CARLOS DURÁN (1933-2016)
Militante obrero católico

POR Alicia Rezzano Hechos y dichos Sin comentarios

Coincidimos en el velatorio de Carlos en la sede del sindicato de UTE. No nos conocíamos, pero la amistad y aprecio de Alicia por él hizo que termináramos hablando, compartiendo recuerdos y admiraciones. Alicia Rezzano, ex funcionaria de UTE, compartió con Carlos Durán y otros militantes cristianos trabajo y lucha. Y una amistad que solo la muerte ha interrumpido o llevado a otras formas. Ella se define como “una corriente militante sindical y política; con Carmen [Senández, ver testimonio]  compartíamos que cuando la policía iba a buscar a una a su lugar de trabajo, las amigas avisaban y la otra podía ‘zafar’; eso pasó muchas veces. Nos sumariaron juntas y nos reintegraron juntas, antes de destituirnos definitivamente”. Le agradecemos mucho lo que nos ha escrito.

Carta Obsur

Vida comprometida, lúcida, generosa

“Hago el esfuerzo de recordar los años 60 y 70 en AUTE por ti, Carlos Durán. Por ti Carmen Senández; por ti, Wladimir Turiansky [dirigente histórico del sindicato de UTE y el Partido Comunista]; por todos los compañeros anónimos que compartimos aquel período de la historia sindical y social, tratando de poner mi parte para que el olvido sucumba ante esas vidas tan comprometidas, tan entregadas, tan lúcidas, tan generosas; y para que sus nombres y ejemplos sean parte de la historia.

Simplemente voy a contar lo que creo fue una experiencia singular: la militancia codo a codo de marxistas, más precisamente de comunistas, y cristianos que se dio en AUTE, gremio de los trabajadores de UTE y teléfonos, ya que la separación en UTE y teléfonos tuvo lugar durante la dictadura.

Creo que eso pudo ser, sobre otras cosas, por las personalidades de Carlos Durán y de Turiansky que en  la lucha sindical generaron una corriente de pensamiento que iba más allá de la opción política. Ambos eran muy inteligentes, pero con sus cabezas puestas en lograr una vida mejor; ambos veían siempre no solo lo coyuntural, sino más lejos; cómo cada acción, cada paso, incidía en el bien general.

Ambos eran parcos y serenos. Pero en esa parquedad, Carlos se llevaba las palmas; por algo sus compañeros le decíamos ‘El Manso’. Al igual que Turiansky tenía claro el concepto de que el sindicalista debe ser un buen trabajador.

Lo empecé a tratar en la actividad sindical, a él y a otros compañeros del MOAC (Movimiento Obrero de Acción Católica) que tenían importante presencia en UTE; y allí comenzó también mi amistad con Carmen Senández, dirigente del MOAC y a nivel sindical delegada de su sector de trabajo en el Congreso de Delegados.

Juntos en la huelga de 1963, en el proceso fundacional de la CNT, en la militarización durante el gobierno pachequista, en las movilizaciones del 68 y 69. En junio de ese año se inicia una campaña furibunda para desprestigiar AUTE. Se requiere a la Mesa Directiva con fotos y avisos: requeridos Turiansky, y el resto de la Directiva entre ellos Carlos Durán y Carmen Senández. En julio continúan las destituciones y esta vez son cinco miembros de la Mesa, incluyendo a Carlos y Carmen.

En todo ese período, la dirección sindical siguió su actividad e incluso se realizaron varios Congresos de Delegados con alrededor de 60-70 participantes. En todo esto, el trabajo de Carlos Durán fue invalorable. Era un organizador nato, Aseguro que tanto yo como otros compañeros, entramos, participamos y salimos del lugar de reunión, sin saber qué era. De un vehículo, a una habitación como puede haber muchas y salir en igual condición. Mucho después supe y no por Carlos, que era tal o cual parroquia. Mucho nos ayudaron las Hermanitas de Asunción y la inolvidable Hna. Martha, éstas además nos cubrían de ternura; ni una palabra, sólo dulces sonrisas. Y todo ese trabajo meditado, cauteloso y discreto, era obra de Carlos. Ese hombre callado, de muy pocas palabras, discreto, modesto y coherente con su condición de militante y de cristiano.

Discreto, pero tan honesto que si opinaba algo de un compañero en el terreno personal y entendía debía expresarse, lo llamaba aparte y con el mínimo de palabras y con firmeza, le decía lo que juzgaba debía decir.

Tanto Carlos como Wladimir, tenían un concepto importante sobre la familia y procuraron siempre integrar a las esposas de los compañeros a nuestras actividades. Y así fue. Esos lazos indestructibles que se crean en la lucha, en las penas y alegrías, perduraron. Ese criterio de la familia, determinó que se formara una fuerte Comisión Femenina, con Beti Turiasnsky y Carmela a la cabeza, que realizó muchas y muchas gestiones y facilitó la tarea de que las esposas y los hijos pudieran visitar a sus seres queridos en los distintos lugares, incluyendo la Isla de Flores, donde estaban detenidos cuando la militarización.

Cuando se estaba gestando el Frente Amplio, Carlos Durán que no estaba alineado en un sector político, pero era consecuente con su idea de llevar la unidad a otros campos, se apareció en AUTE con un artículo para publicar en el periódico sindical VOZ (sería 1970 o 71) y dijo:’traigo esto para VOZ, pero no quiero que se le cambie nada’; era una nota titulada ‘En el medio no hay lugar’ y con tono firme e inapelable, expresaba su concepción. Y así salió publicado.

