos para articular mejor un fenómeno que aún tiene muchas posibilidades de encaminarse hacia el mejor beneficio, tanto para los que llegan como para los que recibimos. El encuentro demostró no solo que ya hay mucho y bueno en acción, sino que aún queda mucho más por coordinar y fortalecer, para que quienes llegan puedan desplegar todo su potencial de aportes al desarrollo del Uruguay y fortalecimiento de nuestra vida social.

El caso de Nueva Zelanda

Como complemento de esta experiencia tan rica realizada en Uruguay, que demuestra la preocupación respecto al que llega desde lejos, quiero dejar un testimonio de la experiencia de emigración vista desde el que llega a un país. Voy a tomar el caso de Nueva Zelanda, pues por razones familiares he visitado ese país tan parecido a Uruguay y tan distinto al mismo tiempo. Nueva Zelanda tiene aproximadamente la misma superficie que Uruguay, cuenta con 4 millones y poco de habitantes, y su producción económica más importante proviene de la actividad agropecuaria y lechera. Los neozelandeses tienen una clara política migratoria, tanto para recibir como para expulsar migrantes. Conocer las reglas y cumplirlas es la condición principal.

A veces lo de cumplir las reglas lo llevan al extremo, pero esa rigidez no deja de invitar a la reflexión. Para muestra un botón: un inmigrante que está haciendo su carrera en Nueva Zelanda como productor lechero pidió extensión de su visa lo que para él es un trámite casi de rutina, y recibió la siguiente observación: “Hace dos años usted tuvo una infracción de tránsito y no la pagó, debido a ello no renovaremos su visa”. El buen hombre tuvo que demostrar que nunca había recibido notificación de la infracción y, por supuesto, la pagó de inmediato; de otro modo hubiera tenido que abandonar Nueva Zelanda, así como todos los proyectos personales y laborales. Otro ejemplo: para poder renovar la visa todas las personas tienen que demostrar que han progresado en sus puestos de trabajo o que han estudiado y avanzado en conocimientos de aquello a lo que se dedican; si durante tres años eso no ha sucedido la visa no se renueva. Claro está que existe la posibilidad real de ascender en los trabajos y de estudiar y avanzar.

¿Por qué traigo estos ejemplos? Porque mirando a la distancia a nuestro Uruguay, y revisando lo concluido en el encuentro que relato, me doy cuenta que tenemos puesto todo el peso de nuestra mirada en la protección del que llega, pero no somos tan claros en los deberes que tiene y las condiciones que ponemos para que pueda quedarse una vez establecido. Y eso no lo hacemos sólo con la migración, por cierto. Lo de hacer reglas que luego nos limitan y nos obligan al cumplimiento no es algo que se nos dé mucho a los uruguayos, no nos gusta. Ojalá las oportunidades que nos ofrecen los nuevos uruguayos que van llegando de todas partes del mundo nos estimulen a mejorar como sociedad y a ser más claros en nuestras reglas de convivencia y avance social. En este sentido, la inmigración nos desafía a ver las cosas buenas que tenemos como país, ya que ellos nos eligen para venir, y nos compromete a construir un nuevo “nosotros”, donde estén sanamente integrados quienes “de todas partes vienen”.

 

 

i. “Caracterización de las nuevas corrientes migratorias en Uruguay. Nuevos orígenes latinoamericanos: estudio de caso de las personas peruanas y dominicanas”. Informe final. Mides, Montevideo, 2017. http://www.mides.gub.uy/innovaportal/file/75559/1/investigacion_caracterizacion2017_final_digital.pdf

ii.  Instituciones privadas y Organizaciones No Gubernamentales: Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (SEDHU), Centro de Estudio y Difusión de la Doctrina Social Cristiana (CEDIDOSC), Asociación Civil El Paso, Cooperativa Hincapié, Centro Juvenil “El Puente”, Familia Carismática, Instituto Juan Pablo Terra, Amerindia, Arquidiócesis de Montevideo, Cristianos en Red, OBSUR, Idas y vueltas, Misioneras Franciscanas (Paso Carrasco), Laicos Dominicos, Promotoría de Justicia y Paz (SEFADUR), Universidad Católica del Uruguay (UCU), Apostolado del Mar (Padres Scalabrinianos), Casa del inmigrante (Padres Scalabrinianos), Institución Teresiana, Grupo de reflexión Atahualpa, Amerindia, Parroquia Nuestra Señora de la Asunción.

Instituciones públicas: Institución Nacional de Dignidad y Derechos Humanos, Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP), Ministerio de Relaciones Exteriores, Junta Nacional de Migración, Ministerio del Interior, Dirección Nacional de Migración, Jardín Nº 234, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Trabajo Social, Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia de la República.

iii. Expositores: El Taller comenzó con un panel de exposiciones respecto del marco institucional y las acciones que se están llevando a cabo por los distintos actores involucrados con la población inmigrante que llega a nuestro país. Dicho panel, moderado por la Lic. Raquel Rodríguez, de la Comisión de Inmigrantes de la Red, estuvo integrado por: Dr. Juan Faroppa y Dra. María Josefina Plá, por la Institución Nacional de Derechos y la Dignidad Humanos; Embajador Jorge Muiño, por el Ministerio de Relaciones Exteriores; Presidente Junta Nacional de Migración, subcomisario general; escribana Soledad Sánchez, por la Dirección de Migración, Ministerio del Interior; Juana Urruzola, representante de la ONG Idas y vueltas; Ing. Rodolfo Favaro, por el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP/Ministerio de Trabajo); Lic. Clara Aguirre y Sr. Alberto Gianotti por el Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (SEDHU).

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