POR Carolina Clavero Hechos y dichos Sin comentarios

La Agenda Latinoamericana- mundial 2018 (AL) llega este año con páginas que abordan de modo colectivo y multidimensionalmente el tema de la Igualdad de Género. Como es habitual nos invitan a revisar, profundizar y comprender cuestiones que no están del todo consensuadas, que son objeto de debate y, ante las cuales, no se puede pasar inadvertido/a. Así lo hizo años anteriores, con números que hicieron foco en la democracia, la ecología integral, los derechos humanos, el diálogo interreligioso, la economía, la política, etc. En esta ocasión, se elige un tema que, a lo largo y ancho del continente latinoamericano, “agita con fuerza y a veces con pasión la opinión pública, el diálogo social e incluso los debates parlamentarios y legislativos” (AL, p. 10).

Nuestro país ha sido y es escenario de esas discusiones. Dos grandes temas son los principales focos de discusión en los últimos meses. La educación sexual y la incorporación de una guía de educación en las escuelas primarias de educación públicas, abrió el debate sobre la laicidad, interpretaciones distintas en torno a la teoría de Género, y una serie de posicionamientos diversos y opuestos. Por otra parte -pero seguramente forman parte del mismo núcleo cultural- el debate y la indignación que resurge cada vez que mueren mujeres y niñas por violencia machista.

La cuestión está en que el género no deja indiferente a nadie -se advierte en la introducción- “Toca fibras íntimas de nuestra psicología y de nuestra conciencia sexual y de vida familiar. Conmueve también los cimientos de las Iglesias, que quizá demasiado tiempo han estado de espaldas a esta problemática, sentadas inconscientemente sobre el antifeminismo y antisexualismo que venían muy adentro del “paquete filosófico” (ajeno, platónico sobretodo, de deprecio del cuerpo) propio de la cultura occidental. Deberíamos haberlo afrontado hace tiempo, y debemos afrontarlo ahora, sin más demora” (AL, p.10).

Esta es una de las principales razones por la que la AL se compromete. Y lo hace también integrando las diferentes  perspectivas  desde  la tradicional metodología del VER – JUZGAR – ACTUAR. Es decir, presenta primero, una serie de datos o hechos que dan cuenta de la realidad: por ejemplo, informes internacionales sobre la desigualdad de género en intersección con la raza y la edad. Es un VER que se conjuga con el RECORDAR, porque es necesario comprender desde qué lugares y qué personas se erigieron estas categorías de análisis que hoy nos ayudan a comprender mejor el mapa de la desigualdad. Es un recordar que invita a RESIGNIFICAR, como lo hace Ana María Bidegain cuando nos propone reescribir la historia latinoamericana con perspectiva de género.

El JUZGAR recoge una serie de referencias teóricas que pueden echar luz a los debates y diálogos en los que cada uno/a estamos inmersas. Nombres como Rosa Cobo, Ivone Gebara, Elsa Tamez son de lectura ineludible por la trayectoria que tienen en esta línea de discusión; más aún los que traen puntos álgidos como Carmiña Navia sobre “La Ideología de género”;  Frei Betto en “Mi lado mujer” o Diego Irarrazaval en “Lo masculino y el Evangelio”.

Por último, una serie de propuestas: el ACTUAR, los desafíos, las invitaciones para transformar la desigualdad. Para muchas se necesita dinero, presupuesto estatal, políticas públicas. Para otras se necesita revisar los vínculos cotidianos, las actitudes personales y comunitarias; las tradiciones de pensamiento, los vicios arraigados, las descalificaciones naturalizadas.

En esa tensión se ofrece esta agenda: como material que anime a educadores/as, agentes comunitarios, trabajadores/as sociales, animadores/as de grupos, militantes a pensar otro mundo posible. Una utopía que al mismo tiempo que alimenta la esperanza en una transformación posible y liberadora, nos exige acciones concretas, situadas, cotidianas.

Nada mejor que esta agenda diaria en la que al mismo tiempo que registramos lo estrictamente individual, una serie de actividades que se pretenden realizar en un tiempo y un espacio, se van tejiendo en consonancia con un sentir de muchos, que es denuncia y exigencia de los pueblos latinoamericanos hacia los Estados y sus instituciones.

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