Cuando fuimos reintegrados, Carlos no se metió de lleno en la actividad sindical. Y por conversaciones personales que tuvimos, creo que él entendía que estaba en deuda con su familia y quería dedicarse a ella. Pero NUNCA estuvo ajeno a nada. Un hombre noble, ‘en el mejor de los sentidos, bueno’.

Con Turiansky hablaban mucho hasta que Durán se enfermó; mucho y bien y no sé por qué llegado determinado punto, Carlos decía:’Y ante tal situación, Dios le dio al hombre el libre albedrío. El hombre, elige’. No sé bien que quería decir Carlos, pero me perturba cada vez que lo recuerdo y me gustaría poder reflexionar sobre sus palabras.

Deseo también que Carmen Senández no quede en el olvido. Persona firme, coherente, cabeza dirigente, amiga cien por cien. Ella me decía, en nuestros tiempos de delegadas sindicales, que hay que tratar de convencer con razones, porque si uno tiene una luz (así decía), tiene que tratar de dársela al otro.

Era valiente, muy valiente, no porque agrediera, sino porque explicaba lo suyo- en las asambleas, piso por piso en el Palacio de la Luz – aunque todos los demás la escucharan con recelo o mostraran incomodidad o temor. Eso es ser valiente.

La amistad entre nosotros siguió firme y sólida hasta la enfermedad de Carlos y hasta el fallecimiento de Carmela en 2014”.

El camino de una vida*

Carlos Durán nación en Río Branco el 3 de marzo de 1933. A los 12 años se traslada con su familia a Montevideo. Comienza a trabajar un año después como aprendiz de electricidad, y al mismo tiempo va haciendo su liceo, sobre todo en el nocturno del Vázquez. Luego estudia electricidad en la UTU.

En 1949, a los 16 años, su hermano lo invita a participar en la Juventud Obrera Católica (JOC), de la que en pocos años más será un dirigente y referente importante. Dos años después comienza a trabajar en la UTE y el mismo día solicita su afiliación al sindicato, en el que realizará múltiples y diversas tareas, hasta ocupar puestos de dirección. En 1953 se casa con Aída Freire, con quien se conocían desde la infancia en Río Branco. Con ella tendrá cinco hijos.

La década de los 60 supuso un tiempo definitorio para gente como Carlos Durán. En 1963 se desata una huelga de 17 días en UTE que es reprimida duramente. Son también los años del Congreso del Pueblo y del proceso fundacional de la central única, la Convención Nacional de Trabajadores (CNT). Carlos integra el Congreso como delegado de AUTE. 1967 y 1968 es un período de duras luchas, que seguirán hasta la dictadura. Se implantan las Medidas Prontas de Seguridad, que tendrán brevísimos intervalos, y la militarización de varios sectores laborales. Carlos es echado de UTE, y en adelante será perseguido, preso varias veces y torturado, pasando por frecuentes detenciones en cuarteles, breves regresos a la familia o también escondido, a menudo en parroquias o locales eclesiales.

En estos mismos años, que son los del primer post-concilio y el nacimiento de la Pastoral de Conjunto, Durán se convirtió en un referente clave para aclimatar a la Iglesia en la realidad en crisis y desafiante del país. En la mayoría de las instancias de reflexión y análisis sobre la situación, él era uno de los encargados de hacer presente la voz de los sectores obreros y populares. Por esos años ya militaba en el MOAC, que reunía a los antiguos miembros de la JOC en su etapa adulta.

En 1964 y 1971 tuvo ocasión de viajar a Europa, en la primera ocasión para participar en la 1ª Asamblea Mundial de Trabajadores Cristianos, en Roma, y en la segunda por una serie de actividades que lo llevaran también al Vaticano, donde pudo informar de la difícil situación por la que pasaba el Uruguay. Ese mismo año nació, en buena medida por su impulso, el SEP (Servicio de Educación Popular) como instrumento de ayuda a la formación de y entre trabajadores.

1973: ingresa a trabajar en el CASMU. Llega la dictadura, y luego de la resistencia al golpe, comienzan para Carlos años de verdadero calvario, en la mayoría de ellos preso. Hasta 1976 la familia sabe dónde está detenido, pero en 1977 pierde el contacto. Un violento allanamiento a la casa familiar permite conocer que está en Cárcel Central, incomunicado, y unos días después, por un médico, se enteran que lo tienen internado en el Vilardebó. Finalmente logran sacarlo de allí y toman la decisión de irse del país. Así lo hacen, pasando por Chile y Colombia, hasta Venezuela.

En 1978, en Medellín, es elegido secretario general del SEP y se dedica a esa tarea a tiempo completo, creando núcleos de educadores populares en varios países latinoamericanos.

En 1985 regresa a Uruguay y es restituido en UTE y el CASMU. Diez años después se jubila. Retoma la escritura que había comenzado en el exilio. En 2007 le diagnostican múltiples infartos cerebrales, lo que limitó mucho su vida: las torturas y condiciones muy severas de prisión han dejado su marca.

Muere el 4 de abril del 2016. Fue velado en la sede de AUTE como reconocimiento por su trayectoria y ejemplo.

* La gran mayoría de los datos que siguen están tomados del libro del hijo de Carlos Durán, Henry, “Memoria de la esperanza. Un episodio en la vida de Carlos Durán”, DEDOS, Montevideo, 2009.