Sorpresas Cardenalicias

POR Pablo Dabezies Hechos y dichos Sin comentarios

Entre la nueva designación de cardenales con criterios otra vez desusados y la reiteración de una inusitada carta al papa de parte de cuatro purpurados, parecería que el Colegio cardenalicio se está convirtiendo en un terreno de mucha mayor relevancia estratégica para el gobierno de la Iglesia.

Nuevos cardenales: de todas partes vienen…

Fueron 17 los nombrados el pasado 10 de octubre y constituidos en el consistorio del 19 de noviembre. Con ellos llega a 56 el número de cardenales creados por Francisco. De los 17, 13 son menores de 80 años y por tanto electores.

Como en las ocasiones anteriores, el papa se ha guiado, por lo que se puede constatar, con los criterios nuevos que mostró desde la primera designación de febrero de 2014. Es decir, menos atención a las Iglesias europeas y a las sedes históricamente más importantes; mayor atención a la universalidad de la presencia católica en el mundo (de nuevo varias comunidades convencionalmente marginales estrenan cardenalato); y también mayor cuidado en reflejar en ese cuerpo la diversidad del catolicismo. El mismo Francisco explicitó esos criterios cuando volaba de regreso desde Azerbaiyán a Roma: “Elegiré cardenales mirando a todo el mundo, porque la Iglesia está en todo el mundo. La lista es larga, pero hay solamente trece lugares. Y hay que pensar en lograr un equilibrio. A mí me gusta que en el Colegio cardenalicio se vea la universalidad de la Iglesia, no solo el centro ‘europeo’, sino los cinco continentes”.

Por otra parte, el “estilo Bergoglio” en la elección de cardenales parece obedecer también a su voluntad de dar poco a poco más importancia a los cuerpos colegiales de la Iglesia, entre los que está el de los cardenales. No hay que olvidar que desde sus orígenes, y a pesar de variaciones a lo largo de la historia, se trata de un órgano de la Iglesia romana (de la diócesis de Roma), que acompaña a su obispo, sucesor de Pedro, en su misión. Y aunque a lo largo de la historia su función como colegio elector pasó a predominar, Francisco parece ahora querer devolver por medio del estilo de elección y por iniciativas concretas (recordar el inicio del proceso sinodal, en el consistorio del 2014) algo de esa otra misión, más originaria, de cuerpo consultivo. Cuestión a seguir.

En general, los observadores han subrayado también otro criterio clave para Francisco, la calidad pastoral de quienes elige. En ese sentido predominan con mucho los que son obispos de Iglesias locales y se dedican a ellas con espíritu de servicio, y se va redimensionando el número de los cardenales de Curia.

Nuevas señales simbólicas

Finalmente, hay algunos, entre los que se cuentan los 4 mayores de 80 años, y por tanto no electores, que nos indican también las preferencias del Papa. En ese sentido, su elección tiene un carácter fuertemente simbólico, en especial el presbítero albanés, Ernest Simoni, a quien Francisco reverenció como mártir (tradicionalmente sería llamado “confesor”) por el testimonio de su fe en los casi 30 años de prisión y trabajos forzados durante la terrible dictadura comunista en su tierra. Al respecto de estos cuatro designados ha dicho Francisco: “Ellos representan a tantos obispos y sacerdotes que en toda la Iglesia edifican el Pueblo de Dios, anunciando el amor misericordioso de Dios en el cuidado cotidiano de la grey del Señor y en la confesión de la fe”.

Entre los electores ha llamado la atención el caso del actual nuncio en Siria, Mario Zenari, que contra lo que era costumbre asentada (ser trasladado a una diócesis importante o a la Curia romana), continuará su misión allí.

Es importante señalar también el alto porcentaje de nuevos cardenales provenientes de países pobres y muy pobres, algunos de ellos con fuerte población musulmana y comunidades católicas pequeñas, como Bangladesh, la República Centroafricana, Lesotho, Papúa Nueva Guinea y aún Mauricio. Bastaría solamente imaginarse al arzobispo de Bangui sentado junto al también neocardenal de Chicago.

