“Bajó a los barrios y se hizo vecino”
Aniversario de la Parroquia de Possolo

¡Qué bueno es Dios!, que como dice el Padre Cacho, “bajó a los barrios y se hizo vecino” (poesía de Navidad). Pido prestadas estas palabras a Cacho para referirlas a esta comunidad. En nuestra comunidad, Dios se hizo vecino para nuestro barrio.

Nuestra parroquia se creó el 12 de junio de 1938, a partir de una capilla del Santuario del Cerrito, en respuesta a la demanda a los inmigrantes italianos que querían tener su sede de culto en la zona. La capilla (de 1932) estaba dedicada a Nuestra Señora del Santísimo Sacramento cuya imagen, una hermosísima talla en madera, preside nuestro templo. El crecimiento de la zona trajo como consecuencia la necesidad de crear la parroquia, que quedó bajo el pastoreo de los pujantes misioneros de los Sagrados Corazones, de los cuales seguramente el más “famoso” es el P. Tuccilo, por la gran obra que hizo en Piedras Blancas, comunidad que surgió desde Possolo. Por eso, nuestra parroquia puede decirse “madre” de otras comunidades. El crecimiento de la comunidad de Piedras Blancas llevó a los misioneros a entregar la parroquia al Clero de Montevideo en el año 1950.

Con la llegada de Mons. Parteli a Montevideo, comenzó una etapa de cambio, asumiendo como párroco Antonio Ramírez junto a Paco Berdiñas. Estos grandes sacerdotes junto a sus sucesores convirtieron nuestra parroquia en referencia para la Diócesis a nivel de compromiso social. Nuestra comunidad estaba constituida por muchos movimientos inspirados en el Vaticano II, y que venían “al pelo” de un barrio obrero por un lado, y profundamente carenciado por otro.

Durante la Dictadura, mucha gente del barrio y de la comunidad parroquial sufre allanamientos, detenciones arbitrarias; otros se tienen que ir del país con todas las consecuencias traumáticas para sus familias y dejando atrás lo poco que tenían. En pocos meses veinte matrimonios jóvenes integrados a grupos de la parroquia se tienen que ir del país. Nuestra sede es allanada varias veces por las Fuerzas Conjuntas. A pesar de eso, la parroquia es “santuario” de libertad en esos años tan oscuros.

Al volver la democracia, la comunidad fue acompañando los distintos tiempos del barrio y el país.

Lo que queremos decir es que, nuestra comunidad tiene una vocación. Nació como respuesta de Dios al clamor de la parte de su Pueblo que vivía en esta zona. Es una comunidad que conserva en su interior el llamado a atender una y otra vez a este clamor; y es en este sentido, que podemos ver al Padre Cacho como un regalo de Dios para nuestra parroquia. Nadie como él, supo escuchar esa voz que “le quema adentro”, la voz de los pobres de nuestra zona.

Sin embargo, relatar esta historia no pretende ser un resumen de acontecimientos pasados, sino que, por el contrario, se trata de “volver a pasar por el corazón” estos acontecimientos y personas “fundantes”, para sentirnos sanamente orgullosos de la herencia que recibimos, e interpelados por la responsabilidad de que esta rica historia la seguimos construyendo nosotros.

Por este motivo, en la celebración leímos el fragmento de los Hechos de los Apóstoles (2,41-47), donde se nos describen las características de la primera comunidad cristiana, referencia obligatoria para quienes queremos construir comunidad según las enseñanzas de Jesús. En aquella comunidad “vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el Templo con entusiasmo, partían el pan en sus casas y compartían sus comidas con alegría y con gran sencillez de corazón. Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo…” No obstante, sabemos, al continuar la lectura de este libro, que aquella comunidad también tenía sus defectos, porque si bien está habitada por el Espíritu, está constituida por personas frágiles, con defectos y virtudes, pero que Dios ama y acepta, porque como leímos en el salmo: “el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas las criaturas”. Inspirados en estos textos, soñamos con crecer como comunidad en esas características ideales de la Iglesia primitiva, pero sabiéndonos amados y aceptados tal como somos, e invitados a aceptar a los demás con sus defectos y virtudes, a ejemplo de Aquél que “es cariñoso con todas sus criaturas”.

San Pablo, en el hermoso himno de la Carta a los Filipenses (2,5-11), nos da la clave para iluminar nuestro camino: “tengan los mismos sentimientos de Cristo”. Invito a que cada uno, haga un examen de los sentimientos que expresa en la comunidad, y vea si son “los mismos sentimientos de Cristo”. La expresión de Pablo es tan contundente que no necesita más explicación. Además, este himno lo veo traducido en aquellas palabras de Cacho: “Dios se hizo vecino”; en palabras de Pablo: “no hizo alarde de su categoría de Dios… se hizo nada… se hizo uno de nosotros… rebajándose incluso hasta la muerte, y muerte de Cruz”. Si Cristo no hizo alarde de su categoría de Dios, quién soy yo para sentirme mejor que los demás. En la Cruz, Jesús asumió toda nuestra oscuridad, todo nuestro dolor, nuestra violencia, nuestra muerte; en la Cruz Jesús “tocó el fondo” de nuestra humanidad, y con su amor lo redimió. “Por eso, Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble… y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”. Con su Resurrección nos mostró el horizonte hacia el que caminamos, y nos regaló una fuente inagotable de esperanza, que Cacho supo expresar con la frase: “¡Coraje! Jesús venció, ni el pecado ni la muerte tienen la última palabra”.

“Dios se hizo vecino”: es lo que también leímos en el fragmento del evangelio de Mateo (25,31-40). Por amor, Jesús eligió identificarse con cada uno de nuestros hermanos y hermanas, en especial en los que más sufren. Una vez más tomamos contacto con la vocación de nuestra comunidad. Hoy, Jesús está entre nosotros, con hambre, sed, frío, está enfermo, solo o preso; hoy espera de nosotros que lo sirvamos en nuestros hermanos. La solidaridad a la que estamos llamados, no es cuestión de ideología, ni de partidos políticos, es evangelio puro.

Por todo esto damos gracias a Dios; por regalarnos ser herederos de esta rica historia, y por impulsarnos hoy a escribir los nuevos “capítulos” con nuestros propios puños y letras; le pedimos, por intercesión de María, que seamos fieles a su llamado, para que también hoy, a través de nosotros, los hermanos y hermanas de nuestro barrio sientan que “Dios bajó a los barrios y se hizo vecino”.

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