Tracción a sangre
La realidad de los clasificadores montevideanos

Tracción a sangre es un largometraje uruguayo dirigido por Sofía Betarte. Cuenta la historia de dos familias de clasificadores de residuos de Montevideo, que se enfrentan a la requisa del caballo, perdiendo así su herramienta de trabajo, y desnudando una realidad de profunda desigualdad con la que convivimos a diario los uruguayos.

“La película nace de mi interés en sensibilizar al espectador sobre las temáticas que atañen a los clasificadores de residuos en general y a través de las historias particulares de los protagonistas, mostrar un drama universal de cómo el ser humano se enfrenta a las adversidades y al vacío y soledad frente al sistema judicial”, afirma la autora, que logra meterse en la piel de los clasificadores para contar, desde ellos, una experiencia de lucha y dignidad.

Sofía Betarte, con este documental, logra conmovernos, movernos de lugar. Nos permite un lugar privilegiado para conocer otros rincones de la realidad que nos amplían la mirada y nos acercan a una verdad. Y esto tiene que ver con la austeridad con que está hecho. Es posible conectar con esa realidad en primera persona, porque la autora es el ojo que mira, que acompaña el suceder de los hechos, y escucha la vida que se cuenta en esas narraciones espontáneas que los clasificadores quieren compartir. Casi sin recursos sonoros y una filmación sin despilegues, son los protagonistas quienes tejen la historia.

A través de Tracción a sangre, recorremos el paisaje montevideano en sus distancias, fracturas y olvidos. Atravesamos la frontera que nos separa de los barrios donde viven los protagonistas, entramos a la intimidad de los hogares, nos sentamos a su mesa, nos preocupamos con sus preocupaciones, y sufrimos las condiciones de precariedad en las que transcurren sus vidas. Admiramos su fortaleza. Nos conmovemos con gestos de solidaridad, de ternura, de optimismo. Aprendemos sobre la resiliencia, sobre esa capacidad de rearmarse en la vida, más allá de las situaciones que nos toquen vivir. Y en medio de ese caudal de emociones que se suceden mientras nuestros ojos penetran la pantalla, se eleva la indignación. Indignación ante las sucesivas faltas de cuidado, de protección, de respeto por la dignidad humana.

 

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