Justamente, el nombramiento de 4 cardenales en los EE UU ha causado cierta sorpresa. Pero no es un secreto que el episcopado de ese país se ha mostrado reticente a seguir los pasos de Francisco, y en ese contexto, tanto la promoción de nuevos obispos cuanto la de los cardenales, indica la voluntad del Papa de ir cambiando esa situación. Sobre todo destacan los casos del arzobispo de Chicago, Blase Cupich, también designado a esa sede por Bergoglio, y de Joseph W. Tobin, de Indianapolis, quien fuera secretario de la Congregación vaticana para la Vida consagrada, y apartado rápidamente de Roma por mostrarse dialogante en el conflicto con las religiosas norteamericanas en tiempos de Benedicto XVI. Dejo la palabra a Andrea Tornielli, de Vatican Insider en la interpretación del caso del nombramiento de los cuatro cardenales USA: “Es evidente la voluntad de Papa de promover obispos capaces de diálogo que no corresponden al identikit de los cultural warriors, capaces de hacerse presentes no solo en las batallas públicas pro-life o contra el matrimonio gay, sino también de levantar la voz ante los problemas de la justicia y de la inmigración. En setiembre del 2015, durante su viaje a EE UU, Francisco dijo a los obispos que no usaran un ‘lenguaje belicoso’, y que no se limitaran a las ‘proclamas’. Que buscaran en cambio ‘conquistar un espacio en el corazón de la gente’, sin convertir jamás a la cruz en un ‘estandarte de luchas mundanas”.

¿Otras luchas mundanas? La carta de los cuatro.

Ha sido sin embargo otro cardenal norteamericano, Raymond Burke, quien parece liderar un grupo de cuatro purpurados (dos alemanes, Brandmüller y Meisner, y un italiano, Caffarra, ya no electores) que han dado a conocer en la vigilia del consistorio y de la clausura del Año Santo, una carta dirigida a Francisco con cinco “dudas” (dubia, en latín), sobre Amoris laetitia (AL).

No viene demasiado al caso resumir su contenido, aunque pensamos que para quienes se interesan de la vida y camino de la Iglesia católica hoy, así como del espíritu que quiere transmitir el papa Francisco, y las resistencias y oposiciones que encuentra en el seno de la misma comunidad, es importante conocerla (se puede encontrar por entero en http://www.feyrazon.org/Revista/FeyRazon127.htm#Teologia1). Pero parece necesario hacer algunos comentarios.

Con franqueza, cuesta aceptar que la carta y el contenido de los cinco dubia estén animados por el candor, la inocencia y celo pastoral que reivindican los autores. Pero concedamos esa intención. Habría que explicar entonces los siguientes interrogantes que muchos plantean.

¿Es un buen procedimiento conminar nada menos que al obispo de Roma, bajo el tradicional método de los dubia, a que conteste solo por sí o por no, según el estilo que supo utilizar el Santo Oficio?

¿Es constructivo un modo de actuar que ante la demora (poco menos de dos meses) o ausencia de respuesta decide dar publicidad a su consulta en los medios masivos de comunicación, y en especial a través de un vaticanista muy crítico del actual Papa? Y esto cuando los mismos 4 cardenales dicen en su documento que “los medios de comunicación enfatizaron esta disputa [sobre la AL], provocando incertidumbre, confusión y alarma entre muchos fieles”.

¿Será tan inocente la iniciativa cuando sus mismos autores aclaran, piden, antes de que nadie los hubiera acusado que “Es nuestro deseo que nadie nos juzgue, injustamente, como adversarios del Santo Padre y como personas sin misericordia. Lo que hemos hecho y estamos haciendo nace del profundo afecto colegial que nos une al Papa y de la apasionada preocupación por el bien de los fieles”?

Y otras, estas sí dudas, posibles. No está de más recordar que sobre todo el cardenal Burke ya había negado públicamente el carácter magisterial de la Exhortación post-sinodal de Francisco. Y Cafarra, entonces arzobispo de Bolonia, había sido firmante de otra carta de cardenales (13, aunque luego hubo varios que desmintieron), dirigida al Papa pero también hecha pública, en los días previos al Sínodo de 2015. Allí se hacían suposiciones muy graves (manipulación en los nombramientos, en la redacción de los textos…) sobre la actuación del mismo Francisco, quien por su parte rechazó de modo genérico lo que llamó una “cultura de la conspiración”.

