“Khaled no tiene miedo del mar porque llegó en avión…”
Corredores Humanitarios

POR La redacción Centrales Sin comentarios

Llegó en avión y no en un gomón abarrotado de gente. Fue llevado a Italia, con su familia y otras varias, por medio de una iniciativa cristiana ejemplar a favor de los refugiados llamada “Corredores humanitarios”.

La expresión es conocida en el contexto de situaciones bélicas, cuando poblaciones enteras quedan prisioneras de la violencia y la falta de alimentos, agua, cuidados sanitarios, etc. En ocasiones, cuando la presión externa se vuelve intensa, o las condiciones del conflicto llegan a extremos intolerables para los civiles, los beligerantes deciden establecer treguas más o menos precarias y delimitar precisamente corredores para que heridos y población civil puedan ser llevados a lugares más seguros y con condiciones mínimas de atención humanitaria.

Países, sociedades e Iglesias ante la emergencia

El fenómeno, verdadero tsunami poblacional y catástrofe contemporánea, de la migración de millones de personas desde el Medio Oriente y el Norte de África hacia Europa está sacando a la superficie, en gobiernos y poblaciones, lo peor como lo mejor. Rechazos xenófobos o acogidas generosas, muros y alambradas o puertas abiertas, gritos hostiles de alarma o palabras de paz… Y en lo que a Iglesia se refiere, llamados evangélicos y gestos de Francisco frente a pusilanimidad de obispos y sobre todo mezquindad y ceguera de políticos. Salvo las excepciones muy honrosas de Alemania y su gobierno. Lo mismo Grecia, medio a la fuerza, e Italia, parecido. Eso sí, aunque en las sociedades ricas hagan mucho ruido los grupos racistas, fascistoides y ultras, hay muchas iniciativas de gente que practica la acogida, el acompañamiento solidario, la apuesta a la integración y a una convivencia rica en diversidades. Ahí están los que en Francia se llaman a sí mismos “delincuentes de la solidaridad”, a quienes la justicia del país persigue y condena por ayudar “ilegalmente” a los refugiados.

A continuación, ofrecemos información básica sobre una iniciativa, nacida en Italia en campo cristiano, los “corredores humanitarios”. A la información se suman algunos comentarios de los protagonistas tomados ambos de medios europeos.

Era migrante prófugo y me acogieron

La Comunidad de San Egidio, nacida en Roma hacia finales de la década del 60, es un movimiento católico laical que desde sus orígenes (un grupo de estudiantes liceales) centró su misión en la gente pobre y marginada de la ciudad. El paso de los años y su crecimiento rápido la fueron llevando a un progresivo compromiso también con la paz, con intervenciones exitosas, por ejemplo en Mozambique y Guatemala, logrando acuerdos que dejaron atrás largos años de guerras internas. Algunos por eso la llaman ”ONU del Trastevere” (por el barrio romano en que nació y tiene su sede).

“Recientemente, ha vuelto al primer plano de la actualidad por impulsar, junto con la Federación de las Iglesias Evangélicas de Italia (FCEI) y la Mesa Valdense [en enero de 2017 se ha unido la misma Conferencia Episcopal Italiana], un “corredor humanitario” para personas que huyen de la guerra, del hambre, del terrorismo y de los cambios climáticos. Se trata de una iniciativa que, pactada con los Ministerios italianos del Interior y de Asuntos Exteriores, permite que la acogida, acompañamiento e inserción de estos refugiados y migrantes sea legal y segura, evitando con ello el tráfico de seres humanos y, sobre todo, su desaparición en las aguas del mediterráneo e, incluso, en tierras europeas. No solo cuenta con la implicación de diferentes iglesias, sino también con la inestimable complicidad de una parte nada desdeñable de la sociedad civil italiana. Y, por si eso pareciera poco, evidencia y denuncia, en su indudable modestia, el miedo y la insolidaridad que preside la política migratoria de los gobiernos europeos cuando, como sucede en la actualidad, se olvidan de los derechos humanos de los que llaman, desde marzo de 2016, “migrantes irregulares”; pagan a terceros países, de dudosa credibilidad en lo que se refiere a la defensa de estos derechos -como en el caso de Turquía-, para que frenen su llegada a nuestras costas e, incluso, prefieren construir muros o poner, como sucede en España y en Hungría, alambradas de cuchillas -las llamadas concertinas- en sus fronteras […] Se cuenta, para favorecer la integración de estos migrantes y refugiados, con la colaboración de todas las diócesis italianas. Los gastos ocasionados correrán a cargo del “ocho por mil” que los católicos destinan anualmente en su declaración de Hacienda para las actividades de la Iglesia” (ATRIO, 5/2/2017). El primer corredor se estableció en diciembre del 2015.

