LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DEL URUGUAY

POR Adela Pellegrino Centrales Sin comentarios

Una transición demográfica “precoz” y lenta

La demografía se desarrolla en el largo plazo: salvo catástrofes o accidentes muy importantes, los cambios tienen lugar en períodos extensos y la tarea de pensar en sus desafíos y las políticas orientadas a mejorar el perfil demográfico toman en cuenta parámetros de carácter histórico.

El territorio uruguayo se ha caracterizado por el despoblamiento a lo largo de la historia. Desde que tenemos conocimiento, se caracterizó por el vacío demográfico y la alta concentración en la ciudad capital, dando un temprano predominio de población urbana.

Hasta las primeras décadas del siglo XX sabemos que las familias eran grandes, las mujeres tenían muchos hijos (la estimación de la fecundidad de Raquel Pollero era, en promedio, de 6 hijos por mujer en 1908) y la mortalidad era alta debido a las enfermedades y los episodios de violencia en la sociedad como las guerras civiles. Sin embargo, la esperanza de vida fue creciendo a fines del siglo XIX debido a las políticas orientadas impulsar la salud pública o la mejora en la calidad de la vida.

El siglo XIX se caracterizó por un crecimiento considerable de la población. Al incremento vegetativo o natural se sumaba un intenso flujo migratorio. La inmigración internacional fue un fenómeno muy temprano en Uruguay que estuvo aportando población a un espacio donde reinaba el vacío demográfico.

La migración fue siempre la variable más intensa de las que integran ladinámica demográfica.  El territorio fue atravesado por flujos migratorios de diferente dirección, los que cruzaban el Atlántico, originados de Europa y África, los fronterizos desde y hacia a Brasil y Argentina y los movimientos internos que fueron concentrando su orientación hacia Montevideo. El saldo migratorio internacional fue positivo a lo largo del siglo XIX y también en la primera mitad del XX.

El siglo XX observa importantes transformaciones en la evolución demográfica. Los componentes que integran la dinámica demográfica van a procesar cambios sustantivos a lo largo del siglo XX. La sociedad pasará de una población joven a una envejecida, de familias grandes a pequeñas, de un país de inmigrantes a uno de emigrantes y el siglo concluyó en un crecimiento lento de la población que, en algunos breves años, llegó a tener un crecimiento negativo.

Estos fenómenos son los que la literatura especializada ha denominado la “transición demográfica”: es el proceso por el cual las poblaciones pasan de una situación de equilibrio, consecuencia de una mortalidad y natalidad altas a otra situación de equilibrio, con mortalidad y natalidad bajas. En ambos casos, tiene lugar un crecimiento bajo o nulo de la población. Los niveles que tienen lugar entre los descensos de las muertes y de los nacimientos dan lugar a etapas más o menos altas de crecimiento de la población.

Uruguay además de haber tenido una densidad demográfica muy baja en su inicio, no tuvo situaciones “explosivas” en el crecimiento de la población. Su característica es haber observado una transición demográfica temprana y lenta, similar al proceso de Argentina. Habrá que esperar 30 años más, para que los primeros países latinoamericanos que la siguen comiencen a transitar ese proceso.

Una mortalidad en descenso

En la mayoría de los países la transición demográfica se inició con el descenso de la mortalidad. En el Uruguay se observó una tendencia descendente en las últimas décadas del siglo XIX y continuó lentamente a lo largo del siglo XXy fue considerado entre los países de bajo nivel. La esperanza de vida era de 50 años en la cercanía de 1908, compitiendo y en muchos casos superando a países de importante desarrollo económico.La esperanza de vida al nacer es un indicador adecuado de los niveles de mortalidad. En Uruguay, evolución de 50 años hacia 1908, según estimación de N. Niedworok, a casi 69 años en 1963, es decir, una ganancia de unos 18 años en el período entre los censos 1908 y 1963. Actualmente la estimación alcanza a 77 años y se mantiene una diferencia significativa entre los sexos. La esperanza de vida de las mujeres es de 80.3, siete años mayor que los hombres (INE).

El descenso de la mortalidad que se observó en el siglo XX ha sido alternado de descensos y períodos de estancamiento, principalmente debido a la reducción de la mortalidad infantil. La disminución de la mortalidad infantil fue el orgullo del gobierno y de la sociedad en su conjunto en los primeros años del siglo XX. La prédica de médicos como Joaquín de Salterain, y Luis Morquio fue recogida por las autoridades sanitarias que impulsaron políticas y medidas que incluyeron al país entre los que contaban con una mortalidad infantil muy baja para la época.

