“Tejer la vida y la teología desde Dios y desde abajo”
Encuentro-taller de coordinadores de Amerindia

POR Ximena Méndez Coordinadora de Amerindia Uruguay Hechos y dichos Sin comentarios

Entre el 11 y el 13 de octubre en Bogotá, Colombia, tuvo lugar el encuentro-taller de coordinadores de Amerindia. Este encuentro se realiza cada tres años y es una instancia privilegiada para intercambiar, analizar, establecer acuerdos y proyectar el camino de Amerindia Continental.

Ver, juzgar y actuar

Fueron tres días de trabajo en donde se empleó la metodología utilizada a partir de la Conferencia Episcopal de Medellín (1968), patrimonio de la Teología Latinoamericana. Amerindia atesora, valora y cultiva este método como camino para el discernimiento: ver, juzgar y actuar. Esta es la clave para interpretar los signos de los tiempos y reflexionar sobre la realidad de nuestros pueblos, en especial las estructuras y dinámicas que llevan al empobrecimiento y a la deshumanización.

En el encuentro participamos cuarenta personas de dieciocho países. El primer día trabajamos en cuatro sub grupos divididos por regiones: Centroamérica y Caribe, México y USA, Países Andinos y Cono Sur.

Más allá de las singularidades de cada región y país, pudimos ver una percepción y análisis común, en relación a la crisis del modelo democrático, al sistema dominante capitalista, al aumento de la violencia, a la poca consonancia de los episcopados con el papa. Ejemplo de ello: el reciente impachement en Brasil, vinculado a lo que pasó en Paraguay con Lugo hace unos años, siguiendo con Zelaya en Honduras.

Compartimos asimismo otras inquietudes: que los ricos son más ricos, la brecha aumenta. El aumento de empleos más humillantes e inseguros. El narcotráfico incide fuertemente en la economía de algunos países. Aumento del tráfico y la trata de personas. La gente está cansada, ganándose el pan de cada día, le queda poco tiempo para juntarse y buscar alternativas. No se ven grandes avances en lo que tiene que ver con derechos humanos, economía solidaria, ecología. Manifestaciones populares, que expresan enojo y rabia.

Y veíamos a las Iglesias locales que se expresan más en lo que tiene que ver por temas moralistas, dejando de lado otro temas como los refugiados, migración, enfermos, pobreza.

Aún así, en este contexto, se ven “luciérnagas”, algunas de ellas son dignas de relevar:

Este año se celebraron los cincuenta años de las Comunidades Eclesiales de Base. Decían: “Nos golpearon 30 años, pero seguimos”. Comunidades que pusieron y ponen en práctica el Concilio Vaticano II, que viven una espiritualidad encarnada y ponen en diálogo los saberes en una construcción colectiva y comunitaria.

Los/as ciudadanos/as dejan de creer en el sistema y se movilizan, expresando la crítica al sistema neoliberal, surgen nuevos movimientos sociales con una lógica horizontal, con la necesidad de articularse y de luchar en lo cotidiano. Se nota mayor participación de las mujeres reclamando, autonomía económica, espiritual, afectiva. Creando formas creativas en contra de distintas dinámicas de violencia.

El diaconado permanente de los indígenas de Chiapas. Hoy hay 400 diáconos y 9000 catequistas en 2500 comunidades, con formación bíblica seria, servicio gratuito, significando el caudal se su propia cultura. Gran impulsor de estos procesos fue Don Samuel Ruiz, Tatic Samuel, Obispo de Chiapas por más de 50 años. Don Samuel estuvo en el Concilio Vaticano II y en el pacto de las catacumbas.

Otra lucecita de esperanza destacada fue sumak- kawsay, el buen vivir. Cosmovisión indígena donde viven y promueven la vida en armonía y equilibrio. El centro de la vida es la vida, todo lo que respira, tierra, plantas, animales, donde cada uno tiene que mantener su especificidad para entrar en diálogo, es un sistema dialectico en reciprocidad dar-recibir.

¿Cómo recrear la mística de las Conferencias Episcopales y la Teología Latinoamericana hoy?

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Amerindia es hija del recorrer de la historia, donde hubo y hay distintos desafíos. La Iglesia de América Latina se sentía pobre, en falta, con carencias y complejos; luego del Concilio Vaticano II surgía una posibilidad. La Conferencia Episcopal de Medellín 1968 asume una Iglesia con los pobres y desde los pobres, no viendo en ello un problema sino un valor. En 1979 la Conferencia Episcopal de Puebla dejó algunos teólogos que participaron en Medellín excluidos, con la amenaza de hacer olvidar algunos aspectos elaborados en Medellín. Igualmente muchos de estos teólogos se encontraban cerca de la Conferencia y fueron consultados y tenidos en cuenta por algunos obispos. Fue una inmensa riqueza contar con la presencia y acompañamiento lúcido en nuestro Encuentro de Cecilio De Lora y Pablo Richard quienes estuvieron en Puebla.

En el encuentro-taller vimos nuestro caminar de casi 50 años, volvimos a ratificar la vigencia de la Teología de la Liberación, siendo ésta clave de interpretación en el ver, juzgar y actuar de la realidad. Asumimos el evangelio y el proyecto de Jesús como elementos fundamentes en la construcción de espacios de libertad.

Nos propusimos seguir participando y articulando con distintas organizaciones de la sociedad, que promuevan la transformación de estructuras sociales y eclesiales poniéndolas al servicio de los más pobres, como los movimientos sociales y las Comunidades Eclesiales de Base. Hoy estamos en otro contexto en Iglesia Universal, con un papa que se preocupa por los problemas sociales, por la ecología, por el diálogo interreligioso. Hay una mayor sintonía con el caminar de Amerindia, y este colectivo encuentra entonces hoy mayor consonancia y estímulo para seguir -fiel a su historia- interviniendo en estos procesos.

Desafíos que involucran a toda la iglesia como comunidad y a cada uno de nosotros/as, cristianos y cristianas, ya que seguir a Jesús implica encarnar opciones lúcidas y sensibles que sumen a la transformación de situaciones injustas e inhumanas. Esta pregunta, ¿cómo recrear esa mística de las Conferencias y la Teología Latinoamericana?, pone en juego nuestra capacidad de mirar más hondo, de atravesar generalizaciones y estereotipos, de animarnos a cambiar formas caducas, a repensar caminos y estructuras, a recrear espacios. Volver al Espíritu que nos anima, al proyecto que nos convoca, al centro mismo del mensaje de Jesús.