MEMORIA PARA ARMAR
Espectáculo de Ruben Olivera

“Memoria para armar” es un espectáculo unipersonal en torno a la historia reciente de nuestro país y una clara denuncia en relación a los derechos humanos violentados, entre ellos el más doloroso y abierto aún: el de los desaparecidos.

Es un recital de música y canciones, pero mucho más que eso, con una puesta en escena bien diferente a otros espectáculos del mismo cantautor uruguayo Ruben Olivera. Lo viene presentando en el Teatro Victoria todos los viernes de setiembre y octubre. Ojalá lleguen a tiempo los que aún no lo han visto.

Los de cincuenta y más disfrutarán del repertorio conocido, de la poesía de este artista de sensibilidad exquisita; los más jóvenes podrán aproximarse a la historia desde el arte, a través de un espectáculo innovador y audaz, de un Ruben Olivera que incursiona en una apuesta teatral, no sólo musical.

Se trata de una puesta en escena muy plástica y dinámica. De ahí mi especial recomendación para los jóvenes, más aún para ir a disfrutarlo en familia. Creo que sería una ocasión ideal para que las diferentes generaciones, desde abuelos a nietos, compartan el espectáculo, lo comenten y recreen con historias familiares, de tal modo que se logre ese objetivo de armar la memoria, pues en eso consiste apropiarse de la historia. Las memorias personales fragmentarias, parciales, en el diálogo con otros y con otras generaciones, se arman y vuelven colectivas, “nuestra historia”.

Algunos datos del espectáculo –tomados del propio afiche- antes de otros destaques personales: Las canciones parten de recuerdos de la casa de infancia y transitan por distintos momentos en la historia política del Uruguay. La obra incorpora voces de actores (Héctor Guido, Susana Maisonnave), poetas (Rafael Courtoisie, Macachín, Circe Maia, Eduardo Nogareda) y músicos (Asamblea Ordinaria, Numa Moraes, Fredy Pérez), todos grabados especialmente para este recital. También se utilizan filmaciones de directores uruguayos (Walter Tournier, Eloy Yerle), se escuchan las voces de protagonistas políticos (Luisa Cuesta, Héctor Gutiérrez Ruiz, Zelmar Michelini, Rubén Castillo, José Nino Gavazzo) y fragmentos grabados de canciones de autores uruguayos (Eduardo Darnauchans, Jorge Lazaroff, Herman Klang, Luis Trochón, Fernando Cabrera, entre otros).

Algunos aspectos a destacar, desde el impacto personal: Hay una proyección que está desde el inicio (la ventana de una casa, con el viento moviendo la cortina) que se va modificando, incluso rompiendo en cierto momento. La sorpresa la encontramos ya en la primera interpretación en la apertura del espectáculo, que a los más veteranos casi nos descoloca. Luego cada interpretación tiene un “detalle”, algo nuevo y siempre sorprendente para el espectador, como cuando un teléfono suena en la sala y Ruben Olivera lo atiende. Sí, eso es parte del espectáculo. También la intervención de voces grabadas, la “presencia” de otros cantantes, incluso de quienes ya no están entre nosotros, que comparten el escenario y cantan junto al artista de un modo muy bien ensamblado. Sin descontar momentos muy fuertes emocionalmente, pues el afecto sin duda es parte fundamental de la memoria, y los recuerdos al proyectarse provocan a su vez nuevas emociones.

Finalmente un detalle más del espectáculo para una mirada de fe. Ruben Olivera se descalza, permanece todo el tiempo descalzo. Quizá por aquello que aprendimos en la Biblia del encuentro de Moisés con Dios, cuando lo convoca desde la zarza ardiente: para pisar la tierra sagrada hay que quitarse los zapatos y pisar con delicadeza, pidiendo permiso. La historia de nuestros pueblos, su vida toda, con sus muertes y sus partos, así como asomarse a la memoria de la misma, requiere descalzarse, porque es tierra sagrada.