 Sin embargo, a lo largo del siglo el país fue perdiendo su posición de liderazgo en el estado de salud de la población, que era objeto de orgullo de las autoridades estatales y sanitarias del Novecientos. Pero es importante señalar que en el ranking se fue perdiendo, y en 1930 se había quedado relegado con respecto a gran parte de los países de Europa.

A mediados de siglo todavía mantenía un lugar preferencial en el contexto latinoamericano. Pero a partir de entonces, los valores de los indicadores muestran un estancamiento en las décadas de 1960-70. Este tiempo perdido en el descenso de la mortalidad infantil, en simultáneo con un muy buen desempeño de otros países del área en materia de salud, rezagó al Uruguay al cuarto lugar, luego de Costa Rica, Cuba y Chile (Pellegrino et al. 2008).

En las últimas décadas, la mortalidad infantil tuvo un descenso considerable: la tasa era de 13/oo en 2004 y se llegó a 7.5 en 2015. (INE).

De todas muchos hijos, a menos de dos

La natalidad es otro componente de la dinámica demográfica. En Uruguay, la natalidad[1] llegó a tener, en la década del 70 del Siglo XIX, niveles muy altos en términos comparativos mundiales, de alrededor de 50 o/oo. Sin embargo, ya a fines de ese siglo comienza a mostrar un descenso progresivo que, hacia 1935, se estima que era del orden de 20 o/oo. Este nivel se mantiene con oscilaciones en los años que siguen a la Segunda Guerra Mundial, hasta mediados de la década de 1970, cuando tiene lugar un aumento de los nacimientos. En la década de 1980 hay un nuevo descenso hasta el 17 o/oo. Más recientemente continuó esta tendencia, llegando en 2015 a 14 o/oo. (Pellegrino ,A., 2008)

Los indicadores referidos a la fecundidad[2] permiten observar más afinadamente las transformaciones que se producen en el comportamiento reproductivo de las mujeres y las parejas y permite estimar el nivel de la fecundidad sin estar afectada por la estructura por edad de la población. Ello permite realizar comparaciones entre los países. En Uruguay la tasa de fecundidad general desciende desde valores relativamente altos en la primera década del siglo XX, tendencia que se acentúa en los años que siguen a 1929. La gran crisis económica de esos años afectó a los matrimonios y los nacimientos en muchas regiones del mundo y el Uruguay no escapó a sus consecuencias.  Después de la Segunda Guerra Mundial, hay un repunte de la fecundidad y se puede decir que hubo un pequeño «baby boom», coincidente con un período de expansión económica y con la llegada de la última oleada de inmigración europea (Pellegrino, 2008).

Con datos del censo de 1975 se pudo observar que el nivel promedio de la fecundidad de las mujeres que habían culminado su período fecundo (es decir, a partir de 45 años) mostraban diferencias según el nivel educativo y entre los que residían en Montevideo o en el resto del país (Pellegrino y Pollero, 2000). También se observó que las mujeres inmigrantes, nacidas en países europeos, tenían un número menor de hijos que las nacidas en el país, lo que abonaba la hipótesis del impacto de la inmigración europea sobre los cambios de la reproducción.

Entre 1908 y 1963 el número medio de hijos por mujer se redujo a la mitad (de 6 hijos a 3) y el Censo de 1996 puso en evidencia un nuevo descenso en los años precedentes, que llevaron este promedio a 2,4 hijos por mujer. Los efectos de un cambio importante en la participación de la mujer en el mercado de trabajo y en el aumento del número de años de estudio, fueron algunos de los factores que intervinieron en la caída del promedio de hijos que tuvieron las mujeres de esas generaciones. Otro factor relevante fue la difusión y generalización del uso de anticonceptivos eficientes. Estos aspectos tuvieron como consecuencia un nuevo ajuste a la baja de la fecundidad. La crisis económica, que se agravó a partir de 1999 y particularmente en 2002-2003, fue acompañada por un descenso en el número de nacimientos, a lo que no es ajena la intensificación de la emigración internacional, que resta mujeres en edad de reproducir y reduce el número de los nacimientos.

Los estudios realizados sobre la fecundidad en Uruguay demostraron una correlación entre el nivel educativo de la mujer y su comportamiento reproductivo. Estos hallazgos son coincidentes con lo que demuestran distintos trabajos nacionales e internacionales sobre el tema. También se ha puesto de manifiesto que es más reducido el número de hijos entre las mujeres que tienen actividades económicas fuera del hogar, y de acuerdo a su residencia en la capital o en el interior del país (Varela Petito, 2008).