Con la tragedia de Lampedusa

“Fue con la tragedia de Lampedusa [3/10/2013, el primer gesto de Francisco con los migrantes] que nos resultó evidente el carácter absurdo de esas muertes en el mar, cuenta María Quinto, responsable del proyecto. Se habla mucho de los corredores humanitarios, pero no habíamos encontrado todavía la llave para llevarlos a la realidad. Hasta que no estudiamos bien la normativa y nos enteramos de la posibilidad para los Estados de conceder visas humanitarias con validez territorial”. La ventaja para el país que acoge es doble: “No gasta un euro y puede elegir a quien dejar entrar”, porque el permiso final no se consigue sin controles de seguridad. A este camino se le podría luego acoplar el mecanismo del “sponsorship”, prosigue Quinto, que por ejemplo funciona en Canadá, o sea, un sponsor determinado, sea un ciudadano, una asociación, una iglesia, etc. se hace garante de la llegada y del sustento de quien pide asilo” (Corriere della Sera del 2/2/2016).

El contagio, la emulación

La iniciativa de los corredores, por su contenido humanitario y su densidad evangélica ya ha contagiado a Iglesias y grupos cristianos en otros países. La primera concreción se ha verificado el pasado 14 de marzo cuando en el palacio del Eliseo, el presidente de Francia F. Hollande, con su ministro del Interior, firmaba el acuerdo con la Federación Protestante de Francia (FPF), la Federación de Ayuda Mutua Protestante (FEP), el Socorro Católico–Caritas de Francia, la Conferencia Episcopal de Francia y la Comunidad San Egidio francesa, con las mismas características que en Italia.

Explicando la iniciativa a la prensa reunida para la ocasión, Valérie Régnier, de San Egidio Francia, insistió concretamente en la importancia que tiene este compromiso del Estado para que los migrantes consigan con rapidez el estatuto de refugiados: “Según el acuerdo se les concederá en tres meses máximo y es algo fundamental para nosotros. Para poder tener éxito y permitir que las familias se vuelvan autónomas, el proceso de integración debe ser rápido. Actualmente los tiempos de espera son tan largos (hasta dos años) y los resultados tan inciertos que tanto los voluntarios cuanto los exiliados terminan exhaustos. A veces se crean situaciones dramáticas. La concesión acelerada de ese estatuto y el compromiso de la sociedad civil, desde el comienzo al final del proceso, son las dos dimensiones capitales del proyecto”. “Es lo que contribuirá a favorecer la integración de los recién llegados y a tranquilizar a la opinión pública mostrando los efectos benéficos de esta solidaridad activa”, dice por su parte Laurent Giovannoni, del Socorro Católico-Caritas.

Con seguridad sí, pero con humanidad

Hay otro argumento que ha podido convencer al gobierno: el proyecto tiene el mérito de unir humanidad y seguridad. “Cuando las personas llegan de manera ilegal en embarcaciones, es difícil identificarlas, en Lampedusa o en otras partes”, comenta Vincent Picard, de San Egidio-París. “Nuestro dispositivo permite identificarlas antes de la partida y esto es mejor que dejar venir a las personas sin un criterio. Este modo de actuar puede ser una manera de tranquilizar a los compatriotas que tienen miedo de que se cuelen posibles terroristas. Este protocolo compromete al Estado más allá de eventuales cambios de mayoría política [en Francia hay elecciones en mayo]. Los corredores humanitarios, además, se presentan como un modelo reproducible para los Estados de la zona Schengen. Esperamos que se difundan y que se conviertan en ejemplo para toda Europa”. De hecho, otras iniciativas ecuménicas están en camino en diversos países como Alemania, España, Bélgica y Holanda (La Vie, 12/3/2017).

La inspiración, el espíritu

Si queremos acercarnos con mayor profundidad al espíritu de esta experiencia que arroja un poco de luz evangélica en el panorama tan sombrío que rodea a esta verdadera catástrofe humana, podemos hacerlo recorriendo una especie de manifiesto que las organizaciones protagonistas hicieron público el 1 de junio de 2016 en Roma.

“Frente a lo que se está convirtiendo en una rutina de muerte, dicen, como cristianos combatimos lo que el papa Francisco en Lampedusa ha llamado la ‘globalización de la indiferencia’. Es nuestra conciencia de personas que han conocido y confiesan el amor de Cristo la que nos empuja a hacer todo lo que somos capaces para proteger a las personas más vulnerables, acogerlas en lugares seguros y acompañarlas en su camino de integración en nuevos países. Y es la vocación cristiana a la paz y la justicia para todos, ¡no solo para nosotros!, que nos lleva a decir con palabras del Secretario general del Consejo ecuménico de las Iglesias, pastor Olav Fykse Tveit, que estas migraciones ‘tienen causas profundas que debemos asumir y combatir juntos en nombre del Dios de la vida, para salvación de los migrantes y de la familia humana entera’.