Aunque el papa Bergoglio no contestó directamente, sí lo hizo de modo indirecto pero indudable en su entrevista del 17/11 (la publicación de la carta fue el 14/11) con Stefania Falasca (muy buena, la recomendamos de verdad. Se puede leer entera y traducida en: http://amerindiaenlared.org/biblioteca/9950/desde-proconcil-entrevistar-a-un-papa-y-padre): “Hay algunos –piensa en ciertas protestas contra la Amoris Laetitia – que todavía no comprenden, para ellos es blanco o negro, pero es en el flujo de la vida donde se debe discernir. Eso fue lo que nos dijo el Concilio, aunque los historiadores dicen que un Concilio, para ser bien absorbido por el cuerpo de la Iglesia, necesita un siglo… Estamos a mitad de camino”. Además, como muchos señalan, Francisco había ya recomendado mucho antes la presentación de AL del cardenal Schönborn y el análisis minucioso de los obispos de la Región Buenos Aires.

Para poner un poco de humor en este asunto sin embargo grave, un grupo de “jóvenes estudiantes de Derecho Canónico” de la Universidad de Pisa (estatal), publicó en su blog que habían respondido fácilmente a las dudas de “los ancianos cardenales”… En serio, sin embargo, criticaron la iniciativa de los cuatro el cardenal Cupich de Chicago, y de manera muy directa, casi violenta, el presidente de la Conferencia episcopal de Grecia, Fragkiskos Papamanolis. Por otra parte, los firmantes de la carta no participaron del consistorio del 19 y 20 de noviembre, que hubiera podido ser un espacio para exponer sus dudas.

Nuevo clima eclesial, llamado a la madurez

El episodio puede también dar lugar a otra lectura, que nace de la constatación, ya repetida, de esta actitud de crítica y resistencia a enseñanzas del actual obispo de Roma por parte de personas y grupos desde una perspectiva tradicionalista. Personas y grupos que cultivaron siempre un acatamiento puntilloso y celoso a cuanto dijeran e hicieran los Papas, sobre todo en los casos de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Acompañado con la severa condena de cualquiera que se atreviera a plantear aunque fuera una reserva. Allí estaba además la Congregación para la Doctrina de la Fe para silenciar y castigar. Todo abonado por un rasgo típico de una cierta “espiritualidad” que se expresaba y expresa aún en el clásico “un deseo del papa es una orden para nosotros”.

Los tiempos hacen que muchas cosas cambien. Y hoy es el caso a cuanto refiere al respeto y audiencia que se presta a la enseñanza de Francisco. Como antes ya sucedió con Juan XXIII y Pablo VI. Es interesante ver cómo en la misma carta de los cardenales se invoca la necesidad de ayudar al Papa, la sinodalidad promovida por él mismo, el así llamado “afecto colegial”, la responsabilidad común ante la gente confundida, por más que los métodos usados vayan en sentido contrario.

Si recordamos, sin embargo, las repetidas invitaciones de Francisco, sobre todo al inicio del Sínodo de 2014, a no tener miedo de hablar y a hacerlo con sinceridad y parresía, sin dejar de escuchar con apertura lo que otros tienen para decir, podríamos felicitarnos de que el mismo Papa no esté reaccionando con medidas de censura o castigo ante situaciones como esta. Y de hecho, cuando reunimos una serie de palabras y actitudes del obispo de Roma, es posible concluir que estamos viviendo realmente un nuevo clima en la Iglesia que exige una buena cuota de madurez de cada uno.

Una de las reformas de hecho más importantes del actual pontificado es justamente el haber dejado atrás la época de las condenas y de la sospecha generalizada en especial sobre teólogos que no se atuvieran estrictamente a repetir lo recibido. Pero también, por ejemplo, con las religiosas de EE UU. Por gracia de Dios ese clima ha quedado atrás y se ha ganado mucho en libertad en el seno de la Iglesia, de tal modo que el sentido de la fe de cada cristiano y cristiana pueda manifestarse y ponerse al servicio de la comunidad.

Sin embargo cuesta mucho superar la mentalidad y los reflejos propios de ese tiempo de unanimidades forzadas y tanto el temor como la falta de práctica dificultan un responsable y maduro intercambio y discusión. Es toda una concepción de la unidad eclesial que es necesario revisar, para aprender a confiar en que la diversidad y la discrepancia no son necesariamente fuentes de división sino que pueden serlo de enriquecimiento y de mayor lugar para la manifestación del Espíritu. Por esta misma senda parece también que Francisco está empujando un nuevo impulso del ecumenismo, como lo muestra la misma entrevista concedida a Stefania Falasca y sus múltiples gestos de apertura y comprensión.