Los trabajos recientes realizados por Carmen Varela en el Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR han demostrado que las pautas de reproducción de las mujeres tienden a dividirse al menos en dos grandes grupos:

  1. a) uno integrado por mujeres que postergan la edad del inicio de la trayectoria reproductiva, en virtud de cambios importantes en el estatus de la mujer en la sociedad y de la incorporación de las nuevas visiones sobre el rol de la mujer y la maternidad. Estas mujeres prolongan la permanencia en el sistema educativo en función de la valoración sobre el peso que tiene adquirir mayor formación y especialización, en la mejora de oportunidades, autonomía, autosustento;
  2. b) el otro grupo está integrado por mujeres que adelantan el inicio de la maternidad y que, en porcentajes relevantes la comienzan en la etapa adolescente. Ello se vincula con procesos de marginalización social y segregación residencial y bajo nivel educativo. La vulnerabilidad social a la que está sujeto este segundo grupo de mujeres se conjuga con las carencias en educación en salud sexual y reproductiva que continúan estando presentes. Para estas mujeres las desigualdades de género persistentes en la sociedad intervienen en la mayor o menor dificultad para adoptar sus decisiones reproductivas y sus relaciones afectivas y sexuales (López y Varela Petito, 2016; Varela Petito, Tenenbaum y Lara, 2014; Pellegrino y Varela Petito, 2013).

Las diferentes modalidades de las trayectorias reproductivas plantean al menos dos modelos reproductivos de las mujeres uruguayas. En las últimas dos décadas, se ha observado una polarización de los mismos estableciendo brechas importantes entre las mujeres con altos niveles educativos y las de estratos sociales medios y altos y aquellas con baja educación y estratos carenciados (Varela Petito, 2008).

De todas formas, estas diferencias en las trayectorias reproductivas no han impedido el descenso paulatino del promedio de hijos tenidos por las mujeres. Esto ha determinado que en el año 2004 la tasa global de fecundidad alcanzara por primera vez el límite del reemplazo de la población[3] (2,1 hijos por mujer) y que actualmente se encuentre por debajo del mismo (1,93 en 2014). Sin embargo, este descenso de la fecundidad total no implica aún que intervenga en el descenso de la población. Ello se debe a la inercia de la estructura de edades: si bien baja el promedio de hijos por mujer, todavía hay un porcentaje elevado de mujeres en edad de procrear. Es cierto que, con el paso de los años, el envejecimiento poblacional provocará que las mujeres de esas edades comiencen a disminuir, pero el proceso es gradual y está influido por otros factores, como la longevidad y, sobre todo, por la migración.

En síntesis, la disminución del promedio de hijos que tienen las mujeres no conducirá en el corto plazo a una disminución de la población. Ello no implica que el país no tenga por delante desafíos importantes en términos de políticas públicas que se orienten a disminuir las desigualdades sociales y culturales de su población que, entre otros, establecen desiguales oportunidades de desarrollo para sus ciudadanos.

Los que llegan y losque  se van

La migración internacional es otra variable que afecta la dinámica de la población. El saldo migratorio puede tener consecuencias diferentes de acuerdo a su signo (positivo o negativo) y puede afectar el volumen de la población, así como afectar la estructura de edades o la relación del número de los sexos.

En el caso del Uruguay la migración ha tenido un impacto muy fuerte sobre la población y ha mantenido un saldo positivo a lo largo de su historia hasta la mitad del siglo XX. A partir de los últimos años de la década de 1950 el saldo migratorio se convirtió en negativo y la población que emigra es mayor que la inmigra.

La emigración ha sido un tema presente en el perfil demográfico del país pero la presencia de la inmigración la superaba en creces hasta la segunda mitad del siglo. Entonces, a partir de la década de 1960, según las estimaciones de Cabella y Pellegrino (2006), alrededor 200.000 personas emigraron entre los años 1963 y 1975 lo que era el 7.2% de la población en 1975.

La emigración de las décadas de 1970 y 1980 tuvo causas de diferente tipo. La represión derivada de la presencia de la dictadura a lo que se unió la crisis económica y el desempleo que siguió al fin del período de la política llamada de “industrialización sustitutiva”. La emigración tuvo consecuencias muy importantes en pérdidas demográficas, de recursos humanos (en ese período emigraron técnicos, profesionales y obreros industriales). Su experiencia, considerada de integración óptima en los países de recepción, permitió demostrar un ejemplo interesante a los jóvenes que buscaban encontrar nuevos horizontes, y la consolidación de redes entre los emigrantes y los residentes en el país permitió ofrecer vínculos, apoyos y sobre todo información.