Con este espíritu nosotros, católicos y protestantes juntos, hemos propuesto y lanzado la experiencia de los ‘corredores humanitarios’. Sobre la base de un protocolo suscrito con los Ministerios de Interior y de Relaciones Exteriores hemos ya traído a Italia alrededor de 200 migrantes en fuga de Irak y de Siria [en la actualidad son unos 1.000]. Son personas vulnerables y necesitadas de protección, prófugos, mujeres solas, menores, discapacitados o enfermos, a quienes hemos garantizado una vía segura de acceso a Europa. Lo hemos hecho con nuestros recursos para no ser una carga sobre el sistema de acogida preparado por las instituciones italianas, y agradecemos a todos los que de tantos modos y en una medida que no esperábamos fuera tan grande nos han querido sostener y acompañar en este servicio. Esta es la señal de un pueblo generoso que comprende la gravedad de la situación de quienes escapan y golpean a nuestra puerta, y que no acepta sumarse a los coros de quienes invocan muros imposibles o llegan hasta a pedir no seguir con los auxilios en el mar porque podrían incentivar la llegada de más gente. Frente a la tragedia de que somos testigos, los corredores están mostrando que son una alternativa posible, segura y sostenible, capaz de proteger la vida y combatir el tráfico humano en el Mediterráneo […]

Nos sentimos llamados por nuestra fe que nos exhorta a alimentar a quien tiene hambre y dar de deber a quien pasa sed, nos lo permite la normativa vigente que admite la concesión de visas por razones de protección humanitaria, nos lo impone la tradición cultural y jurídica de Europa que nació y se fue fortaleciendo en la afirmación del principio de la tutela de los derechos humanos y la protección internacional”.

El manifiesto está firmado por Eugenio Bernardini, Moderador de la Mesa Valdense;  Marco Impagliazzo, Presidente de la Comunidad de San Egidio y Luca M. Negro, Presidente de la Federación de las Iglesias Evangélica en Italia (NEV .Notizie Evangeliche, 1/6/2016)

Roma, 1 giugno 2016 Eugenio Bernardini, Moderatore della Tavola valdese Marco Impagliazzo, Presidente della Comunità di Sant’Egidio Luca M. Negro, Presidente della Federazione delle chiese evangeliche in Italia (“NEV” del 1 giugno 2016- Notizie Evangeliche).

“No muros sino puentes. Derechos humanos pero también ecumenismo”

Este es el título de un artículo de Andrea Riccardi, el laico fundador de la Comunidad de San Egidio, escrito luego de recibir en el aeropuerto Fiumicino de Roma al segundo grupo de refugiados de Siria e Irak llevados a Italia por medio de los corredores humanitarios (tomado del Huffington Post, 6/5/2016). Extractos.

“La verdadera Europa no tiene muros sino que construye puentes. Los corredores humanitarios nacieron de la colaboración entre católicos y protestantes, en sinergia con el gobierno italiano. La sociedad civil, en todo el territorio nacional, se encarga con total autonomía financiera de la acogida, la enseñanza de la lengua italiana y los cuidados médicos que muchos de ellos necesitan […] Este proyecto combina solidaridad y legalidad, permitiendo a los prófugos llegar de manera segura a Europa, evitando las muertes en el mar la explotación por parte de los traficantes de seres humanos, después de un estudio legal cuidadoso. Se trata de una iniciativa de solidaridad con familias en situación de grave vulnerabilidad, pero también es una protesta europea y civil contra la guerra que desde hace demasiados años ensangrienta Siria. Necesitamos paz para este pueblo.

En este proyecto hay también un mensaje ecuménico, la colaboración entre las comunidades evangélicas y una católica como San Egidio. Los refugiados interpelan a los cristianos europeos sobre qué Europa quieren para el futuro. No todos los cristianos (cualquiera sea su confesión) están de acuerdo o han reflexionado sobre este tema. Nuestras opciones sobre los migrantes construyen la Europa de mañana. Por eso he planteado la convocatoria de un sínodo europeo ecuménico. El pastor Luca M. Negro, presidente de la Federación de las Iglesias evangélicas de Italia ha planteado también con fuerza esta idea. De los ‘puentes’ depende el futuro (demográfico pero no solo) de nuestro continente en declinación. La fidelidad a las palabras evangélicas sobre la acogida al forastero nos guía para entender mejor el camino hacia la Europa de mañana. Porque detrás de los muros que parecen defendernos y darnos tranquilidad está solamente el comienzo del fin de nuestros países”.