Coronavirus, Semana Santa y yo

POR Magdalena Martínez Centrales Un comentario

Hace casi un mes que se declaró la emergencia sanitaria en Uruguay. Ya pasaron tres semanas sin clases. Tres semanas en las que todos en casa dejamos de salir para trabajar, ir a la escuela o al jardín.

La mayor de mis hijas, Micaela, de cuatro años, no expresó ninguna angustia, ni tristeza ni preocupación por la situación en esas primeras tres semanas. Sí decía que cuando se fuera el virus, íbamos a hacer esto o aquello, pero todo con alegría y motivación. Hasta que hace cuatro noches le empezó a costar dormirse. No alcanzaban los libros, y agregamos canciones. No alcanzaron las canciones y rezamos. No alcanzaron las oraciones, y esperamos juntas abrazadas a que el sueño viniera. No lloraba ni se mostraba preocupada, pero no era normal que esto pasara. Antenoche le pregunté si algo le preocupaba, me respondió: «No quiero que Julia (su prima y amiga) se enferme». Anoche, directamente, me dijo «No quiero que te mueras».

A ella le expliqué que no salíamos para no enfermarnos todos al mismo tiempo, porque si no los médicos no nos iban a poder atender a todos. Que si nos enfermábamos no iba a ser nada malo. Que todo esto iba a pasar, y que íbamos a poder ver de nuevo a los primos, abuelos, tíos y amigos. Que yo iba a estar siempre con ella.

A mí me dije: ¿por qué tanta traba con la muerte? ¿Por qué no podemos, no puedo, hablar de ella como parte de la vida? También me dije: algún día voy a morir, pero siempre voy a estar con ella.

Estamos en Semana Santa, recordando los días previos a la muerte de Jesús, y resulta que me parece un tiempo propicio para reflexionar sobre estas cosas. Quizás, me pase también, porque ya estoy pisando los cuarenta años.

Creer en Jesús, creer en la vida eterna, significa creer en la muerte como parte de la vida. Pero vivirlo así, uy eso sí que es difícil. Quiero entregarme a la certeza de que Dios está ahí, esperándome con los brazos abiertos. Quiero creer, como dice San Agustín, que morir es sólo ir al otro lado del camino. Y, sobre todo, que estar del otro lado no nos aleja de los que están de este, sino que nos encuentra de un modo diferente. Quiero confiar en que si morir es un acto solitario, en realidad estoy siempre acompañada.

No pido no tener miedo, no sufrir con la muerte, y no llorar a mis muertos. Jesús mismo tuvo miedo, le pidió a Judas que lo hiciera rápido, y le rezó a su Padre con el deseo de sortear ese trago. Pido emocionarme con lo que puede ser el encuentro con Dios Padre. Pido alegrarme con la posibilidad de poder seguir acompañando a mis afectos siempre. Pido sentir el amor que trasciende a la muerte. Pido que la muerte me encuentre con los brazos abiertos de tanto abrazar. Porque, como dice Benjamín González Buelta, “la vida eterna avanza dentro de nosotros y se llama comunión”.

Un comentario

  • Patricia dice:

    Gracias por tu articulo. Me recordó algo sobre mi infancia y me ha hecho reflexionar sobre lo que tu mencionas, nuestra relación con la muerte, mala relación quizás por así decirlo. Y lo otro, que difícilmente reconocemos que si somos cristianos seguimos a un crucificado y muerto y resucitado. Reconozco que el viernes santo se me hace interminable.
    Pero volviendo al comienzo, recuerdo cuando era niña y mi madre se enfermaba por cualquier razón, el temor por su muerte me llevaba a rezar a Dios y pedir que me enfermara yo y no mi mamá. Por aquel entonces, creía que sólo morían los adultos. Si hubiera hablado de este temor con mi madre quizás me hubiera ayudado como tu hiciste con tu pequeña.
    Del otro lado de esta experiencia, hace 1 año y medio falleció mi abuela paterna. En las últimas visitas que le hice me hablaba casi todo el tiempo de su deseo de ver a Dios del otro lado, de que la reciba Jesús y de ahí no la sacaba. Por más bromas que yo hacía, de que para eso le faltaba mucho y otras frases buscando distender el momento, ella insistía. No estaba para nada afectada por el temor y eso me dejaba pensando porque yo sí quedaba afectada. Aún así me daba cuenta de que ella necesitaba expresar eso con alguien y que para ella dar el paso era simplemente dar el último paso en esta vida.
    Me gustó mucho tu articulo. Gracias!

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