A partir dela primera década del siglo XXI, se desencadenó una crisis económica, que fue considerada entre las mayores que sucedió en el país. La emigración surgió como una alternativa posible para enfrentar el desempleo. La presencia de redes permitió una respuesta muy rápida a la emigración.  La encuesta de Hogares de 2006 registró la información de que los emigrantes de ese período declararon que el 70% de ellos habían contado con el apoyo de amigos y familiares en la concreción de su proyecto migratorio.

Los emigrantes uruguayos que tuvieron como destino en un 70% a España y los Estados Unidos, eran jóvenes un 55% y tenían entre 20 y 29 años cuando salieron de Uruguay. El promedio del nivel educativo era mayor que el de la población residente, algo similar a lo conocido de la emigración de los años 1970.

Con respecto a las ocupaciones se observaron cambios importantes, la emigración de los años 70 tuvo un peso importante entre los profesionales y técnicos y obreros industriales calificados, en cambio en estos flujos recientes predominaron las ocupaciones relacionadas a los servicios.

A partir de 2007, se desencadenó una crisis económica de alcance global y el desempleo llegó a niveles no imaginados en los países industriales. En Uruguay, la emigración se estancó y luego detuvo y se observaron los flujos de retorno.

Desde hace unos años, la crisis internacional implicó también la intensificación de los flujos dentro del continente sudamericano. Estos contingentes que estaban presentes en la Argentina, Brasil y Chile intensificaron sus stocks y ahora también comienzan a ingresar a otros países de acogida. En el caso de Uruguay han comenzado a ingresar grupos de migrantes latinoamericanos que se integran al mercado de trabajo y en la sociedad uruguaya.

Uruguay ha presenciado un crecimiento económico en el período reciente que ha tenido como resultado un descenso del nivel del desempleo. El fenómeno es incipiente y la investigación sobre estos grupos recién comienza. Es difícil aún predecir el futuro de este fenómeno que tiene muchos antecedentes en la historia uruguaya.

¿Cuáles desafíos debe enfrentar el Uruguay con respecto a su perfil demográfico?

La pequeñez es la preocupación de los que han pensado el futuro del país en todos los períodos de la historia independiente.  Entre las primeras políticas que se plantearon en la República, estaba el objetivo de liberarse de las trabas que limitaban el ingreso de nuevos residentes al país. También se impulsaron políticas orientadas a estimular la inmigración.

La inmigración fue “precoz”, en las palabras de Devoto, el historiador de este tema en esta región y hubo olas de crecimiento de inmigración a lo largo del siglo XIX

El país del Novecientos fue muy próspero en su economía y se desarrolló en la mayoría de los campos que era importante impulsar. La pregunta que se debe responder es la siguiente: ¿el país avanzó tanto debido al crecimiento de la población o, por lo contrario, ¿la gente inmigraba porque éramos prósperos?

¿Los números cuentan? Hay mucha literatura específica sobre el tema. ¿Es necesario tener un mínimo de población para desarrollarse?

Hay muchas interrogantes y ninguna con respuestas concluyentes.

Es cierto que es difícil que el crecimiento vegetativo de la población pueda ser de un nivel muy alto  como para aumentar de manera considerable la población. La mortalidad se mantiene a un nivel bajo y es beneficioso que siga esa orientación. La fecundidad probablemente se mantiene en un nivel bajo con oscilaciones. Más bien lo que sabemos es que el crecimiento del nivel educativo de las mujeres tuvo como resultado niveles menores de fecundidad y conclusiones similares se encuentran en otros factores que suponen la calidad de vida alta de las mujeres. Se puede concluir que es positivo que se reduzca la brecha entre las mujeres.

El envejecimiento se plantea entre los primeros desafíos del perfil demográfico del Uruguay. La última etapa de la transición demográfica (o el inicio de la “segunda ola demográfica”) ubica al Uruguay como un país con un porcentaje alto de población mayor.

En ese sentido, se ha avanzado en la discusión de la lista de temas presentados en las políticas sociales, así como medidas que se proponen para adaptar la sociedad a una población donde tienen un peso grande los adultos mayores. De todas maneras, es necesario avanzar en todas las medidas que ayuden a crear las mejores relaciones entre las generaciones y que permitan integrar a todas las personas que se encuentran en las distintas  etapas de la vida.

Con respecto a la inmigración internacional, es una alternativa al crecimiento de la población, aunque haya dudas sobre sus consecuencias en el largo plazo. De todas maneras es claro que incorpora trabajadores, consumidores, aportantes a la seguridad social, por ejemplo. Los estudios de los países que son receptores de inmigrantes concluyen que, en general, los inmigrantes aportan al sistema estatal más que lo que gastan en general.

