SUPERAR REALIDADES DE POBREZA: Una batalla cultural contra la segmentación y la indiferencia

POR Adrián Arias Centrales Sin comentarios

La realidad de la pobreza en el Uruguay y en la región ha dado, en términos cuantitativos, un salto extraordinario en su reducción. Sin embargo, los niveles de exclusión, segmentación y desintegración del tejido social se perciben cada vez más profundos. Ante esto podemos preguntarnos si los caminos que hemos recorrido para la superación de la pobreza material han tenido su correlato en el desarrollo de ciudadanía plena.

Este escenario nos invita a plantear nuevamente las preguntas sobre las políticas sociales y sus efectos: ¿estas políticas, en qué medida desarrollan autonomía?  ¿Qué horizontes de sentido abren? ¿Qué impacto en la dignidad de la persona provocan?

Recorriendo estas cuestiones encontramos enfoques como los desarrollados en el trabajo Preferencias adaptativas: entre deseos, frustración y logros[1] para quienes en definitiva, hablar de pobreza es hablar de una situación donde no se puede hacer efectiva la libertad de una persona para vivir la vida que desea. Amartya Sen[2] plantea en este sentido que “el enriquecimiento de la vida humana se manifiesta en una ampliación de las oportunidades para contar con la posibilidad de elegir entre la mayor cantidad de vidas a seguir”.

Desde esta perspectiva aparece una línea de pensamiento que vincula a la superación de la pobreza con la medida en que se desarrolla la capacidad de una autonomía de las personas que haga efectivo el uso de su libertad.

En definitiva, este ejercicio de la libertad es la cuestión en juego. Una libertad que tiene que ver con la posibilidad de desarrollar la razón, pero también todo el entramado emocional que da sentido a la existencia. Resulta interesante citar el enfoque de Leonardo Boff con respecto a esto:

“La razón -y esto la misma filosofía lo reconoce- no es ni el primero ni el último momento de la existencia. Por eso no explica todo ni abarca todo. (…)  Por lo tanto, la experiencia de base no es «pienso, luego existo», sino «siento, luego existo». En la raíz de todo no está la razón («logos»), sino la pasión («pathos»), que se expresa por la sensibilidad y por el afecto. De ahí el esfuerzo actual para rescatar la razón sensible y cordial (Meffesoli, Cortina). Para este tipo de razón captamos el carácter precioso de los seres humanos, lo que los hace dignos de ser deseables. Desde el corazón y no desde la cabeza, vivenciamos los valores. Por los valores nos movemos y somos. En último término, está el amor que es la fuerza más grande del universo y el nombre propio de Dios”[3].

 

Desde la visión de autonomía y libertad

¿Cuáles son las capacidades que configuran la autonomía? ¿Cuáles ponen en juego la libertad? Martha Craven Nussbaum[4] es una filósofa estadounidense que propone entender la autonomía y la libertad de las personas a partir de ciertas capacidades.

Las diez capacidades que enuncia son:

  1. Vida. Ser capaz de vivir una vida completa, no morir prematuramente.
  2. Salud. Ser capaz de tener buena salud, incluso salud reproductiva; ser capaz de estar bien alimentado, ser capaz de tener adecuada vivienda.
  3. Integridad física. Ser capaz de moverse libremente, de estar seguro ante ataques de otros, incluyendo violencia sexual en adultos y niños, y violencia doméstica; ser capaz de tener oportunidades de satisfacción sexual.
  4. Sentidos, imaginación y pensamiento. Ser capaz de usar los sentidos, ser capaz de imaginar, de pensar y de usar la razón. Todo esto en una forma “verdaderamente humana”, es decir, cultivada e informada por una adecuada educación que no se reduzca a la alfabetización y al entrenamiento matemático y científico básico. Ser capaz de usar la imaginación y el pensamiento en conexión con la experimentación y la producción de obras de expresión propia y eventos de propia elección (religiosos, literarios, musicales, etc.). Ser capaz de buscar un significado al sentido de la vida.
  5. Emociones. Ser capaz de experimentar apego a cosas y personas fuera de nosotros mismos; en general, amar, llorar la muerte de alguien, extrañar y sentir gratitud.
  6. Razonamiento práctico. Ser capaz de formar una concepción del bien y reflexionar críticamente acerca de la planificación de nuestra vida.
  7. Afiliación. Ser capaz de vivir por y con otros, de reconocer y mostrar consideración por otros seres humanos, de tomar parte en interacciones sociales y familiares. Ser capaz de imaginar la situación del otro y tener compasión por tal situación. Tener la capacidad para la justicia y la amistad. Tener las bases sociales del auto respeto; ser capaz de ser tratado como un ser digno cuyo valor es igual al de los otros.
  8. Otras especies. Ser capaz de sentir consideración en relación con los animales, plantas y la naturaleza.
  9. Ser capaz de participar efectivamente en las elecciones que gobiernan nuestra propia vida.
  10. Ser capaz de tener propiedades no sólo formalmente, sino en términos de oportunidades reales; tener derechos de propiedad bajo iguales bases que otros; tener el derecho a buscar empleo bajo iguales bases que otros.

Esta visión compleja de la persona y sus relaciones nos plantea la búsqueda de una respuesta a la situación de pobreza que desafíe a la diversidad de los mundos de la vida, las familias y las comunidades excluidas.

Cabe entonces preguntarnos: ¿La sola transferencia de subsidios, el acceso a experiencias de programas sociales de empleo, otorgar una vivienda o tener un sistema de salud digno, por si solos alcanza? ¿Es necesario afectar la subjetividad de la persona; la visión de sí misma y el mundo; ampliar su universo de sentido y proyecto de vida? ¿A quiénes atañe este proceso?

