NUEVOS CARDENALES Y REFORMA DE LA CURIA

POR Pablo Dabezies Hechos y dichos Sin comentarios

Seguramente, una de las principales noticias de nuestro verano fue la designación de monseñor Daniel Sturla como cardenal por parte del papa Francisco. De hecho, a inicios del mes de diciembre pasado se había anunciado la celebración de un consistorio para el 14 y 15 de febrero del 2015, el segundo desde que fue elegido obispo de Roma. Claro, bastante lejos estábamos de imaginar que en él se iba a elegir a un obispo uruguayo como miembro del llamado senado del Papa. En cambio sí sabíamos que en ese consistorio se trataría el tema de la reforma de la Curia romana, a partir del trabajo que ya había ido realizando el consejo de los 9 cardenales, conocido como C9. Así lo había anunciado el vocero del Vaticano, P. Federico Lombardi, durante la reunión del mismo grupo en diciembre pasado: “la próxima reunión del C9 será del 9 al 11 de febrero y hará una relectura del estado actual de las orientaciones y propuestas para la reforma de la Curia, de tal modo que se pueda presentar en el consistorio previsto para los días siguientes, el 12 y 13, a los que seguirá, el 14 y 15, el consistorio para la creación de nuevos cardenales”. De este modo, designación de cardenales y reforma de la Curia estaban ya unidos, aunque no sabíamos del regalo que los acompañaba.

 

Sturla cardenal

No voy a abundar sobre la dimensión y significado del hecho, cuando todo, o casi, ha sido dicho y transcurridos ya tantos días de la sorpresa. Transcribo solamente unas palabras del mismo arzobispo, en su carta de despedida antes de viajar a Roma, leída en las misas del 7 y 8 de febrero: “Mi nombramiento no es, ciertamente, un reconocimiento a mis diez meses de gestión como Arzobispo de Montevideo, sino un gesto de benevolencia del Papa hacia la lglesia que peregrina en Uruguay”. Creo que Sturla expresa con justeza y en pocas palabras el sentido de su designación. De paso, en otro momento habrá que retomar los párrafos que siguen en la carta, lo mismo que la entrevista concedida a “Búsqueda” al comienzo de este 2015, ya que constituyen una muy significativa y hermosa manera de manifestar su visión de nuestra Iglesia y de su lugar y misión en la sociedad uruguaya.

Agrego otro elemento que he encontrado como sugerido en algunos comentarios ya desde el anterior consistorio y en alguna otra ocasión, y que tiene que ver con la reforma del gobierno de la Iglesia, aunque en rigor no de la Curia romana. Se trata del estatuto y papel del colegio cardenalicio. Como se sabe, este es un órgano de la Iglesia de Roma, que gráficamente podría ser comparado con lo que en cada diócesis es actualmente el consejo de presbíteros. Por supuesto que el paso de la historia ha ido cambiando esa imagen. Pero esos comentarios a los que aludo opinan que es intención de Francisco restablecer en buena medida esa antigua función de los cardenales, que nunca fue suprimida pero que tenía muy reducida expresión real. A eso obedecería la muy decidida opción del Papa por universalizar la composición de ese cuerpo por un lado, y por otro el de consultarlo con más frecuencia y tiempo para la reflexión. Lo primero queda claro en sus dos consistorios, en los que el peso de la Curia, Italia y las demás Iglesias del Norte está en proceso de reducción y reelaboración (si se tiene en cuenta el número y las sedes elegidas, lejos de los criterios tradicionales). Y la promoción de Iglesias que se podrían considerar marginales o sin importancia (cómo explicar si no el nombramiento de monseñor  Soane Patita Paini Maifi, el muy joven (53) obispo de los 15 mil católicos de Tonga). Lo segundo surge del hecho de que ambos consistorios han sido celebrados con dos días de asamblea del cuerpo para tratar temas de importancia vital para la Iglesia: una especie de ensayo general de los sínodos sobre la familia, en febrero del 2014, y la primera consulta sobre el trabajo ya realizado por el C9 sobre la reforma de la Curia el mes pasado. Y se puede agregar que el P. Lombardi señaló que algunas intervenciones subrayaron que “para ayudar al Papa en el gobierno no existe solo la Curia, sino también el colegio cardenalicio y el consistorio, así como el sínodo de obispos, diversas realidades que deben ser valorizadas”. Por su parte, el cardenal Murphy O’Connor afirmó: “Hemos tenido casi cada año un sínodo, pero es algo que debemos desarrollar de modo que no se trate solo de un instrumento consultivo sino que tenga la autoridad de trabajar estrechamente con el Papa”.