Por otra parte, la inmigración incorpora aspectos culturales distintos, tradiciones diferentes y en general aspectos que enriquecen tanto la fuerza de trabajo, como la cultura.

Más allá de la evaluación de los beneficios que puede aportar la inmigración, también se puede considerar que en este período la migración está causada, en gran medida, por la violencia y la persecución debida a guerras, que tienen como origen xenofobia e intransigencia religiosa y entre los desafíos se debe dar lugar a un espacio importante a la solidaridad con los perseguidos y los refugiados.

Los desafíos de las políticas deben incluir las medidas orientadas a la integración de los diferentes.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Cabella, W., Pellegrino, A.  (2005) Una estimación de la emigración internacional uruguaya entre 1963 y 2004. Unidad Multidisciplinaria. Facultad Ciencias Sociales. Documento de Trabajo, No. 70, p. 6-19

López Gómez y Varela Petito, Carmen (Cords.) De Rosa, Cecilia; Doyenart, Ma. José; Freitas, Mathías; Lara, Cecilia; López Gómez, Alejandra; Rossi, Sabrina; Varela Petito, Carmen (2016) Maternidad en adolescentes y desigualdad social en Uruguay. Análisis territorial desde la perspectiva de sus protagonistas en barrios de la periferia crítica de Montevideo. Udelar-UNFPA, Montevideo

Pellegrino, Adela y Varela, Carmen (Coords.) (2014) Hacerse adulto en el Uruguay: un estudio demográfico. p. 1-145. Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC)-UdelaR, Montevideo

Pellegrino, A.  (2013) “Cien años de transición demográfica”. Revista Migración y Desarrollo. No 20. Universidad de Zacatecas.

Pellegrino, A (2009) Uruguay: país de migrantes internos y externos. Material de Divulgación, Montevideo, Programa de Desarrollo de Naciones pp.44

Pellegrino, A., Cabella, W., Paredes, M., Pollero, R., Varela, C. (2008) “De una transición a otra: la dinámica demográfica del Uruguay en el siglo XX”. En Nahum, B. Uruguay en el siglo XX: la sociedad. Ediciones de Banda Oriental, Montevideo

Pellegrino, A. (2003) Caracterización demográfica del Uruguay. Montevideo, Facultad de Ciencias Sociales, United Nations Population Fund (UNFPA). 40 pp.

Varela Petito, Carmen Mariana Tenenbaum y Cecilia Lara (2014) “Fecundidad adolescente en el Uruguay : ¿la pobreza como umbral de resistencia al descenso” En Suzana Cavenaghi y Wanda Cabella (Orgs), Comportamiento reproductivo y fecundidad en América Latina: una agenda inconclusa. Serie de investigaciones/nº 3 ALAP, Río de Janeiro  p 185-206.

Varela Petito, Carmen, Fostik, Ana y Pollero, Raquel (2008) “La fecundidad: evolución y diferenciales en el comportamiento reproductivo”. En: Varela Petito, Carmen (Coord.): “Demografía de una sociedad en transición: la Población uruguaya a inicios del siglo XXI”. Trilce Montevideo 9. 35-68.

De la Redacción: a continuación, ofrecemos algunos links a trabajos de Adela Pellegrino que se pueden leer en internet. El último dirige a todas las publicaciones del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR.

http://cienciassociales.edu.uy/unidadmultidisciplinaria/publicaciones/

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-75992013000100007

http://www.uruguayos.fr/IMG/pdf/URUGUAYPaisdemigrantesinternosyexternos_HDR2009.pdf

http://www.anep.edu.uy/historia/clases/clase20/cuadros/15_Pellegrino-Demo.pdf

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[1] Aquí nos referimos a la que suele denominar “tasa bruta de natalidad”: es el número de nacidos vivos por 1.000 habitantes, en un año dado.

[2] Existen varios indicadores para representar la fecundidad. La tasa de fecundidad general se refiere al número de nacimientos sobre la población femenina en edad de procrear. El indicador más corrientemente utilizado es la tasa global de fecundidad, dada por el número de hijos que, en promedio, tendría cada mujer de una cohorte hipotética de mujeres no expuestas al riesgo de muerte, desde el inicio hasta el fin del período fértil y que, a partir del momento en que se inicia la reproducción, están expuestas a las tasas de fecundidad por edad del momento de las poblaciones en estudio.

[3]El reemplazo de la población refiere al promedio de hijos por mujer necesario para que una generación pueda ser numéricamente remplazada por la siguiente.