Presentación del libro El Sacerdocio, entre la profesión y la vocación
Un análisis sociológico sobre el clero

POR La Redacción Leyendo y webeando Sin comentarios

El jueves 26 de setiembre, en OBSUR, tuvo lugar la presentación del libro El Sacerdocio, entre la profesión y la vocación, del sociólogo Pablo Guerra, ante una numerosa e interesada concurrencia. Se trata del fruto de la investigación realizada junto a los alumnos de la Licenciatura de Relaciones Laborales de la UDELAR.

En primer lugar Mercedes Clara dio la bienvenida a la casa e introdujo el encuentro, señalando la importancia para la Iglesia y para la sociedad de este tipo de investigaciones que buscan profundizar la mirada de la realidad.

A continuación la Dra. Cristina Mangarelli, Coordinadora de la Licenciatura en Relaciones Laborales de la Facultad de Ciencias Sociales, hizo un breve señalamiento sobre el porqué en el ámbito académico de la Universidad de la República se dio cabida a esta investigación por parte de Pablo Guerra y sus estudiantes, haciendo hincapié en la figura laboral de los sacerdotes que no siempre está bien dibujada y reconocida legalmente.

Luego siguió el P. Eduardo Ojeda en nombre de UMBRALES, responsable de la publicación. Subrayó la labor pastoral y la vocación de los sacerdotes, a través de muchos y coloridos ejemplos, partiendo de su propia experiencia en diversas parroquias y barrios de Montevideo.

A continuación el P. Luis Fariello fue el responsable del análisis del libro, tarea que asumió como amigo personal de Pablo Guerra, pero además en su calidad de Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional del Clero (parte de esa presentación les entregamos en esta reseña, agradeciéndole que nos haya pasado su trabajo)

Finalmente el autor, Pablo Guerra, cerró la presentación planteando los motivos de la investigación, la metodología utilizada, las dificultades y las satisfacciones de la misma. Luego destacó lo que a él personalmente le llamó la atención como “descubrimientos” de la investigación, como el muy alto porcentaje de sacerdotes que se declaran felices con su vida y opción, pese a que a la vez reconocen las dificultades, entre ellas la soledad. También señaló lo exiguo de la retribución que en general reciben (menos que un salario mínimo), que no parece sin embargo afectar su buen espíritu.

Los participantes disfrutamos de la presentación y del entusiasmo del autor, a quien agradecemos vivamente este riguroso trabajo académico y su difusión pública con este libro.

 

Algunas afirmaciones de Luis Fariello

Los curas, aunque no lo parezca, somos también gente, me remito al comentario de uno en una de las entrevistas que leí. Y por lo tanto no podemos ser muy diferentes al resto de los mortales. Eso sí, tenemos nuestras particularidades, fruto de nuestra formación, del ambiente donde desarrollamos nuestra misión y de pertenecer a una Iglesia que lleva 2.000 años plantada sobre este planeta. Sin olvidarnos de nuestros orígenes, nuestras familias y amistades y de nuestras prácticas religiosas personales.

Por eso la vastedad de opiniones y respuestas leídas en este trabajo, y como se ve bien hay casi tantas miradas como curas entrevistados. Entiendo que la sociología busque respuestas que tiendan a explicar los fenómenos humanos, pero creo que querer entender cómo somos los curas, qué pensamos, cómo vivimos, etc. es un trabajo muy arduo y siempre será incompleto, en la medida que somos a veces bien difíciles para abrirnos a los demás…

Hay valoraciones que por lo mismo son siempre subjetivas, y hay hechos objetivos que se distorsionan o se olvidan. Recuerdo un hecho en particular, las respuestas a la formación en la afectividad o la sexualidad que muchos dicen no haber recibido, en el mismo período y seminario en el cual fuimos contemporáneos y yo afirmo, sí recibimos. Dicho esto, quiero referirme a la profesionalidad y calidad del trabajo del Dr. Guerra y sus alumnos, y a lo apasionante del cuestionario y de su presentación en este libro.

Si tomamos el índice vemos una división en dos partes, la primera más referida a investigaciones sobre el sacerdocio católico y de otras denominaciones cristianas, otra sobre la Iglesia en el Uruguay, de qué vivimos los curas, cómo se explicitan nuestros votos o promesas y una visión del sacerdocio en América Latina. La segunda atiende a los factores más propios del sacerdocio, como el llamado vocacional, la diferencia entre vocación y profesión, la mirada de los curas sobre algunos temas polémicos en la Iglesia y la sociedad y los rasgos más referidos al ambiente y la calidad laboral.

No se puede desconocer ni desvalorizar el “llamado”, esto es la vocación sin la cual cae el resto de los supuestos. Todos nosotros en algún momento, como surge  de muchas de las entrevistas, recibimos un llamado peculiar, muchas veces a través de un largo y por qué no tortuoso proceso, y otros por un signo que creyeron evidente, pero todos entendemos la vocación como un “mandato divino”, en la línea de cualquier otra vocación verdadera, llamados a ser felices; por ello no me llamó la atención en lo absoluto que un 96% de los curas nos manifestáramos felices con nuestra vocación y nuestra vida.

Ciertamente vivimos una época de muchos cambios y rupturas con el pasado, a la postmodernidad, la sigue la post postmodernidad, pero todo es muy vertiginoso tanto que nos puede marear y de hecho lo hace, y a veces nos deja mal parados. Pero no creo para nada que el ministerio sacerdotal vaya a desaparecer ni mucho menos, pienso más bien lo contrario, esta es una bendita crisis de crecimiento con una gran oportunidad para reconsiderar muchas cosas, entre ellas y yo creo que es la de mayor importancia, cómo vemos, vivimos y proponemos una nueva forma de hacer pastoral en la Iglesia, donde los curas resignifiquen su ministerio y todo el Pueblo de Dios del cual somos parte se lea verdaderamente a la luz de la Lumen Gentium. La dimensión pastoral es la gran cuestión…

Conozco lo suficiente a los curas en el Uruguay para decir de ellos que, en su gran mayoría, son abnegados trabajadores del Reino, cercanos y buenos, que si no hacen más es porque no pueden o no saben, pero no por otro motivo. No se me oculta que muchos de nosotros si no todos hemos “metido la pata” más de una vez, sobretodo afectando a nuestras comunidades que es lo más triste, pero también celebro y agradezco a Dios, la generosidad de mis hermanos, de hoy y de ayer. Mi orgullo está en mi Iglesia Arquidiocesana, la que desde Jacinto Vera en adelante nos ha dado hermosos testimonios de vida santa en el clero, entregados en su cuerpo y espíritu hasta dar la vida. Podemos poner en el corazón aquellos que seguramente conocimos y conocemos también hoy.

Esto también se posibilita como dicen muchos en las entrevistas, por las comunidades cristianas sin las cuales no somos nada y nuestro ministerio no tiene ningún sentido. El Pueblo Santo y Fiel, ese pueblo de Dios sufrido y perseverante, capaz de sobreponerse a tantas adversidades y de hacer el “aguante” aún en nuestras infidelidades, no para aplaudirnos pero sí para sostener a la Iglesia más allá de su pecado.

Entre otras realidades y lecturas este humilde comentario busca hacer un aporte desde el lugar de la experiencia de 25 años de ministerio, dentro de los cuales no podría entenderme sin ambas realidades que acabo de expresar, el pueblo y los curas.

 

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