Teniendo en cuenta lo anterior es que esos comentarios sugieren que en la mira de Francisco está el dar una importancia creciente al colegio de cardenales en el gobierno de la Iglesia, asegurando así la presencia de otra fuerza que equilibre la de la Curia, siendo como es independiente de ella. Ese proceso, en todo caso, ya ha sido iniciado con la creación del C9, así como con la nueva forma de funcionamiento del Sínodo. Por donde el nombramiento de un cardenal es ahora algo que tiende a implicar más a la Iglesia de la que es hijo, ya que se espera recibir de él el aporte original de su comunidad cristiana. Y este nuevo peso de los cardenales como cuerpo sería ya de por sí y de facto un factor de reforma de la Curia, ubicándola de forma más decidida en su función propia.

 

En concreto, la reforma de la Curia

El 12 y 13 de febrero pues, los cardenales estuvieron reunidos con Francisco para dar su parecer sobre lo que el C9 ya llevaba elaborado acerca de criterios y medidas orientados a la reforma de la Curia romana. ¿Qué es lo que se puede sacar en limpio de esa reunión consistorial? En realidad, la información que ha salido a luz ha sido reducida y bastante general, y ha procedido sobre todo del vocero de la Santa Sede, el P. Lombardi.

Con la participación de 165 cardenales, el consistorio fue abierto por un breve discurso introductorio de Francisco y luego el secretario del C9, monseñor Marcello Semeraro leyó a los presentes el documento preparado por ese mismo consejo en reuniones previas. Sobre esta base se trabajó en esos dos días y según el P. Lombardi, “los cardenales apreciaron las líneas de reforma trazadas hasta ahora, y manifestaron su deseo de que se continúe buscando caminos de una siempre mayor comunión entre las estructuras de la Santa Sede, las Conferencia episcopales y las diócesis”. Este, que puede ser considerado como una especie de resumen del consistorio, fue desdoblado en las siguientes cuestiones.

Curia romana y Conferencias episcopales

Por lo trascendido, hubo una serie de intervenciones para apoyar todo lo que vaya en el sentido del principio de subsidiariedad en esta relación, por el cual, todo lo que puede ser realizado a un determinado nivel, no conviene ni debe ser asumido por el nivel superior. Esto significaría que una serie de competencias y decisiones que hoy son de dominio de la Curia fueran dejadas en manos de los episcopados, incluso en el terreno doctrinal. Esto ya fue señalado en la “Evangelii Gaudium” por el propio Francisco. La mayor atención a este principio no significaría que la Secretaría de Estado perdiese su papel en las relaciones con las organizaciones internacionales y con el cuidado de la unidad sobre los problemas más relevantes que debe enfrentar la Iglesia. Parece ser que esta cuestión de una nueva
forma de relación entre el centro romano y las Iglesias locales fue de las que más atención suscitó entre los cardenales.

