PREMIO MONTEVIDEANAS: JOSEFINA PLÁ
CELEBRAR LA VIDA

POR Ana Agostino Hechos y dichos Sin comentarios

Unos días antes de 20 de abril, fecha en que la Junta Departamental de Montevideo entregó el Premio Montevideanas a María Josefina, recibí la invitación para participar de la actividad y me produjo una enorme alegría. Empecé a compartir la invitación inmediatamente, sintiendo y trasmitiendo júbilo por la decisión de la Junta, el mismo que expresaron los cientos de personas que desbordaron la sala Zitarrosa, ese lunes templado de abril, todas con una sonrisa cómplice que no necesitaba ponerse en palabras. El sentimiento común era el de un más que ganado reconocimiento: ¡cómo merece Josefina este premio, cómo lo honra al recibirlo!

Los motivos los fueron planteando las tres mujeres que la acompañaron en la mesa, Gloria Benítez, Edila de la Junta Departamental que preside la Comisión de Género, Maite López, Presidenta de la Junta, y Ana Olivera, Intendenta de Montevideo. La propia Josefina nos emocionó con sus palabras compartiendo su “trayectoria recorrida”, de la que fueron dando cuenta en esos días también varios medios de prensa, con notas, entrevistas, relatos sobre acontecimientos que fueron llenando de sentido la vida de Josefina y la de tantos que fue encontrando y descubriendo en esa trayectoria.

En estas líneas que escribo, invitada por la Revista de Obsur, no voy a retornar sobre los hechos de la vida de Josefina, si bien no hay duda que quedaron muchísimas historias sin contar. Lo que quiero compartir es esa capacidad infinita que ella trasmite de celebrar la Vida. En los más de treinta años de amistad he aprendido por qué ella la celebra con tanta intensidad. Y es que para Josefina la vida es un regalo. Pero no un regalo que se recibe, se le quita el papel en el que está envuelto, una se alegra por su contenido, lo estrena, lo disfruta y luego, a veces más lenta o más rápidamente, se vuelve cotidiano y en esa cotidianeidad se va el entusiasmo. Como si al poco tiempo el regalo perdiera el atractivo asociado a la novedad. Para Josefina el regalo, ese regalo que es la Vida, no se estrena una sola vez. Ella anda cada día por el mundo estrenando el regalo, con el mismo entusiasmo, con la misma fascinación, con la misma novelería, como si lo acabara de descubrir, mejor dicho, como si todavía no lo hubiera descubierto y anticipara las alegrías y las sorpresas que cada día ese regalo le va a deparar, porque el descubrimiento no tiene límites, porque las novedades son eternas, porque no hay fin en el gozo. Y uso esta palabra a propósito, porque es una palabra que integra armoniosamente el lenguaje de Josefina.

El lenguaje, mucho más que una manera de describir la realidad, es creador de la misma. Las palabras van dando forma al mundo que habitamos, y habitamos por tanto un mundo que contribuimos a crear con nuestras palabras. Josefina ha colaborado a crear un mundo de goce de la vida, desde la fe, desde el compromiso, desde la esperanza. Un mundo que no excluye el dolor, los desencantos, el cansancio, las dudas. Pero un mundo que se narra desde la alegría, y que se puebla del gozo evangélico, de la buena noticia, del sentido de la Pascua, de la Muerte y de la Vida, sobre todo de la Vida, porque como ella misma nos dijo el día que recibió el premio, “la vida siempre puede más”.

Es desde ese goce que Josefina estudió Derecho, que se fue a vivir al barrio y pasó a formar parte de la comunidad Germán, que defendió a trabajadores y trabajadoras, que amadrinó ahijados y ahijadas que tuvieron en ella la solidez del apoyo, la compañía y el cariño, que trabajó políticamente, que se comprometió con la defensa de los Derechos Humanos, que aportó en procesos de transición en Uruguay y en otros países, que estuvo y está cerca de vecinos y vecinas, que es madre, que es amiga, que reza, que insiste, que duda y vuelve a insistir, y que no deja de reírse porque la esencia de su ser en el mundo es celebrar el regalo de la Vida, y porque siempre, siempre, lo seguirá estrenando.