Gustavo Gutiérrez plantea en uno de sus escritos: “Uno de los más grandes peligros del momento es acostumbrarnos a la situación, sobresaltarnos cuando surgen a la luz pública los acontecimientos más crueles y aceptar después lo que sucede como parte de una triste normalidad, pensando que nada es posible hacer. A esto se añade el riesgo de una tentación: considerar que el asunto no nos atañe directamente, asistir entonces pasivamente a lo que puede ser el más grande desgarramiento…”[5]

 

Preguntándonos desde nuestro ser Iglesia

Estas preguntas que nos convocan a ampliar la visión sobre el complejo entramado que constituyen las realidades de injusticia y exclusión, se entrelazan con perspectivas teológicas pastorales de promoción de la vida humana y de las comunidades de varios pensadores / profetas de nuestra Iglesia Latinoamericana.

Citando algunos textos del Padre Isidro Alonso encontramos pistas sumamente interesantes sobre cómo vincular el desarrollo de la autonomía y  la libertad con el trabajo junto a personas en situación de pobreza: “Nuestro país ha practicado un ateísmo sobre las personas -dijo un día en un programa de televisión- Ahora resurge el creer en el otro como valor en sí, como persona, como ser capaz de hacer resurgir la vida”.

Su poder estaba para despertar el poder de los demás. Los vecinos atestiguan: “No nos inculcaba la religión, si no le preguntabas ni te enterabas que era cura”. “Nos quería como éramos, no como deberíamos ser”. “Aceptaba a todos, desde una prostituta hasta un ladrón”. “Nos hizo sentir que podíamos”. “Respetaba nuestras decisiones y nuestros tiempos”. “Confiaba en que podíamos cambiar”. “Se rompía todo por nosotros”. Con un discurso simple, de palabras justas y gestos precisos, les hizo sentir que la pobreza no invalida la capacidad de ser, de crecer y de crear.

 “Para él, el ser humano perdido no existía -dice el p. Juan José Mosca- Daba esperanza, siempre tenía una palabra de ánimo, una palabra donde el otro se sentía recuperado, mirado de otra manera”[6].

A diez años de su muerte, una procesión de vecinos acompañó desde el Cementerio del Norte hacia la Parroquia de Possolo nuevamente al Padre Cacho. Un vecino en nombre de las comunidades leía ese día: “Gracias Cacho, porque creíste en nosotros, porque nos devolviste la dignidad y la esperanza, porque nos hiciste mirarnos y reconocernos como personas con capacidades y con derechos”.

¿Cuáles son entonces esos caminos hacia la autonomía, hacia la promoción de la persona humana?  Ineludiblemente, no existe posibilidad de transformar las realidades de pobreza sin una liberación en clave del Evangelio de todo aquello que nos impide ver al otro como persona y reconocernos como hijos de un mismo padre, hermanos en dignidad y respeto.

La superación de la pobreza será en la medida que sea dada una batalla cultural contra la segmentación, el miedo y la indiferencia. Quienes trabajamos en los barrios excluidos hemos observado con alegría el crecimiento del empleo, el acceso a nuevas posibilidades  de vivienda, la mejora en la salud y sobretodo la cotidiana mejora de la resolución en la alimentación diaria. Sin embargo, más allá de los enormes esfuerzos y de la multiplicidad de recursos y programas desplegados, existe una constatación que permanece y se profundiza: ellos y nosotros.

Como sociedad tenemos un enorme desafío al que no podemos dar la espalda. O buscamos caminos de encuentro, integración efectiva y tejemos vínculos de identidad y confianza colectiva o la segmentación residencial, educativa, laboral y cultural se seguirá consolidando.

Es por esto que preguntarnos sobre estas cosas es imprescindible. La comunidad católica debe ser lugar de encuentro y liberación. Ahora, para esto debe dejar de lado la obsesión por el mantenimiento de sí misma y animarse a la intemperie de anunciar simple, claro y de manera encarnada su Misión: transmitir la “Alegría del Evangelio”.

Somos en la Historia y debemos recorrer los caminos que la hagan más humana: “Concebir la historia como un proceso de liberación humana es percibir la libertad como conquista histórica; es comprender que el paso de una libertad abstracta a una libertad real no se realiza sin lucha -con escollos, posibilidades de extravío y tentaciones de evasión contra todo lo que oprime al ser humano-. Esto implica no sólo mejores condiciones de vida, un cambio radical de estructuras, una revolución social, sino mucho más: la creación continua y siempre inacabada de una nueva manera de ser hombre, una revolución cultural permanente”[7].

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[1] Andrea Vigorito y otros. (2011). Preferencias adaptativas: Entre deseos y frustraciones. Montevideo: Ed. Fin de Siglo.

[2] Sen, A. (1997). “El bienestar, la condición de ser agente y la libertad”, en Preferencias Adaptativas: Entre deseos y frustraciones. Ed. Fin de Siglo.

[3] Boff, Leonardo. (2013).  Etica para el calentamiento global.  Recuperado de http://www.servicioskoinonia.org

[4] Nussbaum, M. (2000).  “Women and Human Development. The Capabilities Approach. Cambridge University Press. Cambriddge”, en Preferencias Adaptativas: Entre deseos y frustraciones.

[5] Gutiérrez, Gustavo (1986): Aún es tiempo. La República, 25 de junio de 1986.

[6] Clara, Mercedes. (2007). Padre Cacho: El Cristo del carro. Boletín Salesiano Nº  7. Montevideo.

[7] Gutiérrez, Gustavo. (1986). Aún es tiempo. La República, 25 de junio de 1986.