Simplificación de los organismos de la Curia

Desde hace ya un cierto tiempo se ha estado hablando del proyecto de agrupación de los diversos Consejos y Comisiones, creados en su mayoría luego del Vaticano II, en dos nuevas Congregaciones. Una, que buscaría realzar la condición laical y agruparía a los actuales organismos que se ocupan del Laicado, la Familia y la Vida, más la Academia para la vida que estaría en relación con ella. Y otra que tendría su centro en torno a la caridad y la justicia, que integraría a Justicia y Paz, Cor Unum, Migraciones, y tal vez Salud, y algo nuevo referido a la ecología no solo ambiental y social sino también humana (hay que recordar que Francisco prepara una encíclica sobre este tema y que ella tendrá mucha influencia sobre este asunto). Más la Academia de ciencias sociales que se referiría a este polo. Algunos comentaristas agregan que el cardenal Ravassi, presidente del consejo para la Cultura y monseñor Tighe, secretario de las Comunicaciones sociales, han propuesto, pero durante la reunión del C9 y no en el Consistorio, la creación de otra nueva gran Congregación. La misma juntaría la ya existente para la Educación católica, el consejo para la Cultura, las Comunicaciones sociales, las Academias de las Ciencias y de las Ciencias sociales, los Museos y el Observatorio, el Archivo y la Biblioteca vaticana. Pero esto parece no haber sido tenido en cuenta por ahora en el C9. En todo caso no fue discutido en el Consistorio, según lo aseguró el mismo P. Lombardi.

Con respecto a los dos primeros polos hubo intervenciones que plantearon que algunos de los componentes debían ser cambiados de lugar, pero da la impresión de que el principio de los agrupamientos goza de bastante consenso. También queda claro que esto significaría la disminución del número de cardenales en la Curia.

El personal de Curia y su perfil

Otro de los asuntos que mereció atención fue el del personal de la Curia, con intervenciones que insistieron en que deba ser calificado tanto por su competencia en las diversas materias cuanto por su espiritualidad. Al mismo tiempo, en el documento base del C9 se manejaba la posibilidad de que los secretarios de los diversos dicasterios no fueran más promovidos al episcopado, tanto para reducir el número de obispos en la Curia, cuanto como antídoto al carrierismo.

En este mismo contexto se remarcó la importancia de dar un mayor espacio en los diversos organismos vaticanos a los laicos y especialmente a las mujeres.

 

Los ritmos de la reforma

Otro aspecto importante y diversamente apreciado es el de los ritmos de la reforma. No faltan quienes dicen que las cosas casi no avanzan, mientras que otros hacen ver las dificultades de la empresa y la necesidad de que los pasos que se den sean bien fundamentados y gocen de consensos considerables. Esta segunda actitud es la que predominó entre los cardenales. En ese sentido, el P. Lombardi repitió más de una vez que el camino hacia la Constitución apostólica que sancione la nueva estructura curial no será breve. “Algunos de los participantes observó también que ella no deberá representar necesariamente una ruptura con respecto a la “Pastor bonus” [la Constitución con la que Juan Pablo II hizo algunas reformas en 1988]”. Agregando que hay un cierto consenso para que la reforma se vaya poniendo en práctica de forma gradual y experimental “cuando existan medidas o decisiones que estén ya maduras”.  En todo caso, es seguro que las cosas no cuajen de manera definitiva en este 2015 y no antes de pasar por varios niveles de consulta. Porque, no está de más recordar que en esta reforma se pone en juego no solo o principalmente una cuestión de eficacia en las estructuras de gobierno, sino una manera de concebir y practicar el de la Iglesia. Como dice otro analista, Luigi Sandri, “el organigrama del poder en la Iglesia católica no fue y no es Papa-Sínodo (obispos-Iglesias locales)-Curia, sino Papa-Curia-Sínodo (obispos-Iglesias locales)… En el pre cónclave de 2013 muchos cardenales pidieron una verdadera puesta en práctica de la colegialidad y una reforma de la Curia. Francisco se ha comprometido a llevarlo a cabo y por eso instituyó  un ‘consejo’ de nueve cardenales que está trabajando en ello desde hace casi dos años. Sin embargo, a medida que el trabajo ha ido avanzando, se ha vuelto más y más claro que esa verdadera reforma de la Curia implicaría la reforma de las estructuras históricas de la Iglesia romana, y abriría la cuestión de la participación de las mujeres en los espacios de decisión. El principio de subsidiariedad podría disminuir los poderes del “centro” a favor de las “periferias”. Pero en esta perspectiva, si una parte de las 2.300 personas que de maneras distintas trabajan en la Curia apoyan al obispo de Roma, otra quiere frenarlo. El peso de la historia está allí e impide a Francisco proceder con la rapidez que quisiera”.