VII Encuentro de comunidades Eclesiales de Base

POR Obsur Hechos y dichos Sin comentarios

Con el corazón agradecido al Dios de la Vida, me dispongo a compartir algo de la aventura que fue la celebración del VII Encuentro Nacional de CEBs en Uruguay. Digo aventura porque así lo vivimos muchos de los presentes, luego de 12 años de no encontrarnos. Finalmente, los días 24 y 25 de octubre nos congregamos comunidades de todo el país en la ciudad de Tacuarembó. Bajo el lema “Comunidades con esperanza y alegría anunciando el Reino” nos reunimos 600 personas (laicos/as, religiosos/as, sacerdotes y obispos) y contamos con delegados de Paraguay, Brasil y Argentina.

La celebración de apertura fue muy emocionante, sencilla y alegre, no faltó el canto, el baile, ni las lágrimas. Se hizo memoria agradecida del caminar de las CEBs en Uruguay y de cada uno de los encuentros anteriores. Beto Bodeant (obispo de Melo y encargado de las CEBs. en Uruguay) entregó el cirio pascual al obispo Julio Bonino, convocante de este Encuentro, en un gesto renovador del compromiso. En esta oportunidad, Bonino celebró sus 25 años de obispo de la Diócesis de Tacuarembó-Rivera. La fecha exacta fue en el mes de marzo, pero él optó por celebrarlo en el marco del Encuentro Nacional. Hubo gestos significativos, como cuando el obispo recibió de rodillas y llorando la bendición que, con manos extendidas, realizó el Pueblo de Dios. Fue un gesto muy significativo en este camino de fortalecer a las pequeñas iglesias. En esta celebración recibimos un cálido saludo del obispo de Roma, Francisco. Por supuesto, la gente aplaudió con entusiasmo sus cálidas palabras.

La acogida de los tacuaremboenses fue conmovedora; toda la ciudad estaba en plan de acogida y fraternidad. Eso se vivió tanto en las calles como en las casas que recibieron a los hermanos que llegaron de distintas partes del país, como en los jóvenes dispuestos a servir con alegría en lo que fuera necesario. Los testimonios vividos nos hablan de un pueblo acogedor aún en la pobreza y humildad.

Luego de doce años de silencio, la gente quería encontrase y por eso la palabra clave fue ENCUENTRO. La reflexión se desarrolló en tres talleres: Encuentro y Misión; Encuentro con los jóvenes y Encuentro con lo diferente.

El tiempo de recreación y celebración de la Palabra del sábado por la noche fueron instancias de una profunda y sencilla reflexión, donde todos disfrutamos en un clima muy ameno, ¡todo invitaba a la fiesta!

Comenzamos el domingo con una celebración de la Palabra, y después nos abocamos a un análisis de la realidad: Ver y comprender algunos contextos de cambio de época en Uruguay, acompañado por el sociólogo Pablo Guerra. Luego, José Marins nos habló sobre la Resignificación de las CEBs.  su aporte fue muy claro, valiente y desafiante. Se retomó en los talleres lo escuchado en la mañana, con preguntas clave para encontrar intuiciones que nos ayuden a construir el futuro de las pequeñas iglesias.

La lluvia impidió celebrar la Eucaristía en la plaza, como estaba previsto, así que en el Club Democrático, donde se realizaban los plenarios, celebramos la misa de clausura. El ambiente cambió; llegaron obispos con sus mitras,  el nuncio… Un  escenario  diferente. De todas maneras fue una linda celebración donde, más allá del protocolo, hubo espacios para la  espontaneidad, sonrisas y aplausos. En ese marco se leyó el mensaje final a las comunidades del país. A continuación compartimos algunos fragmentos:

“En el marco de un encuentro pleno de fraternidad, fe y esperanza deseamos expresar nuestra convicción sobre el papel protagónico de las pequeñas comunidades en la construcción de una Iglesia sencilla y misionera así como de una sociedad más justa, solidaria y humana, siempre con “La Palabra de Dios como fuente de su espiritualidad” (DA, 179), alentando a nuestras comunidades a continuar avanzando en esta forma de ser Iglesia.

Partiendo de un contexto social con sus luces y sombras, reafirmamos la idea que como cristianos debemos participar codo a codo junto a tantos hermanos y hermanas en la lucha por un mundo mejor, donde podamos superar las escandalosas diferencias sociales que todavía hoy sacuden al mundo entero, los procesos de exclusión que aun sufren miles de uruguayos, los modelos económicos que ponen a la supuesta riqueza material por encima de las sustentabilidad ambiental de los territorios o las culturas del consumismo y del egoísmo que atentan contra los valores de la solidaridad y la búsqueda del bien común.

(…) Nuestras comunidades no pueden ser ajenas a los retos que asume la tarea evangelizadora en la Iglesia y en el mundo. Por eso junto al Papa Francisco, quien se hizo presente en el Encuentro por medio de una carta que mucho queremos destacar, recordamos la necesidad de ser Iglesia misionera y comprometida, fieles testimonios de la Iglesia de Cristo, asumiendo los retos que deparan los tiempos en los que nos toca actuar, con espíritu servicial y humilde así como con vocación de diálogo y encuentro”.

Es muy difícil expresar con palabras lo que vivimos los que hace décadas apostamos a vivir nuestra fe desde las CEBs y también los que se han sumando en este caminar. Se palpaba entre nosotros la presencia del Espíritu de Jesús que se manifestó de diferentes maneras, con gestos y palabras, lágrimas, risas, abrazos… Toda la experiencia vivida reafirma nuestra opción.

Y ahora… “Hay que seguir andando nomás”.